¿Cómo empezar una frase ingeniosa o que deje reflexionando al lector y que nos considere inteligente?: con sinceridad. Yo no quiero eso en este cuento (y en ninguno de los que he escrito), no quiero ser inteligente y solitario; quiero ser un estúpido amado, querido, reconocido por mis actos más que por palabras y pseudo poesía emocional. “Sólo los idiotas tienen la capacidad de amar” me dije a mí mismo luego de ver Los Idiotas de Lars Von Trier, pero ahora que escribo esto, corrijo eso y me convenzo a mi mismo que “Sólo los idiotas tienen la capacidad de amar y no sentirse queridos”. Mi idea no es afirmar algo que creemos que existe, todo se basa en como el sistema nervioso de cada uno responde a situaciones, hay de muchas maneras; yo personalmente soy implosivo. No quiero decir una verdad ni mentirles para agradar o pretender ser un tipo interesante, sólo quiero contar una experiencia que me ocurrió esta mañana-tarde, ustedes ven si la digieren o no. Lo que no hablo lo escribo, y siento la necesidad de escribir esto. Y por último, uno no es lo que lee, ni lo que escribe - eso sólo está en lo racional - sino que en sus actos e impulsos, lo que nos dicta el corazón.
RARO
(The Truman Show)
La gran mayoría de la gente bondadosa, buena voluntad y amable es alimentada con rechazos, tragedias familiares y maltrato físico. ¿Será injusticia del que creemos que existe?, ¿porqué uno mira al cielo pensando en que alguien nos escucha?. Son las cinco de la mañana, todo está oscuro y vacío en las calles de Vicuña Mackena. Con la vista perdida se encuentra David con su madre y su tía, parados esperando alguna micro que los deje en Plaza Italia, no pasa ninguna.
-Tómemos este taxi que viene aquí – propone la madre de David.
Al subirse, David saca su personal de su bolsillo izquierdo y sintoniza la 88.1, radio imagina, suena algún bolero, mira las calles oscuras, el cemento tornado color anaranjado debido a los faroles, las escasas ventanas con la luz prendida. No aguanta el cansancio y cierra los ojos con la música prendida. Su madre lo despierta, la música sigue sonando en sus oídos, abre los ojos y se de cuenta que es hora de bajar. Se siente el frío, mira el reloj con luces de neón de la torre a su derecha, caminan por donde doblan las micros que vienen de Estación central. Un auto rojo se detiene de repente: es la compañera de David. Se despide de su madre y su tía, se sube al auto.
-Estuve dando vueltas harto rato, por si es que perdías.
-Recién llegué, me tuve que venir en taxi, no pasaba ninguna micro.
-¿Pasaste de largo?
-Si... ¿porqué?
-Se te nota en la cara...¿estabai tomando?
-Si, pero no tomé mucho... como 5 vasos de ron, después me duché y ahora estoy acá.
-Piola.
-¿Puedo cambiar la música porfa?
-Obvio.
Sintoniza la 88.5, David mira las líneas blancas de la carretera, se acuerda de Lost Highway, con la diferencia que en esa película son amarillas. El auto se estaciona en perfil de una casa con la luz encendida ubicada en Jesuitas, donde otra compañera tiene que subirse.
-Parece que están de carrete – dice Francisca.
De la puerta sale una pareja, algo borracha, hablando en voz alta. Francisca saca un cigarro, David le pide uno, lo enciende y abre la ventana. La persona a quien esperaban sale algo despeinada y se acerca al auto, se trata de Winifrede: directora del cortometraje que están realizando para la universidad. El auto parte su recorrido, David sigue mirando la carretera, las casa, pensando en alguna taza de café que anestesie sus ojeras. Llegan a alturas de estación Alcántara, el auto dobla a su izquierda y se estaciona frente a un condominio cuyo número no recuerdo. Se bajan y toman el ascensor, para llegar al piso número 2. Francisca toca la puerta y Juan Carlos (otro integrante del grupo) se asoma despeinado y con ojeras.
