jueves, 27 de marzo de 2008

PUEDE SER MEJOR

“¿Y si en verdad me dejas sola?”

-Ya po mamá, no llorí, te voy a venir a ver luego.

Estefanía Rabello está cabizbaja, viste un vestido rojo, una camisa color crema que acompaña una falda burdeo, la pelirroja chasquilla con laca cubre sus ojerosos ojos cincuentones, llenos de lágrimas que acarician las manos apoyadas en su frente. David la mira fijamente, acerca su mano al hombro de su madre pero esta retiene el gesto. David suspira. Suena el teléfono. David suelta dos bolsos de sus manos, tiene un bolso colgando.

-¿Buenas tardes?
-¡Hola amor!
-Hola mi vida, ¿Cómo estay? – Estefanía lo queda mirando y se retira a la cocina.
-Bien, oye, ¿Estay listo?
-Si, voy saliendo.
-Ya, nos vemos entonces. Te amo.
-Yo también amor.

Corta la llamada, queda mirando a su madre, pero esta sigue cabizbaja. La abraza.


“Todo final puede ser un principio”


En Parque Forestal se respira un aire acogedor; cualquier persona es bienvenida: familias que quieren despejarse del claustro de día Sábado, niños que quieren un algodón de dulce o una paleta, parejas sadomasoquistas, escolares con resaca, abuelos nostálgicos, asaltantes, gitanas, borrachos en busca de alguna droga barata, de todo. El acuerdo que tuvo Antonia con David era vivir cerca de este parque. Lo que más apasiona a Antonia Rubillot es sacarle fotos a los árboles contrastando con el cielo. Habitualmente sale a las distintas calles de Santiago para capturar momentos y colores con su cámara Canon EOS 500N, donde no hay nada que se escape del diafragma cuando ella quiere detener ese instante. Antes de encarcelar su alrededor, visualiza mentalmente, encuadrando con un marco imaginario todo el espacio con sus respectivas sombras y tonos. Si ve una persona esperando un suceso – ya sea a una persona o movilización – que le llame la atención, lo captura. Así también con las calles maltratadas, añejas, sin cuidado. Le encanta fotografiar casas antiguas, más que todo, torres o residenciales, como las que hay por Diagonal Paraguay o por Teatinos.


-Amor, voy a salir a sacar fotos.

-Bueno, ¿Te acompaño?
-Sabes mi respuesta.
-Bueno... que te vaya bien.
-Chao.

Antonia se acerca a David y se despide de un apasionado beso.

-¿Cuándo te vay a vestir?
-Cuando termine esta escena, amor.

-Bueno, me voy, chao.

Cierra la puerta. David Zúñiga se encuentra en su pieza, sentado, con una polera negra donde sale un cerdito diciendo “Eat Me” y con un short que usa de pijama. Escribe frente a su computador. Desde que vive junto a Antonia, su ritmo de vida cambió radicalmente, se siente más responsable con el sólo hecho de tener una impresora al lado de un estante lleno de libros. Antes tenía que ir a su universidad para imprimir lo que escribía, ahora no, todo está a sus manos. Otra cosa que ha cambiado de él es su capacidad de controlar sus ansias; todos tenemos ansias de algo, de un chocolate, de algo dulce o salado, pero en el caso de David era alcohol, siempre necesitaba alcohol cuando no veía una película, escuchaba un disco o leía un libro, sobretodo cuando estaba solo. Cuando escribía, necesitaba deshacer ese delirium tremens que invadía su cuerpo, que cada sorbo de alcohol era una idea nueva y un vaso lleno era una escena lista. Ahora no, ya no necesita una cerveza, sino que un vaso de agua y un cigarro. Sigue escribiendo, se detiene, prende un cigarro. Fuma dos caladas y deja el cigarro encima de un cenicero redondo color café, con elefantes de aluminio en su interior, toma un sorbo de agua y sigue escribiendo. De un equipo Sony suena el tema Serenity de John Coltrane. En su rostro se dibuja una sonrisa mientras siente ese sonido como de metralleta de su teclado.

Y es así es como nos depara la vida; la existencia precede a la esencia, por eso estás llorando: No tienes lo segundo.


-¡Fin!. Excelente hueón...

