“¿Y si en verdad me dejas sola?”
-Ya po mamá, no llorí, te voy a venir a ver luego.
-¡Hola amor!
-Hola mi vida, ¿Cómo estay? – Estefanía lo queda mirando y se retira a la cocina.
-Bien, oye, ¿Estay listo?
-Si, voy saliendo.
-Ya, nos vemos entonces. Te amo.
-Yo también amor.
En Parque Forestal se respira un aire acogedor; cualquier persona es bienvenida: familias que quieren despejarse del claustro de día Sábado, niños que quieren un algodón de dulce o una paleta, parejas sadomasoquistas, escolares con resaca, abuelos nostálgicos, asaltantes, gitanas, borrachos en busca de alguna droga barata, de todo. El acuerdo que tuvo Antonia con David era vivir cerca de este parque. Lo que más apasiona a Antonia Rubillot es sacarle fotos a los árboles contrastando con el cielo. Habitualmente sale a las distintas calles de Santiago para capturar momentos y colores con su cámara Canon EOS 500N, donde no hay nada que se escape del diafragma cuando ella quiere detener ese instante. Antes de encarcelar su alrededor, visualiza mentalmente, encuadrando con un marco imaginario todo el espacio con sus respectivas sombras y tonos. Si ve una persona esperando un suceso – ya sea a una persona o movilización – que le llame la atención, lo captura. Así también con las calles maltratadas, añejas, sin cuidado. Le encanta fotografiar casas antiguas, más que todo, torres o residenciales, como las que hay por Diagonal Paraguay o por Teatinos.
-Amor, voy a salir a sacar fotos.
-Bueno, ¿Te acompaño?
-Sabes mi respuesta.
-Bueno... que te vaya bien.
-Chao.
-Cuando termine esta escena, amor.
-Bueno, me voy, chao.
Y es así es como nos depara la vida; la existencia precede a la esencia, por eso estás llorando: No tienes lo segundo.
“Algunas cosas no cambian”
Estefanía está sentada frente al televisor mientras toma té de su plato. En la pantalla se aprecia una madre que llora mirando a las cámaras.
¿A esto llegaste?, ¿Escribir cuentos para fondos?, ¿Para concursos?, ¿Para escribir historias para que las actúen como la mierda?, ¿Qué pasó con ese David idealista, seudo anarquista, que quería cambiar la economía social de mercado?, ¿Dónde quedó hueón?... ¿Y si no te financian esta historia?, ¿Vay a esperar 3 meses más para escribir otra genial historia, hueón?, ¿Seguir dependiendo de tu vieja?, ¿Seguir sentado escribiendo relatos culi...
-¡Buena hueón!
-¿Quién habla?
-¡¿Quién habla?! (en tono de burla – parecido a Epidemia)
-¿Cómo le va a la señora?
-Bien po’, ¿Y tú?, Tan desaparecido que andai culiao.
-Puta, si sé, pero acá estoy po’ hueón, ¿En qué andai?
-Nada, acá con Pancho planeando algo que hacer hoy en la noche.
-Dale, buena, puta, podríamos juntarnos en un bar.
-¿En un bar?, en tu departamento po culiao, pa estrenarlo.
-Sale hueón, no carreteamos acá, mejor salgamos.
-Puta el culiao mija, oye, Pancho quiere hablar contigo, espera.... Buena petizo.
-Buena hueón, ¿Cómo estay?
-Acá, libreta, oye, carretiemos hoy po’ hueón, no te pongai marica.
-Para nada, si le estaba diciendo al Nico que vayamos a un bar.
-¿Y porqué a un bar hueón?, llegamos a tu departamento y piola.
-No es mío, y no, no queremos carretear acá hueón.
-¿Ataos?
-No sé si ataos, acuerdo más que nada, que todo en realidad.
-Ah dale.... ¡Macabeo!
-Jajajaja, que es hueón. Si po, los hecho de menos, salgamos en la noche a un bar de por acá.