-Chuuucha, me quedé dormido.
Toman asiento, Winifrede saca un cigarro, David le pide uno. Se siente sonar la ducha, Francisca se acuesta en el sillón. Winifrede saca su celular y comienza a llamar a los demás integrantes que faltan. Al no obtener respuesta concreta se va a acostar a la cama del dueño del departamento. Francisca se levanta, va a la cocina y luego se va a la misma cama donde fue a descansar Winifrede. A este gesto, David se va a acostar al sillón rojo con almohadas verdes y amarillas. Juan Carlos se encuentra de pie.
-¿No querí un café?
-¿Tení?
-Si po, yo te hago uno.
-Dale.
Cierra los ojos nuevamente, se tapa su rostro con una almohada verde. Abre los ojos al escuchar que Juan Carlos le entrega una taza con esa agridulce droga que David es adicto y comienza a absorberla mientras mira el cielo a su izquierda.
-Oye Juanca, ¿puedo usar tu cama un rato hueón?
-Dale.
Se dirige a la cama que está sin hacer, se tiende, mira hacia los ladrillos blancos, cierra los ojos. Habrá dormido unos veinte minutos cuando una integrante del grupo que recién llega al departamento lo despierta.
-David...despierta...sé que es lata, pero hay que despertarse – se trata de Jesú.
Al levantarse, David sonríe al ver al actor principal del cortometraje: Martín Bohte. Se encuentra con terno, camisa blanca, corbata azul y sus característicos lentes de marco negro.
-¿Cómo le va señor?
-Bien...cagao de sueño, pero bien...pasé de largo.
Se dirigen al estacionamiento del condominio, David se va en el auto azul de Juan Carlos. En el asiento co-piloto se encuentra Jesú, David al lado izquierdo y a su lado Matías Vega (sí estimado/a lector/a, el que sale en la televisión). Del la radio suena una presentación en inglés acompañada de monótonos sonidos que aumentan su volumen por cada cuatro tiempos, se trata de alguna banda Psyco-Trance (según lo define Juan Carlos). Matías recibe un pito de marihuana recién hecho, lo enciende y se lo devuelve a Juan Carlos, este a su vez, mientras maneja y fuma le ofrece a Jesú, ella niega y se lo pasa a David – hace 8 meses no fumaba marihuana. El auto sale por Apoquindo, la música sigue sonando y David intenta identificar sonidos a la vez: sólo logra captar 6. Se mira los ojos en el retrovisor y se encuentran absolutamente rojos. “Chucha, me van a pillar, quizás me traten de irresponsable o me reten por andar volado, quizás ellos andan en la misma y ni se note. Esta droga me hace mal, lo sé, ayer me pasó la misma hueá, paranoia de mierda”. Ve que Matías se hecha gotas en sus ojos y que el color blanco se torna nuevamente en sus ojos.
-Deja echarme algunas gotas.
David nunca se había aplicado gotas en sus ojos, ni ha tenido la experiencia de introducirse lentes de contacto en sus retinas, por lo que esto concluye que no sabe echarse gotas.
1. No abrió la tapa.
2. No miraba la punta del gotero directamente
3. Cerraba los ojos antes de que entrara la gota.
Al percatarse de esto, Matías le corrige el primer error y se comienza a reír. David le pide si le puede aplicar él las gotas. El auto se estaciona en los San Carlos de Apoquindo, David se acuerda de Morrissey y a la vez de Agustina, debido a que ella no le gusta Morrissey ni The Smiths. De un momento a otro, cambian de dirección y se estacionan en una calle en bajada, donde se logra ver una hermosa vista llena de árboles. Los efectos de la marihuana comienzan a hacer efectos rápidamente en David. Sus rodillas tiemblan, su lengua seca le hace tragar saliva desesperadamente, lo que hace que se quede pegada en la garganta, el calor es sofocante y los ojos le pesan cada vez más. Mira los árboles desde el cerro y un extraño Deja Vú le ocurre: esto lo había vivido o soñado antes. Se dirige a Martín.