David clickea el mouse, la impresora comienza a imprimir lo escrito. Agarra el cigarro y lo comienza a fumar mientras se pasea por su habitación. El tema sigue sonando. David se pasea de un lado a otro mientras fuma, el sonido de la impresora sigue el mismo ritmo. Se sienta y tira las cenizas al cenicero, sigue fumando, mira a su alrededor: Las paredes burdeo, en la que acompaña su computador y el estante se aprecia un afiche enmarcado de la película Magnolia. En el que está al lado de su cama color naranja hay una foto enmarcada de John Cage y fotos en blanco y negro que han sido tomadas por Antonia; paisajes, torres, catedrales y ellos dos juntos. La hojas se terminan de imprimir. David apaga el monitor y se desviste, deja la ropa encima de la silla y se dirige a la ducha.


“Algunas cosas no cambian”

Estefanía está sentada frente al televisor mientras toma té de su plato. En la pantalla se aprecia una madre que llora mirando a las cámaras.

-Yo a mi hijo lo quiero ¿Sabe?, pero él no ha tenido consideración, o sea, yo le di todo... y estoy desesperada, no sé que hacer para ubicarlo, ni siquiera me llama, y yo daría mi vida por él ¿Sabe? - Estefanía se levanta mientras la señora en la pantalla sigue llorando.

Antonia camina por el parque, viste una polera negra, falda verde oscuro, zapatillas convers, cintillo rojo y aros cuadrados de color naranjo. De su cuello cuelga su cámara. Mira atentamente su alrededor mientras camina. En los columpios ve una señora que columpia a su hijo, él ríe, ella suspira, Antonia encuadra. Sigue caminando.

Se escucha el sonido de la ducha en el living del departamento. De la pieza se escucha a Coltrane interpretando Joy. David tiene los ojos cerrados, apoya su frente a las baldosas celestes con figuritas marinas, la ducha cae en su espalda. Se jabona.


¿A esto llegaste?, ¿Escribir cuentos para fondos?, ¿Para concursos?, ¿Para escribir historias para que las actúen como la mierda?, ¿Qué pasó con ese David idealista, seudo anarquista, que quería cambiar la economía social de mercado?, ¿Dónde quedó hueón?... ¿Y si no te financian esta historia?, ¿Vay a esperar 3 meses más para escribir otra genial historia, hueón?, ¿Seguir dependiendo de tu vieja?, ¿Seguir sentado escribiendo relatos culi...


Suena el teléfono. David suspira y se retira el jabón con las gotas otorgadas por la ducha. Envuelve su cuerpo mojado en una toalla azul con delfines, atraviesa sus pies con sus chalas submarinas y se dirige al teléfono mientras tirita.

-¿Buenas tardes?
-¡Buena hueón!
-¿Quién habla?
-¡¿Quién habla?! (en tono de burla – parecido a Epidemia)
-¿Cómo le va a la señora?
-Bien po’, ¿Y tú?, Tan desaparecido que andai culiao.
-Puta, si sé, pero acá estoy po’ hueón, ¿En qué andai?
-Nada, acá con Pancho planeando algo que hacer hoy en la noche.
-Dale, buena, puta, podríamos juntarnos en un bar.
-¿En un bar?, en tu departamento po culiao, pa estrenarlo.
-Sale hueón, no carreteamos acá, mejor salgamos.
-Puta el culiao mija, oye, Pancho quiere hablar contigo, espera.... Buena petizo.
-Buena hueón, ¿Cómo estay?
-Acá, libreta, oye, carretiemos hoy po’ hueón, no te pongai marica.
-Para nada, si le estaba diciendo al Nico que vayamos a un bar.
-¿Y porqué a un bar hueón?, llegamos a tu departamento y piola.
-No es mío, y no, no queremos carretear acá hueón.
-¿Ataos?
-No sé si ataos, acuerdo más que nada, que todo en realidad.
-Ah dale.... ¡Macabeo!
-Jajajaja, que es hueón. Si po, los hecho de menos, salgamos en la noche a un bar de por acá.
-Aaaaay, verdad que vive en el centro la marica, ¿Y dónde chucha querí ir hueón?
-Al Clandestino, no sé.
-Dale, dile a tu novia que vaya también.
-No creo que quiera ir, pero le digo, ¿A qué hora nos juntamos?
-Tipín diez y media, tamos’ dao’.
-Dale... ¿Te tinca a las diez y media en Telepizza?
-Vo’ seguí igual culiao, los mismos lugares hueón.
-Claro, algunas cosas no cambian po’ colorín culiao.
-Ya petizo, nos vemos... El Nico dice que no te volvía tan loco.
-Oka, nos vemos, chao.

