jueves, 27 de marzo de 2008

PATÉTICAMENTE TIERNO

"El alcohol es el alma de la burguesía. Ustedes está aburguesados, muchachos"... (Nekro - Fun People)

Que Bukowski era un viejo alcohólico, sucio y depravado que escribía cuentos bizarros y entretenidos, que los sesos de Kurt Cobain fueron testigos de su sobredosis de Heroína luego de haberse disparado con una escopeta, que The Beatles crearon la mejor música que jamás se haya creado en ese tiempo por efectos del Lsd y la Marihuana, que cuando estoy sobrio escribo ensayos y con alcohol cuentos como este y que además me doy el lujo de escribir con mayúscula nombres de personas que admiro y drogas y no la palabra dios. Suena Moby y me queda solamente por escuchar su último disco para dar terminada mi sobredosis de ese calvo y tierno señor. El objetivo de navidad lo entiende quien ve a sus hijos y sobrinos sonreír por cada regalo obsequiado, ese sentimiento cálido del arbolito con luces y dulces adornados, entienden el porqué hacen eso: hacer sonreír a quien se quiere, el sentirse bien con dar más que recibir... lo mismo me pasa a mí, tengo un arbolito de navidad literario: escribo para hacer sonreír. Siento como se quema este cigarro, como se quema mi esperanza, el humo forma figuras que nublan recuerdos, un suspiro en llamas que desvanece sueños despiertos, se me viene a la cabeza Robert De Niro diciendo “God Damn!” en tiempos de Taxi Driver. Quiero que usted estimado(a) y querido(a) lector(a) sonría con esta historia, nada más. Empiezo.

En una habitación color celeste y techo amarillo se encuentra desnudo Víctor Arraigada mirándose en su grande espejo. Su pálido rostro ojeroso se nubla y vuelve a enfocarse por lapsos de segundos. Hierve la tetera, Víctor se dirige a la cocina y mira el calendario que está colgado en una muralla naranja: Lunes. Sonríe, gira el fogón hacia su izquierda y abre una pequeña puerta donde se encuentran 5 tazas de distintos colores, agarra una magenta y se sirve cafeína. Mira su reloj: 7:05am, sus ojos se engrandecen, deja la taza en el lavaplatos y se dirige rápidamente a su pieza, bruscamente abre el closet donde se encuentran 5 pantalones negros, 5 camisas blancas, 5 ternos negros y 5 corbatas de distintos colores, escoge una de color azul. Rápidamente se adjudica en su cuerpo la camisa, la corbata y el terno, con el pantalón negro doblado sobre su brazo derecho abre un cajón donde se encuentran calzoncillos de distintos colores, muy ordenados, elige unos de color calipso, se los adjudica, se coloca los pantalones de manera apresurada, abre el último cajón de abajo donde se encuentran distintos calcetines en forma de bolita, todos son de color plomo. Al estar semi vestido nuevamente se dirige al closet y se adjudica unos zapatos negros, quedan 4 pares. Cierra el closet, mira su reloj: 7:06am. Se dirige al living y agarra su maleta café llena de papeles, algunos se logran ver por fuera de la maleta. Se dirige a la cocina, agarra la taza morada y bota el café en el lavaplatos. Cierra la puerta. Corre, mira su reloj: 7:08am, cada paso hace cosquillear su cerebro, siente ese ácido bombeando sus venas por cada respiro agitado que suelta, el corazón martilla su pecho. Semáforo, el maldito monito rojo, su cabello está despeinado, se intenta peinar, monito verde, corre, cada vez más rápido, baldosas amarillas, grandes ventanas, llega al edificio repleto de vidrios, suspira y mira su reloj: 7:10, justo a tiempo, sonríe. Un taxi se estaciona al frente del edificio, de la puerta salen unas piernas, los ojos de Víctor brillan, su corazón bombea ese maldito aire que ahoga e impide respirar de manera coordinada. Una persona con vestido rojo se acerca al edificio, tiene una cartera negra colgando de su brazo derecho, sus labios brillan, sus ojos color castaña son indiferentes a sus ojeras disfrazadas con pintura negra. Víctor mueve sus dedos, se peina sus mechones de adelante, suspira. La mujer entra al edificio.