-Hueón, esta hueá es exactamente igual a un sueño que tuve... Deja Vú, sí, esa hueá es... puta, voy a fingir como que no sé nada ni que no me dices nada, porque esta hueá la viví, sí, es idéntico.
-...
Se sientan en una cuneta y comienzan a conversar asuntos sobre el Nihilismo o si realmente esta vida es un juego pronosticado por el mismo creador de nuestra vida esclavizada. Martín es llamado por el grupo para comenzar a grabar. Tras grabar la escena se dirigen a otro lugar cerca de donde estaban.
-Martín...¡Vo’ soy un espía, no querí reconocerlo, pero a mí no me engañai!
Fue lo último que David le dice a Martín antes de grabar la segunda escena de la mañana. David se sienta en una cuneta, realmente estaba bajo los efectos de esa droga que no estima del todo – a nadie le gusta creer que tus amigos son espías o enemigos de una conspiración de otro planeta que graba tu vida. La primera película que se le vino a la cabeza luego de estar sentado en la cuneta fue The Truman Show, concluyendo que esa droga no es del todo buena para David.
Al grabar la escena, se dirigen a una calle cerca de Parque Bustamante. Jesú pregunta si alguién va a querer alguna cosa para comer o tomar, David accede a una Coca-Cola de medio litro. Realmente no se sentía muy bien; lengua extremadamente seca, escasa saliva, cosquillas en su estómago, aumentan sus tics, nerviosismo, persecución existencialista, paranoia, y muchos síntomas relacionados a lo psicológico que sólo hace alejarse de las personas. Al terminar la tercera escena, Winifrede propone grabar cerca de unos obreros que se encuentran en una esquina.
-Sería ultra genial, y que Martín pase en medio de ellos y le comiencen a gritar hueás.
Al dirigirse con Jesú a explicarles el favor ellos acceden, comienzan a grabar.
TRISTE
(Björk – Bachelorette)
-David, podríai ayudar con la sombrilla al menos – le dice Matías.
David se acerca a la cámara. ¡Acción!. Martín comienza a correr, los obreros hacen gestos y gritan groserías, todo bien. Martín dobla y se resbala, excelente, quedó capturado por la cámara, para una anécdota chistosa. No se levanta. No hace señas de que esa caída no fue nada. Se acerca gente. David corre con la sombrilla en sus manos. Winifrede se encuentra tomando la mano de Martín que se encuentra tirado en el suelo sangrando. En su frente se dibuja un tajo de aproximadamente 3cm donde se puede ver algo de su cráneo. De la nariz se asoma sangre. Martín muestra sus dientes a petición de Winifrede para ver si se rompió alguno. El primero y único que muestra su dolor en lágrimas es David, no soportó ver a un ser querido de esa manera – siendo que hace 3 años era adicto a ver páginas de trituraciones y muertes explícitas.
-David, si vay a estar así, mejor no lo sigai mirando, poní más nervioso la situación.
Matías se dirige con la cámara, grabando, intenta alivianar la situación.
-Podríamos haber grabado esto hace una semana antes y mostrarlo como documental a Murientes.
David no aguanta y se dirige a cuidar las cosas que se encuentran tiradas en el suelo en la plaza. Se pone a llorar, nada le importa, el cortometraje acabó (al menos por unas semanas – si es que se les da el plazo), los efectos de la marihuana se fueron, no puede creer lo que ha ocurrido. Estas son las escenas que no se pueden explicar bien en una obra ni en una conversación etílica, sólo están en los recuerdos de una mente sensible. Se sienta en el pasto, agarra su bebida y comienza a tomar llorando, la gente que pasa cerca de él lo queda mirando. Estamos poco acostumbrados a reflejar nuestro dolor en lágrimas, quizás en emborracharse o pegarle a un transeúnte o un paradero parece más normal o común, pero David se encontraba ahí: sentado en el pasto, llorando y tomando bebida; quizás algunas personas hubieran pensado que se trataba de un alcohólico que ha perdido su novia y su lucha consiste en olvidar con una botella con algún combinado. Como sea, David se dirige nuevamente donde se encuentra el grupo. Llegan los carabineros, uno de ellos queda mirando a David sospechando que quizás esté borracho (por la botella y sus lágrimas). Tras llamadas a hospitales, clínicas, la madre de Martín, resulta llegar una ambulancia con el logo de Samu. Ingresan a Martín en una camilla, Winifrede y Francisca también suben. Los demás se van en auto a la Clínica Alemana. En un determinado momento muchas imágenes se arman en la cabeza de David, desde el accidente que le ocurrió a su amigo Pancho a necesitar una sonrisa de Agustina para calmar todo ese grito en silencio que sentía. Llegan a la clínica, en la entrada se encuentra un guardia que mira a Matías al ver la cámara en mano.