David corta la llamada. Teclea en su computador, cambia de disco. Suena el tema World Looking In de Morcheeba. Se dirige a la ducha. Esta vuelve a emitir el ruido del agua.


“Todo va a estar bien”

Antonia apoya sus rodillas en el pasto y encuadra a una pareja que compra algodón de azúcar. Sonríe mientras aprieta el botón. En su rostro aparece una sombra.

-¿Disculpa?, ¿Tení hora? – Antonia mira al tipo que viste una chaqueta de cuero café claro sobre una camisa negra y jeans oscuros.
-No – Sigue encuadrando su alrededor.
-¿No tení un cigarro que me convidí? – Antonia frunce el ceño y le hace un gesto de negación. La persona se arrodilla y se acerca a su oído.
-No quiero hacerte problema, pero será mejor que pasí la cámara antes que te apuñale.

Antonia abre los ojos sin mirarlo, se levanta y sigue caminando hacia un punto fijo, la persona la sujeta de un hombro violentamente.

-Ya, pasa la cámara cabrita.
-¡No quiero! – Intenta deshacerse del brazo que la resiste. La persona le muestra una cuchila que asoma de su chaqueta. El rostro de Antonia se torna pálido, la transpiración se pega a su frente helada.

Estefanía se mira en el espejo del baño, sombrea sus párpados de color celeste. Apaga la luz y se dirige a su pieza, hecha un celular en su cartera, acaricia a una gata que está durmiendo en la cama y se retira.

David está en el baño, se seca el pelo con su toalla, se peina con un cepillo con espejo. Se hecha desodorante Axe en barra y se pone una polera morada donde hay un barquillo blanco dibujado. De la puerta se escuchan unas llaves chocar, entra Antonia cabizbaja. David sale del baño mientras se pone unos pantalones negros.

-Hola amor, ¿Tan pronto llegaste? – Al ver a Antonia cabizbaja sin contestarle se acerca a ella - ¿Qué pasa?, ¿Dónde está tu cámara? – Le mira el cuello.
-Me la robaron – con voz quebrada, apoya su rostro en el hombro de David, este queda mirando un punto fijo inmóvil. Le hace cariño en su cabello.
-Vamos a buscarla.
-¿Estay más hueón?, el hueón tenía una cuchilla.
-Vamos, dime quién es.
-Amor, no, ven – Toma de los brazos a David y se acuestan juntos en el sofá. Antonia frunce el ceño mientras tiene los ojos cerrados, cae una lágrima de su ojo derecho. David se percata de esto y le hace cariño en su rostro.
-Todo va a estar bien, amor – Antonia sonríe.


“¡No puedo creer lo que está pasando!”


En la radio de una micro se sintoniza la 99.3fm, suena un reggaeton. Las personas apretadas, entre ellas está Estefanía con gesto agotador. Es de noche. Muchas parejas que están en la plaza comienzan a abrigarse, los faroles desfilan sus luces, el viento otorga movimiento a los columpios vacíos. El reloj con forma de triángulo marca las 20:43pm. Los ojos de Antonia se abren, se quedan fijos unos segundos, está en posición fetal, mira a David que tiene los ojos cerrados, siente su respiración en su frente, sonríe. El brazo de este rodea su estomago. Antonia se levanta. El brazo de David cae en el cojín, abre los ojos, bosteza, se refriega los ojos. Antonia se encuentra a oscuras en el baño, sentada, en un rincón, con la cabeza apoyada en sus rodillas. Mueve su cabeza de un lado a otro, sus dedos rasguñan su falda.