-Buenos días señorita.
-Buenas...

Se retira. Víctor es feliz: escuchó su voz. Siempre es lo mismo, las siguientes 9 horas las ocupa para pensar en su voz, en su mirada, en la manera de cómo entra y sale del edificio.

-Que tenga una buena tarde señorita.
-Muchas gracias...

Sonríe y es feliz: escuchó su voz. Se retira y vuelve a su hogar. ¿Qué es la felicidad?, para Víctor: escuchar la voz de quien es dueña de sus suspiros e insomnio. Palabras, frases, películas, libros, música: todo eso es complemento de querer estar con alguien, de reemplazar un beso o un abrazo con sonreír luego de haber leído un libro, de sentir esa lágrima que quema el rostro tras ver una película, de bailar solo imaginando que esa persona te mira o imita tus pasos improvisados. Llega a su casa, prende el interruptor, se dirige a la cocina y pone a hervir la tetera, va a su pieza y deja su terno encima de la silla, cuidadosamente doblado, se saca sus zapatos y se adjudica unas pantuflas con forma de koala color celeste, prende el monitor de su computador prendido, ¡si tan sólo tuviera su MSN!, pero no, su diálogo con su amada limita esa posibilidad, quizás no tenga ese recurso e incluso lo deteste. Pasea virtualmente por carpetas con colores, carátulas, nombres, fechas, números. Elige un disco: “Stereolab-03-Emperor_Tomato_Ketchup-1996”. Adelanta al segundo track: “Cybele’s Reverie”, violines, voz francesa, animalitos en un campo con pasto verde debajo de un árbol jugando naipes, el sol que cosquillea la montaña saluda a las flores y al río, muchas imágenes en Víctor, se dirige a la cocina bailando solo, con pasos lentos imitando con sus dedos ese órgano acompañado con violines. Hierve la tetera, llena de agua fría del lavaplatos la taza morada, la seca, apaga el fogón de la cocina y se sirve un café. Vuelve a su pieza, prende un cigarro y se acuesta en su cama con funda color burdeo, cierra los ojos, absorbe la amenazante toxina que rodea su pulmón y hace argollas con el humo, sonríe, escucha la música. Lo primero que visualiza es esa mujer, ese cabello negro amarrado como un tomatito, abre los ojos y se dirige a su computador, comienza a escribir: "Tu sonrisa no conozco, pues no estaría escribiendo. El palpitar del día me hace soñar con tu voz, que me grita en silencio..."

Suspira: no sirve para escribir, no tiene ese don de transmitir lo que siente por esa persona. Palabras, malditas palabras que disfrazan el miedo a decir: “quiero estar con usted señorita”. Apaga el monitor, deja sonando el disco, toda su ropa la deja doblada encima de la silla, se pone su pijama calipso y se dirige a la cocina. Refrigerador, comida congelada, microondas. Lleva su comida a la mesa, se dirige a la cocina y lleva

dos copas junto a una botella de vino, apaga la luz y prende una vela. Frente a él hay una silla vacía, sirve dos copas de vino y le sonríe a la silla, comienza a comer y tomar vino, se imagina que esa silla vacía la ocupa la mujer de su sueño despierto. Termina y se sienta en la otra silla, tira un beso y se termina la copa de vino. Guarda todo y se dirige a su cama a dormir, mientras suena el disco.

TITITITITITITITI!!!!!

Abre los ojos, apaga el despertador rojo que marca las 6:30am. Se dirige al baño y se ducha, apoya su cabeza en las baldosas naranjas, cierra los ojos. Sale envuelto en una toalla con figuras marinas, se dirige a la cocina y hace hervir la tetera, se dirige a su pieza y se mira desnudo al espejo, su mirada se centra en su ojo izquierdo, todo se nubla. Hierve la tetera, se dirige a la cocina y mira el calendario: Martes. Sonríe, gira el fogón hacia su izquierda y abre la pequeña puerta agarra una taza naranja, se sirve cafeína. Mira su reloj: 7:06am, deja la taza en el lavaplatos y se dirige rápidamente a su pieza. Por cada día de la semana la taza es de distinto color.

Lunes: Taza magenta
Martes: Taza naranja
Miércoles: Taza Celeste
Jueves: Taza Negra
Viernes: Taza Amarilla


Al igual que sus corbatas.