-No se puede ingresar cámaras.
-Lo sé, es que no teníamos donde dejarla, el auto está autocionado en otro lado.
Con ceño fruncido el guardia da acceso al ingreso al recinto. David se comienza a marear; nunca le han gustado los hospitales ni las clínicas, ese ambiente de espera, nerviosismo, perdida, esperanza, calma; todo eso era desesperante, y sobretodo porque ni siquiera había música. Se sientan afuera de la clínica, donde autos y ambulancias se estacionan. David mira una flores que se encuentran afuera de unas ventanas, una música parecido a una ranchera comienza a sonar, parece tratarse de un espectáculo en vivo, pero no accede a ir y se queda mirando las flores, el cielo, algo que lo distraiga. Todos comienzan a ver la grabación capturada por Matías, menos David y Eduardo (otro integrante del grupo – exactamente el camarógrafo).
-David, podemos ver a Martín, pero de a uno... ¿Creí que podai controlarte?
-Sí.
Se dirigen a la sala de espera, se enteran que ya no pueden ingresar. Esperan. Llega un momento en el que David apoya su frente en sus rodillas y comienza a recordar imágenes de su infancia escolar, sus peores traumas: la vez que intentaron meterle la cabeza al inodoro, cuando vió a su primer amor platónico besando al director del colegio, cuando se quebró la espalda tras caerse con un arco de fierro encima, cuando se fractura su brazo derecho tras lanzarse de una micro en movimiento luego de su primera amenaza de robo. Hace tiempo no lloraba de una manera tan desesperada – alrededor de 2 meses cuando vio por última Magnolia. Se levanta, comienza a caminar de brazos cruzados, ida y vuelta en cuadrado. “Creemos que estamos bien, que tenemos la razón en todo, pero ¿porqué estamos acá?, ¿para qué sirve tanto ceño fruncido si seguimos en lo mismo?, ¿porqué somos tan egoístas?, ¿porqué existe la duda?, ¡¿porqué mierda pasa esto?!..” - mira al cielo y luego suspira – “Ahora no puedo creer en ti, no puedo, nunca lo he hecho de corazón, no sé porqué te habló... me cago en tu voluntad, en tu benevolencia, no puedes existir si permití que esta hueá suceda, disculpa, pero desde hoy te detesto...”. Fueron sus últimos pensamientos pseudo ateos de David. Desde que vio a un gato degollado por una secta a la cual se salió, desde ese momento, toda ideología o secta era una verdadera perdida de tiempo, no sólo para alejarse del interior, sino que eso nos hace alejarnos y encajarnos en grupos. La nada es el ciclo, es por donde empezamos y hacemos que el “des” nos invite un trago (con “des” me refiero a la negación de lo que supuestamente sabemos y nos hace mejor persona: DES-preocupación, DES-esperación, DES-control, etc). David se entera que Martín está en la sala de espera. Se dirige y lo ve en silla de ruedas, un parche blanco en su frente, marcas moradas en su mejilla derecha y sus labios inflamados, sus ojos mostraban indiferencia para no alertar a los demás. “The Elephant Man” – fue la primera maldita frase que se le vino a la cabeza al ver a Martín; pero no en ofensa, sino que por el contexto de ver a una persona tan valiosa y buena voluntad, con terno, siendo mirado por más de una decena de personas. Martín le estira su mano a David.
