-Buenas...
Se retira. Víctor es feliz: escuchó su voz. Siempre es lo mismo, las siguientes 9 horas las ocupa para pensar en su voz, en su mirada, en la manera de cómo entra y sale del edificio.
-Que tenga una buena tarde señorita.
-Muchas gracias...
Sonríe y es feliz: escuchó su voz. Se retira y vuelve a su hogar. ¿Qué es la felicidad?, para Víctor: escuchar la voz de quien es dueña de sus suspiros e insomnio. Palabras, frases, películas, libros, música: todo eso es complemento de querer estar con alguien, de reemplazar un beso o un abrazo con sonreír luego de haber leído un libro, de sentir esa lágrima que quema el rostro tras ver una película, de bailar solo imaginando que esa persona te mira o imita tus pasos improvisados. Llega a su casa, prende el interruptor, se dirige a la cocina y pone a hervir la tetera, va a su pieza y deja su terno encima de la silla, cuidadosamente doblado, se saca sus zapatos y se adjudica unas pantuflas con forma de koala color celeste, prende el monitor de su computador prendido, ¡si tan sólo tuviera su MSN!, pero no, su diálogo con su amada limita esa posibilidad, quizás no tenga ese recurso e incluso lo deteste. Pasea virtualmente por carpetas con colores, carátulas, nombres, fechas, números. Elige un disco: “Stereolab-03-Emperor_Tomato_Ketchup-
Suspira: no sirve para escribir, no tiene ese don de transmitir lo que siente por esa persona. Palabras, malditas palabras que disfrazan el miedo a decir: “quiero estar con usted señorita”. Apaga el monitor, deja sonando el disco, toda su ropa la deja doblada encima de la silla, se pone su pijama calipso y se dirige a la cocina. Refrigerador, comida congelada, microondas. Lleva su comida a la mesa, se dirige a la cocina y lleva
dos copas junto a una botella de vino, apaga la luz y prende una vela. Frente a él hay una silla vacía, sirve dos copas de vino y le sonríe a la silla, comienza a comer y tomar vino, se imagina que esa silla vacía la ocupa la mujer de su sueño despierto. Termina y se sienta en la otra silla, tira un beso y se termina la copa de vino. Guarda todo y se dirige a su cama a dormir, mientras suena el disco.
TITITITITITITITI!!!!!
Abre los ojos, apaga el despertador rojo que marca las 6:30am. Se dirige al baño y se ducha, apoya su cabeza en las baldosas naranjas, cierra los ojos. Sale envuelto en una toalla con figuras marinas, se dirige a la cocina y hace hervir la tetera, se dirige a su pieza y se mira desnudo al espejo, su mirada se centra en su ojo izquierdo, todo se nubla. Hierve la tetera, se dirige a la cocina y mira el calendario: Martes. Sonríe, gira el fogón hacia su izquierda y abre la pequeña puerta agarra una taza naranja, se sirve cafeína. Mira su reloj: 7:06am, deja la taza en el lavaplatos y se dirige rápidamente a su pieza. Por cada día de la semana la taza es de distinto color.
Lunes: Taza magenta
Martes: Taza naranja
Miércoles: Taza Celeste
Jueves: Taza Negra
Viernes: Taza Amarilla
Al igual que sus corbatas.
Lunes: Corbata azul
Martes: Corbata negra
Miércoles: Corbata magenta
Jueves: Corbata roja
Viernes: Corbata fucsia
Al estar ya vestido se dirige a la cocina, mira su reloj: 7:08am, deja la taza de café donde está y apresuradamente agarra su maleta. Cierra la puerta. Corre, sus pasos cada vez son más rápidos, todo se mueve, se percata que no tomó cafeína, piensa en devolverse pero le quedan dos minutos, frunce el ceño y el aire lo ahoga, su fría traspiración en su pálida frente hiela su cuerpo, su cabello se despeina, no importa, hay que llegar, tiene que abrirle la puerta a su amada y escuchar su agradecimiento. Llega al edificio, bruscamente tira aire, mira su reloj: 7:11am, ¡no puede ser!, ojalá el taxi se haya demorado, su rostro hierve, su cerebro cosquillea, aparece el taxi: ¡Bien!. Las piernas, el vestido rojo, los pasos, la mirada color castaña indiferente, el brillo en sus labios, las ojeras ocultas tras su pintura.
-Buenos días señorita.
-Buenas...
-...Disculpe...¿Usted hace cuánto trabaja en esta empresa?
La mujer lo mira extrañada, levanta su ceja izquierda y lo mira de pies a cabeza.
-¿Porqué quiere saber eso?
-...No sé, curiosi...dad – Víctor comienza a tiritar.
-¿Se siente bien?
-...Sí...si, yo estoy bien...¿Y usted?
-...Hasta luego
Víctor acaba de conocer otra frase: “Hasta luego”. Usted puede preguntarse ahora: “¿Qué mierda estoy leyendo?”, pero créame que para esta persona esta nueva frase la tendrá grabada para siempre, su amor le ha dicho una nueva palabra. Al cerrar la puerta Víctor mira a su izquierda y ve a los operarios cumpliendo su trabajo, mira a su derecha y la mujer del vestido rojo se aleja. En un par de segundo pasan muchas imágenes en su cabeza dando la conclusión que si no lo hace ahora no lo hará nunca: va en busca de ella. Corre, ve sus hombros, maldito vestido rojo.
-¡Disculpe!, esto le parecerá raro, pero estoy enamorado de usted...
-...
-No diga nada, sé que soy patético, que no soy su tipo, que soy un imbecil...pero sólo quiero escuchar una respuesta, una nueva frase, palabra, insulto....por favor.
-...Pero si usted no me conoce.
-Tengo toda mi vida para conocerla.
La mujer se ríe mientras lo queda mirando.
-Eso es de Tim Burton, y es mejor que se deje de tonteras, yo nunca podría estar con usted...con un Junior.
-Tiene toda la razón, y sí, soy un imbecil... pero feliz...usted es hermosa.
-Gracias querido, pero yo soy la amante de quien le da de comer.
-...Entiendo...¿Sabe?, esto es absurdo, esto no se ve más que en los textos.
-O en las películas.
-Exacto, y no sé porque tengo una vida tan patética.
-Que tierno...Adiós.
-Que tenga una buena tarde señorita.
-Muchas gracias...
Ricardo Iturrieta
[2005]
“Y así dicen que la vida no tiene sentido...”

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