Lunes: Corbata azul
Martes: Corbata negra
Miércoles: Corbata magenta
Jueves: Corbata roja
Viernes: Corbata fucsia

Al estar ya vestido se dirige a la cocina, mira su reloj: 7:08am, deja la taza de café donde está y apresuradamente agarra su maleta. Cierra la puerta. Corre, sus pasos cada vez son más rápidos, todo se mueve, se percata que no tomó cafeína, piensa en devolverse pero le quedan dos minutos, frunce el ceño y el aire lo ahoga, su fría traspiración en su pálida frente hiela su cuerpo, su cabello se despeina, no importa, hay que llegar, tiene que abrirle la puerta a su amada y escuchar su agradecimiento. Llega al edificio, bruscamente tira aire, mira su reloj: 7:11am, ¡no puede ser!, ojalá el taxi se haya demorado, su rostro hierve, su cerebro cosquillea, aparece el taxi: ¡Bien!. Las piernas, el vestido rojo, los pasos, la mirada color castaña indiferente, el brillo en sus labios, las ojeras ocultas tras su pintura.

-Buenos días señorita.
-Buenas...

¡Buenas!, ¡que linda voz!. En un momento Víctor tiene la idea de hablarle y preguntarle dónde vive, pero no, pensará que sería un psicópata o una especie de pervertido. Tiene 9 horas para pensar en qué preguntarle para iniciar una conversación o conocer otro tono de voz o ritmo. Víctor es feliz al escuchar la voz de esa persona que ni su nombre conoce, sólo conoce su “Buenas” y su “Muchas gracias” y aún así es feliz. ¡dios, ese vestido rojo tan lindo!, ¡esas malditas ojeras que reflejan dolor e insomnio!, ¡si tan sólo supiera su nombre, o su número de teléfono!, la llamaría todos los días para escuchar su voz, quizás colgaría de inmediato, pero su voz serían sus buenas noches, su tranquilidad, su maldito prozac o morfina. Mira su reloj: 16:15pm. Se acerca ella, sola, con sus lentes de sol.

-...Disculpe...¿Usted hace cuánto trabaja en esta empresa?

La mujer lo mira extrañada, levanta su ceja izquierda y lo mira de pies a cabeza.

-¿Porqué quiere saber eso?
-...No sé, curiosi...dad – Víctor comienza a tiritar.
-¿Se siente bien?
-...Sí...si, yo estoy bien...¿Y usted?
-...Hasta luego

Víctor acaba de conocer otra frase: “Hasta luego”. Usted puede preguntarse ahora: “¿Qué mierda estoy leyendo?”, pero créame que para esta persona esta nueva frase la tendrá grabada para siempre, su amor le ha dicho una nueva palabra. Al cerrar la puerta Víctor mira a su izquierda y ve a los operarios cumpliendo su trabajo, mira a su derecha y la mujer del vestido rojo se aleja. En un par de segundo pasan muchas imágenes en su cabeza dando la conclusión que si no lo hace ahora no lo hará nunca: va en busca de ella. Corre, ve sus hombros, maldito vestido rojo.

-¡Disculpe!, esto le parecerá raro, pero estoy enamorado de usted...
-...
-No diga nada, sé que soy patético, que no soy su tipo, que soy un imbecil...pero sólo quiero escuchar una respuesta, una nueva frase, palabra, insulto....por favor.
-...Pero si usted no me conoce.
-Tengo toda mi vida para conocerla.

La mujer se ríe mientras lo queda mirando.

-Eso es de Tim Burton, y es mejor que se deje de tonteras, yo nunca podría estar con usted...con un Junior.
-Tiene toda la razón, y sí, soy un imbecil... pero feliz...usted es hermosa.
-Gracias querido, pero yo soy la amante de quien le da de comer.
-...Entiendo...¿Sabe?, esto es absurdo, esto no se ve más que en los textos.
-O en las películas.
-Exacto, y no sé porque tengo una vida tan patética.
-Que tierno...Adiós.
-Que tenga una buena tarde señorita.
-Muchas gracias...



Ricardo Iturrieta
[2005]


“Y así dicen que la vida no tiene sentido...”

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