-Me las lavé, no están manchadas con sangre.
-No importa hueón...
La madre de Martín lleva a Martín en silla de ruedas a su auto, Martín se levanta y se despide de cada uno de los integrantes, el último es David.
-Chao amigo... Te quiero.
-Yo también te quiero hueón, demasiado – David aguanta las lágrimas, ve que Matías sostiene la cámara en dirección a él.
Martín se sube al auto. “Ustedes la llevan, la llevan”. Suspiro, estacionamiento, bolso, salida. David se encuentra nuevamente afuera, localiza el auto de Francisca y se dirige corriendo. Comienzan las voces que no existen, que sólo son producto de la imaginación forzada de David: “¿Te gustaría caerte hueón?, tení la clínica al lado, ¿no querí sangre derramada en tu rostro hueón?”, mentalmente David hace callar las voces con gritos, pero de nada sirve, es sólo un cosquilleo cerebral. Se sube al auto. Lo demás es silencio, paisaje, autos, cemento, escondido sol, ojos que arden. Como una especie de masoquismo morboso se repite la imagen de Martín tirado en el suelo, sonriendo, demostrando que no tiene ningún diente roto. Corto es el viaje. Francisca lo deja en la estación Manuel Montt.
-Tranquilízate David, todo va a estar bien.
-Lo sé, gracias...
Decide no tomar en metro, no hay apuros. La gran mayoría de los negocios están cerrados. Abre su bolso, saca los audífonos, se los adjudica debajo de su polera, los conecta al personal, sintoniza la 88.1. “Te van a asaltar por hueón, es Domingo, estay solo, cagaste” – vuelven las malditas voces, las ignora. Camina, respira cada vez más profundo, suspira mirando a su derecha, los árboles, colores adornando el día gris. Llega a Plaza Italia, decide caminar a su izquierda, por Parque Bustamante, mira a su derecha y recuerda a Agustina, como saludaba a unas personas haciendo gimnasia. Sigue caminando, personas leyendo, tomando cerveza, tiradas en el pasto mirando el cielo, niños jugando. Necesitaba escuchar su voz, ver su rostro, su sonrisa, sus cachos amarrados en coles amarillos, sus gestos mientras no lo mira. Una solución es llegar a Vicuña Mackena, tomar micro y justificarse con un “No sé en que departamento vive, ni tampoco su teléfono de memoria”. ¿Qué haría Barry Egan?: llamar a su hermana, ya estando en Hawai. David se dirige a un teléfono público rojo. 800360360. Contesta su tía.
-Aló?
-Aló, tía lela, soy yo, David, mira, estoy acá en Vicuña.
-¿Cómo te fue?
-Estoy mal...pésimo.
-¿Qué te pasó?
-Martín, nuestro actor, se fracturó el craneo, lo llevamos a la clínica Alemana, está mejor, se suspende le corto por ahora...
-Pucha que mala...¿ya te vienes?
-Sí...necesito un favor...¿Podí buscar mi agenda porfa?
-Ya, espera, deja cambiarme de teléfono....ya ahora sí.
-Mira, busca en la letra A, el nombre Agustina.
-¿Agustina Blur se llama?.
-No, Blur es una banda... díctame el número.
Al anotar el número de celular en su cuaderno, agradece y corta la llamada. Introduce dos monedas de $100 al teléfono, no funciona. Cuelga, se devuelven las monedas, corta y se dirige a otro teléfono de un quiosco, que queda al lado de una estación de bomberos.
-Buenas tardes, ¿por casualidad se puede llamar a celular por el teléfono?
-Sí.
-Muchas gracias.
En esos momentos siente que su estado de ánimo puede cambiar, que todo depende de una llamada, que podría sonreir al menos con sólo verla un par de minutos.
-¿Aló? – contesta Agustina -...¿Aló?.