-¿Antonia? – Se escucha desde el living. Ella sigue inmóvil, rasgándose la falda. La manilla redonda de la puerta se gira, esta no se abre, comienza a sonar.
-¿Antonia?, ¿Estay bien?
-¡Si!... Estoy bien.
-Voy a comprar puchos, ¿Te traigo algo? – Antonia se levanta, aprieta el interruptor, la luz se prende. Mira su rostro en el espejo del baño, está ojeroso, con la poca pintura negra corrida y sus mejillas sonrojadas. Abre la llave del lavamanos, la deja correr.
-¡Espera, voy contigo! – Sentía pánico de estar sola, necesitaba salir a tomar aire, despejarse, sentirse segura, a salvo. Junta agua en sus dos manos juntas y se moja la cara. Suspira cabizbaja, se suena, corta la llave, quita el seguro de la manilla y abre la puerta. David viste un vestón gris, ella apoya su rostro en su hombro, lo abraza con mucha fuerza, David cierra los ojos y hace lo mismo.
-Te amo – le susurra al oído – Las manos de Antonia arrugan el vestón de la parte trasera de David. Los dos caminan de la mano, el viento helado se impregna en David que camina con la vista al frente, Antonia camina cabizbaja, viste un poleron negro con un gorro que tapa su perfil. La persona que hurtó la cámara de Antonia se encuentra parado en una esquina, apoyado en el frontis de un edificio. Antonia se percata de esto y aprieta la mano de David.
-¿Qué pasa amor?
-Nada – le dice mientras mira el suelo. Comienza a apurar el paso. Los latidos de Antonia comienzan a aumentar su velocidad, como una aguja que atraviesa un voodoo, como si cada latido bombeara ácido y sal. La persona los queda mirando de reojo. David entra a una botillería, Antonia lo acompaña. Pide los cigarros y salen, le ofrece uno a Antonia, ella lo rechaza, David prende el cigarro y camina. Pasan nuevamente al lado de la persona, esta mira a David, Antonia esconde su rostro mientras mira el suelo.
-Flaco, ¿Me convidai un cigarro? – David intenta sacar uno de su bolsillo – O si querí me dai la cajetilla entera, antes que te saque la chucha – esto último se lo dice cerca de su oído. David lo queda mirando con el ceño fruncido.

Estos hijos de puta me han hecho la vida imposible, ¡Basta!, ni ahí que me mate, ni ahí que me saque la mierda y me deje en el hospital, este conchesumadre cagó, no le tengo miedo a morir, no vale la pena vivir con miedo.


-Sácamela po hueón.
-¿Qué hueá te pasa?
-Sácame la chucha po culiao, ¿No soy tan choro?, Ya po, pégame – suelta la mano de Antonia.
-¡David, no! – Antonia grita mientras su novio se pone en posición de pelea. La persona logra ver el rostro de Antonia.
-Aaaah, pero si tú soy la cabrita de la cámara, jajaja, y tú supongo que soy el pololito ¿Cierto? – David mira a Antonia - ¿El te robó la cámara?
-Si, pero vámonos, por favor. David vuelve a mirar a la persona.

Hijo de puta, vivir no tiene sentido si existen estos culiaos.


Repentinamente, David se estrella frente al asaltante, comienza a pegarle rodillazos en su entrepierna, la persona saca un cuchillo y se lo entierra en un brazo, David intenta conectar un golpe en su mentón pero la persona logra escaparse, David corre tras él.

-¡Amor, ven! – La voz de Antonia se quiebra.

David tiene un objetivo, nada más importa, corre sin alejar la mirada del tipo que corre. Se escucha una fuerte bocina. Unas llantas se frenan rápidamente. El cráneo de David se estrella en el parabrisas de un auto. Las rodillas de Antonia caen fuertemente al piso, se cubre el rostro mientras grita desesperada.

En el hospital se encuentra Nico, Pancho, Antonia y Estefanía, esta mira con rabia a Antonia, que sujeta su mano derecha en sus piernas mientras la apoya alrededor de su boca, sus ojos están abiertos en vista de nada específico. Pancho sale a fumarse un cigarro, Nico lo acompaña. Estefanía sigue mirando a Antonia.