-Aaaaay, verdad que vive en el centro la marica, ¿Y dónde chucha querí ir hueón?
-Al Clandestino, no sé.
-Dale, dile a tu novia que vaya también.
-No creo que quiera ir, pero le digo, ¿A qué hora nos juntamos?
-Tipín diez y media, tamos’ dao’.
-Dale... ¿Te tinca a las diez y media en Telepizza?
-Vo’ seguí igual culiao, los mismos lugares hueón.
-Claro, algunas cosas no cambian po’ colorín culiao.
-Ya petizo, nos vemos... El Nico dice que no te volvía tan loco.
-Oka, nos vemos, chao.
“Todo va a estar bien”
Antonia apoya sus rodillas en el pasto y encuadra a una pareja que compra algodón de azúcar. Sonríe mientras aprieta el botón. En su rostro aparece una sombra.
-¿Disculpa?, ¿Tení hora? – Antonia mira al tipo que viste una chaqueta de cuero café claro sobre una camisa negra y jeans oscuros.
-No – Sigue encuadrando su alrededor.
-¿No tení un cigarro que me convidí? – Antonia frunce el ceño y le hace un gesto de negación. La persona se arrodilla y se acerca a su oído.
-No quiero hacerte problema, pero será mejor que pasí la cámara antes que te apuñale.
-¡No quiero! – Intenta deshacerse del brazo que la resiste. La persona le muestra una cuchila que asoma de su chaqueta. El rostro de Antonia se torna pálido, la transpiración se pega a su frente helada.
-Me la robaron – con voz quebrada, apoya su rostro en el hombro de David, este queda mirando un punto fijo inmóvil. Le hace cariño en su cabello.
-Vamos a buscarla.
-¿Estay más hueón?, el hueón tenía una cuchilla.
-Vamos, dime quién es.
-Amor, no, ven – Toma de los brazos a David y se acuestan juntos en el sofá. Antonia frunce el ceño mientras tiene los ojos cerrados, cae una lágrima de su ojo derecho. David se percata de esto y le hace cariño en su rostro.
-Todo va a estar bien, amor – Antonia sonríe.
En la radio de una micro se sintoniza la 99.3fm, suena un reggaeton. Las personas apretadas, entre ellas está Estefanía con gesto agotador. Es de noche. Muchas parejas que están en la plaza comienzan a abrigarse, los faroles desfilan sus luces, el viento otorga movimiento a los columpios vacíos. El reloj con forma de triángulo marca las 20:43pm. Los ojos de Antonia se abren, se quedan fijos unos segundos, está en posición fetal, mira a David que tiene los ojos cerrados, siente su respiración en su frente, sonríe. El brazo de este rodea su estomago. Antonia se levanta. El brazo de David cae en el cojín, abre los ojos, bosteza, se refriega los ojos. Antonia se encuentra a oscuras en el baño, sentada, en un rincón, con la cabeza apoyada en sus rodillas. Mueve su cabeza de un lado a otro, sus dedos rasguñan su falda.
-¿Antonia?, ¿Estay bien?
-¡Si!... Estoy bien.
-Voy a comprar puchos, ¿Te traigo algo? – Antonia se levanta, aprieta el interruptor, la luz se prende. Mira su rostro en el espejo del baño, está ojeroso, con la poca pintura negra corrida y sus mejillas sonrojadas. Abre la llave del lavamanos, la deja correr.
-¡Espera, voy contigo! – Sentía pánico de estar sola, necesitaba salir a tomar aire, despejarse, sentirse segura, a salvo. Junta agua en sus dos manos juntas y se moja la cara. Suspira cabizbaja, se suena, corta la llave, quita el seguro de la manilla y abre la puerta. David viste un vestón gris, ella apoya su rostro en su hombro, lo abraza con mucha fuerza, David cierra los ojos y hace lo mismo.