-¿Aló Agustina? – se da cuenta que en un papelito pegado al teléfono azul dice: “Presione * para conectar la llamada”, presiona el botón - ¿Aló Agustina?
-Sí, ¿Quién habla?
-Soy yo, David... mira, estoy en Diagonal Paraguay con Vicuña Mackena, en un teléfono público...necesito verte, aunque sea un rato, no sé si puedes... no pensí que es obsesión o algo así, sólo que no me siento muy bien, necesito verte en verdad...¿podí?
-Sí, a ver...juntémonos afuera de mi torre, ¿te parece?
-Si, voy para allá.
-En 10 minutos estoy allá, chao.
FELIZ
(The Beach Boys – God Only Knows)
Cambia la radio, 88.5. Suena un tema de Ladytron que está por terminar, comienzan unos violines, David frunce el ceño, mira el suelo y suspira.
I may not always love you
But long as there are stars above you
You never need to doubt it
I'll make you so sure about it
God only knows what I'd be without you
Lo primero que se le viene a la cabeza es Boggie Nights de Paul de Thomas Anderson que lo hizo llorar frente a su tía y su novio cuando la vieron en el comedor, desde ese momento consideró a The Beach Boys una excelente banda. Sigue caminando mientras el tema suena, muchas películas se le vienen a su cabeza; desde Magnolia a Eternal Sunshine, y de About Schmidt a Donnie Darko. Llega a la torre 390, se oculta, quizás su familia son franco tiradores anti-pseudo-psicópatas-cinéfilos, o algo así. La ve acercarse, lo primero que piensa: Punch-Drunk Love, el primer encuentro en Hawai de Barry y Lena cuando vestía su vestido blanco y él en señal de saludo le extiende su mano, las personas pasan como sombras mientras se besan en un fondo playero; claro, nada de esto pasó ni pasa en la vida real de una mente cinéfila. Coles amarillos, pintura roja, su hermosa sonrisa, polera azul marina con letras blancas, pantalones cafés y zapatillas moradas con espirales (su obsesión).
-Hola...
-Hola...llegué a la conclusión de que a mi vieja le llegó la menopausia.
-¿Porqué?
-Porque anda como idiota, ven, sentémonos ahí – lo agarra del brazo por unos segundos.
Se encuentran sentados en unos escalones que dan entrada a un cajero automático.
-Ya, dime, ¿qué te pasó?
Con el detalle que más pudo le contó lo que usted estimado/a lector/a acaba de leer. Ella le cuenta sobre su abuela, David adora todo en ella mientras habla, sus gestos, su tono de voz, y la escucha con mucha atención, absorbiendo cada palabra que escucha. Luego comienza a hablar de la clasificación de películas que inducen al susto, terror, horror o pánico; entre ellas está el gore y esperpento.
-Entonces las Caras de la muerte sería Gore.
-No, sería esperpento o documental basado en el horror, porque no es actuado, son hechos reales: no exageran.
El nombre Javier y Felipe es nombrado más de 5 veces por parte de ella, eso desconcierta a David, siente que Javier es una competencia o un distractor.
-Él es como afeminado, si quieres te lo presento.
-...
-Era broma.
-Lo sé
A decir verdad, eso molestó mucho a David, no por el hecho de que no aceptaba bromas, sino que no es primera vez que lo bromean con eso y pareciera una especie de descarte a no decir : “Hueón, no me gustai, te presento a mi amigo”. Agustina se corta con su dedos un pedazo de pantalón.
-Te lo doy como recuerdo... toma otro.
-Gracias.
Lo guarda en su bolsillo. “Seré tan obsesionado como Helga por Arnold que mantiene un pedazo de cabello de él en su agenda” – piensa en un extracto de suspiro. En esos momentos David olvidó todo lo que le hacía daño: Martín Bohte tirado en el suelo sangrando, recuerdos de infancia, Silvana, todo. En ese momento todo era ella, ese mágico momento convertido en percepciones y configuraciones binarias que se transforman sólo en nitidez sanguínea al ver esa sonrisa. Agustina mira su celular.