-Todo esto es por tu culpa, ¿Sabes? – Antonia la queda mirando sin decir nada.
-Sí, por tu culpa, a mi hijo no le hubiera pasado esto si no se hubiera ido contigo, yo lo cuidaba, yo le daba de todo... yo lo cuidaba – Estefanía quiebra su voz y se pone a llorar de manera exasperada. Los ojos de Antonia cada vez son más grandes, su rostro está pálido. De un pasillo aparece el doctor con David sentado en una silla de ruedas, su mirada está cabizbaja. Estefanía se rompe a llorar nuevamente. Los ojos de Antonia se tornan anaranjados, se pone su mano en la boca mientras se muerde el dedo índice. Nico mira a través del vidrio de la entrada principal, le avisa a Pancho, este bota el cigarro prendido, ingresan. Todos miran a David, él no mira a nadie. Afuera del hospital se encuentra sentado Nico junto a Pancho, que sigue fumando con la vista perdida. Estefanía mira a Antonia.
-Quiero que esta noche se quede a dormir conmigo, ¿Me oiste? – Antonia asiente mientras tiene los brazos cruzados. La ambulancia sale de un subterráneo, Estefanía ingresa en él. Se aleja. Pancho y Nico se acercan a Antonia.
-¿Querí que te vayamos a dejar a tu departamento?
-No... no se preocup...
-En serio, no hay problema – Interrumpe Nico.
-No, en serio, no se preocupen.

Nico y Pancho se despiden de Antonia, esta los queda mirando. En el taxi, Antonia mira el paisaje de manera nebulosa.

¡No puedo creer que esto esté pasando!, ¿Y si de verdad queda inválido para siempre?... ¿Qué voy a hacer?, ¿Qué va a ser de nosotros?, ¿Podré seguir amándolo?, ¿Podré verlo con los mismos ojos?... Tendría que hacer todo por él, es doble tarea... No, no puedo vivir así, no... ¡¿Porqué nos pasa esto?!, ¿Y el sexo?, ¿Será lo mismo?, No seas estúpida Antonia, obvio que no será lo mismo, quizás hasta nisiquiera se le erecte... ¡¿Porqué?!... Quizás todo esto esté destin....


-Ya señorita, llegamos – Le interrumpe el señor que conduce el taxi.
-Muchas gracias – Le entrega el valor del viaje y se retira. Camina cabizbaja, sin mirar a nadie. Busca las llaves en su bolso, no las encuentra, alguien la agarra fuertemente del brazo, es el asaltante. Le susurra al oido.
-Quédate callaita cabrita y camina no más – Antonia abre los ojos, está dispuesta a morirse, a que todo esto es un chiste del que creemos que existe, que el destino no existe, que todo ha acabado.
-¿Y tu pololito?, ¿Dónde está? – Antonia no contesta, nada tiene sentido, no siente sus pasos, todo le parece un pésimo chiste – Dobla acá. Se meten a un lugar oscuro, rodeado de plantas y arbustos. La persona le pone su mano en la boca, con la otra roza su entrepierna, cada vez más brusco. Antonia alcanza a emitir un gemido violento, de negación, de ruptura.
-Un grito más y te entierro el cuchillo, ¿Ah?, ¿Te gustaría? – Antonia niega con su cabeza. La persona sigue frotando su mano en la entrepierna de Antonia, rápidamente baja el cierre de su pantalón y saca su pene, Antonia mira al cielo.

¡¿Porqué permites que esto pase?!, ¡¿Porqué?! ¡Te odio con toda mi alma!, ¡Me cago en todo el cristianismo, en todo!


Por cada penetración que recibía, más era su sentimiento de ateismo, de desintegración, de asquerosidad, la repugnancia la hacía sentirse ahogada. Antonia cierra los ojos y de repente se logra escapar de las manos del asaltante, lo mira frunciendo el ceño y grita con toda sus fuerzas.

-¡¿Porqué?!.... ¡Eri un conchesumadre!, ¡Por gente como tú este mundo culiao está así!... ¿¡¡¡Porqué?!!!.

Los ojos de Antonia se abren, se quedan fijos unos segundos, está en posición fetal, mira a David que tiene los ojos cerrados, siente su respiración en su frente, sonríe. El brazo de este rodea su estomago, la respiración de Antonia es agitada, su corazón martillea cada vez más fuerte, su garganta está seca, todo ha sido un sueño, un estúpido y patético sueño. Mira a David que está con los ojos cerrados, sonríe y lo besa. Suena Radar Maker de la banda Mogwai. La vida no puede ser mejor…


Ricardo Iturrieta
[2008]

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