-Te amo – le susurra al oído – Las manos de Antonia arrugan el vestón de la parte trasera de David. Los dos caminan de la mano, el viento helado se impregna en David que camina con la vista al frente, Antonia camina cabizbaja, viste un poleron negro con un gorro que tapa su perfil. La persona que hurtó la cámara de Antonia se encuentra parado en una esquina, apoyado en el frontis de un edificio. Antonia se percata de esto y aprieta la mano de David.
-¿Qué pasa amor?
-Nada – le dice mientras mira el suelo. Comienza a apurar el paso. Los latidos de Antonia comienzan a aumentar su velocidad, como una aguja que atraviesa un voodoo, como si cada latido bombeara ácido y sal. La persona los queda mirando de reojo. David entra a una botillería, Antonia lo acompaña. Pide los cigarros y salen, le ofrece uno a Antonia, ella lo rechaza, David prende el cigarro y camina. Pasan nuevamente al lado de la persona, esta mira a David, Antonia esconde su rostro mientras mira el suelo.
-¿Qué hueá te pasa?
-Sácame la chucha po culiao, ¿No soy tan choro?, Ya po, pégame – suelta la mano de Antonia.
-¡David, no! – Antonia grita mientras su novio se pone en posición de pelea. La persona logra ver el rostro de Antonia.
-Aaaah, pero si tú soy la cabrita de la cámara, jajaja, y tú supongo que soy el pololito ¿Cierto? – David mira a Antonia - ¿El te robó la cámara?
-Si, pero vámonos, por favor. David vuelve a mirar a la persona.
-Sí, por tu culpa, a mi hijo no le hubiera pasado esto si no se hubiera ido contigo, yo lo cuidaba, yo le daba de todo... yo lo cuidaba – Estefanía quiebra su voz y se pone a llorar de manera exasperada. Los ojos de Antonia cada vez son más grandes, su rostro está pálido. De un pasillo aparece el doctor con David sentado en una silla de ruedas, su mirada está cabizbaja. Estefanía se rompe a llorar nuevamente. Los ojos de Antonia se tornan anaranjados, se pone su mano en la boca mientras se muerde el dedo índice. Nico mira a través del vidrio de la entrada principal, le avisa a Pancho, este bota el cigarro prendido, ingresan. Todos miran a David, él no mira a nadie. Afuera del hospital se encuentra sentado Nico junto a Pancho, que sigue fumando con la vista perdida. Estefanía mira a Antonia.
-Quiero que esta noche se quede a dormir conmigo, ¿Me oiste? – Antonia asiente mientras tiene los brazos cruzados. La ambulancia sale de un subterráneo, Estefanía ingresa en él. Se aleja. Pancho y Nico se acercan a Antonia.
-No... no se preocup...
-En serio, no hay problema – Interrumpe Nico.
-No, en serio, no se preocupen.
Nico y Pancho se despiden de Antonia, esta los queda mirando. En el taxi, Antonia mira el paisaje de manera nebulosa.
-Muchas gracias – Le entrega el valor del viaje y se retira. Camina cabizbaja, sin mirar a nadie. Busca las llaves en su bolso, no las encuentra, alguien la agarra fuertemente del brazo, es el asaltante. Le susurra al oido.
-¿Y tu pololito?, ¿Dónde está? – Antonia no contesta, nada tiene sentido, no siente sus pasos, todo le parece un pésimo chiste – Dobla acá. Se meten a un lugar oscuro, rodeado de plantas y arbustos. La persona le pone su mano en la boca, con la otra roza su entrepierna, cada vez más brusco. Antonia alcanza a emitir un gemido violento, de negación, de ruptura.
-Un grito más y te entierro el cuchillo, ¿Ah?, ¿Te gustaría? – Antonia niega con su cabeza. La persona sigue frotando su mano en la entrepierna de Antonia, rápidamente baja el cierre de su pantalón y saca su pene, Antonia mira al cielo.
Ricardo Iturrieta
[2008]

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