-Supuestamente me iba a llamar... quizás ya entró a mi casa y abrió el refrigerador, a mi vieja le molesta eso.
-Me gustaría seguir hablando contigo, pero tengo un compromiso
-Lo sé...
En ese momento pensó que no podían seguir viéndose debido a que su novio o madre sospecha de esta nueva junta, pero al cabo de unos segundos confirma su malentendido.
-¡Ah!, que te tienes que juntar con tu amiga.
-Si po, ¿qué pensabai?
-Lo de Felipe.
-Si po, aparte.
Se levantan, se dirigen al punto de inicio, como un espiral.
-Ya, despidámonos acá.
-Bueno, de verdad te quiero dar las gracias, por hacerme olvidar de la Silvana, de hacer este dolor menos grave, y porque en realidad tú transmití alegría, o al menos a mí, me hace bien verte, hablar contigo.
-¿De verdad sentí eso? – sonriendo.
-Sí, y es muy lindo de hecho.
-¿Porqué no ves a las mujeres como amigas primero?: conocerlas bien, y después ver si las personalidades encajan o no.
-Sí...tení razón...mucha de hecho, es verdad, quizás eso tengo que hacer.
-Ya, que estés bien y nos vamos a juntar a ver películas, ¿ya?
-Bueno.
Se despiden, mira para atrás y ella se da vuelta, le hace una seña, David no entiende nada, se saca los audífonos.
-¿Qué?
-¡Te decía que justo viene mi amiga
David sonríe, se despide y sigue su camino. Que lindo es todo cuando se siente ese maldito ácido que quema en el pecho. No hay peor infierno que no querer a nadie, por eso David prefiere querer a alguien que no lo quiere que no querer a nadie. Sigue caminando, siente que Felipe lo viene persiguiendo o que alguna persona lo vigila, mira hacia atrás: nadie. Antes de llegar a Vicuña Mackena nota que en un paradero se encuentra un grupo de personas con banderines y poleras del Colo-Colo. “Cagué, me van a robar el personal para comprarse una entrada, cagué”. Cruza y espera que el grupo tome alguna micro, comienzan a caminar. David toma una micro. Se siente aliviado. Falsa alarma, el mismo grupo se sube cuadras más adelante. Uno de ellos instala una bandera del equipo en una ventana. “Me hago el hueón, me bajo en Irarrazabal, tomo el metro”. Se levanta, se baja y camina hacia la cordillera, toma el metro. Maldición, nuevamente se encuentra con personas que se dirigen al partido, sólo que en este caso eran muchos más, se encontraban paradas y comienzan a cantar. No mira a nadie, sólo a un punto fijo, prende la radio, suena Charly García, se concentra en la música, no todo está perdido, sólo se basa en no mirar a nadie, si interrumpen, hazte el drogado, el loco, el que no entiende, cualquier cosa; pero no te muestres con miedo. Estación Pedrero, se bajan, suspiro, todo bien. Al bajarse del metro y tomar micro se va con una lección: no hay mejor droga que ver a la persona que empiezas a querer.
Un poco de espuma que brilla en el interior de un vaso;
Ya que los árboles no son sino muebles que se agitan:
No son sino sillas y mesas en movimiento perpetuo;
Ya que nosotros mismos no somos más que seres
(Como el dios mismo no es otra cosa que dios)
Ya que no hablamos para ser escuchados
Sino para que los demás hablen
Y el eco es anterior a las voces que lo producen;
Ya que ni siquiera tenemos el consuelo de un caos
En el jardín que bosteza y que se llena de aire,
Un rompecabezas que es preciso resolver antes de morir
Para poder resucitar después tranquilamente
Cuando se ha usado en exceso de la mujer;
Ya que también existe un cielo en el infierno,
Dejad que yo también haga algunas cosas:Yo quiero hacer un ruido con los pies
Y quiero que mi alma encuentre su cuerpo.
(Nicanor Parra)
Ricardo Iturrieta
[2005]
“Si se identificó con alguna parte de este texto... Déjese de mirarse al espejo”