"No me llore, no me ría, que ya no le creo, ya no le compro...
Parece que aún no asume su cobardía, su vergüenza de haber nacido antes... ¿No se siente culpable? ¿No? Ay que pena, porque ella se ha matado, y por tu culpa, egoísta culiao"... (David Zúñiga)
-¿Teni una monea?
-No señorita, no, no.
-¿Y si te la chupo me dariai una gambita?
-...No, no...no
Esa era la rutina de Marcela: Prostituír su cuerpo y dignidad para olvidar su miseria de vida con una botella de vino. Pero a pesar de su escasez de dinero, ella tenía un tesoro: Sergio. Él tenía 13 años y en la escuela siempre lo molestaban e insultaban a su madre.
-Oye Sergio. ¿Verdad que tu mamá le chupa el pene al director?
-Oye Sergio, dile a tu vieja que se bañe.
-Oye Sergio, tu vieja siempre anda drogada, ¿No te da vergüenza?
Sergio estaba acostumbrado a comentarios, que por cierto, no eran rumores. Pero a él no le importaba, él amaba a su madre a pesar del olor a trago barato que traía todas las noches y de su disléxico y ahogado vocabulario.
-¿Quin ie m' hijo?
-¿Qué?
-¿Quin ie m' hijo?
-Mami, no te entiendo.
-¿Quién e' mi hijo?
-Yo mami - Sergio le sonríe y abraza a su madre.
Para el primer día de clases de Sergio, su madre recién venía llegando a la casa. Se tuvo que despertar solo y servirse el desayuno él mismo.
-Mami. ¿Me vas a dejar al colegio?
-No puedo ahora. Estoy agotada.
-Mami. ¿Porqué estás llorando?
-Por nada, váyase a la escuela, luego me cuenta cómo le fue.
Cualquier niño odiaría a una madre como Marcela, pero Sergio la amaba, no podría haber peor pérdida que no ver a su madre, era todo para él. El padre de Marcela era un alcohólico que se dedicaba a ser proxeneta, y su primer cliente fue gracias a su hija cuando tenía 14 años. Ni siquiera tuvo la oportunidad de conocer lo que era un recreo luego de estar en una sala de clases. Ella siempre fue curiosa y su mayor sueño fue querer a la escuela, y al no obtenerlo ese anhelo fue remplazado por tener un hijo que tuviera esa opción, para cuando llegue a la casa luego de un día de escuela le cuente las novedades de ese privilegio que es estudiar y aprender cosas. Marcela tuvo que aprender de la vida, nunca supo leer. A los 15 años se escapó de la casa para hacer su propia vida, su propio camino. Alojaba en un putrefacto y maloliente subterráneo de un bar, a cambio del alojamiento ella bailaba y exhibía su cuerpo a los clientes; pero eso sólo era el alojamiento, sus bienes primarios los satisfacía a cambio del dinero que le otorgaban la gente de bien económico en busca de carne ajena. Ella siempre exigía que su cliente tuviera condón, por una cosa de higiene.
-¿Condón?, ¿De adonde saliste puta de mierda?
-Disculpa, pero yo me cuido.
-¿Cuidarte?. Pero si sólo eres una prostituta.
-Que se cuida.
-¡Ándate a la mierda!
Fue violada tras recibir un fuerte golpe en su nuca. Así nació Sergio. Tras una violación, no quiso y no podía abortar, ni para anticonceptivos le alcanzaba el escaso dinero que reunía en una noche. Ahora su preocupación era él, su tesoro, su única razón de existir. Su objetivo era que no sufra lo mismo que ella, que tenga educación. Para eso se necesita dinero, y eso se consigue trabajando o prestando un servicio: ella prestaba su cuerpo. A medida que Sergio iba creciendo, aumentaba el insomnio y las pocas horas en casa. Llegó a un acuerdo con el director de un colegio; ese trato consistía en que la mensualidad se pagaba por sexo oral. Así Marcela se sentía orgullosa escuchando a su hijo contar las historias de su escuela, de los profesores, de sus compañeros. A su vez, ella aprendía a leer con su hijo, fue un golpe duro para Sergio cuando descubrió que su propia madre no sabía leer ni escribir.
-Mami, ¿Léeme un cuento?
-Eeeehm...no puedo.
-¿Porqué no puedes mami?, ¿Estás cansada?
-No mi ángel, no sé leer.
A pesar de todos los insultos y lo que se comenta de la madre de Sergio, él la ama. Las madres de sus compañeros tenían lo que se dice "un trabajo digno", y podían otorgarles lo que su madre no podía: televisión por cable, pan con jamón, juguetes. Su único juguete fue un delgado muñequito relleno con algodón que tejió él mismo, lo fue hasta que uno de sus compañeros se lo rompió.
-¡Feliz navidad hueón!. - Reía sin cesar mientras el algodón se esparcía por el cemento.
Sergio era uno de los mejores alumnos del colegio, se sentaba de los primeros y sólo disponía de un lapiz grafito, media goma de borrar y dos cuadernos, uno con tapa roja y el otro amarillo; el primero era para los tres primeros días de la semana, el otro para los dos siguientes. La adolescencia es el desequilibrio de la niñez y la vejez, Sergio ya no es un niño, tampoco adolece de algo, pues él tiene un gran tesoro: Su madre.
-No señorita, no, no.
-¿Y si te la chupo me dariai una gambita?
-...No, no...no
Esa era la rutina de Marcela: Prostituír su cuerpo y dignidad para olvidar su miseria de vida con una botella de vino. Pero a pesar de su escasez de dinero, ella tenía un tesoro: Sergio. Él tenía 13 años y en la escuela siempre lo molestaban e insultaban a su madre.
-Oye Sergio. ¿Verdad que tu mamá le chupa el pene al director?
-Oye Sergio, dile a tu vieja que se bañe.
-Oye Sergio, tu vieja siempre anda drogada, ¿No te da vergüenza?
Sergio estaba acostumbrado a comentarios, que por cierto, no eran rumores. Pero a él no le importaba, él amaba a su madre a pesar del olor a trago barato que traía todas las noches y de su disléxico y ahogado vocabulario.
-¿Quin ie m' hijo?
-¿Qué?
-¿Quin ie m' hijo?
-Mami, no te entiendo.
-¿Quién e' mi hijo?
-Yo mami - Sergio le sonríe y abraza a su madre.
Para el primer día de clases de Sergio, su madre recién venía llegando a la casa. Se tuvo que despertar solo y servirse el desayuno él mismo.
-Mami. ¿Me vas a dejar al colegio?
-No puedo ahora. Estoy agotada.
-Mami. ¿Porqué estás llorando?
-Por nada, váyase a la escuela, luego me cuenta cómo le fue.
Cualquier niño odiaría a una madre como Marcela, pero Sergio la amaba, no podría haber peor pérdida que no ver a su madre, era todo para él. El padre de Marcela era un alcohólico que se dedicaba a ser proxeneta, y su primer cliente fue gracias a su hija cuando tenía 14 años. Ni siquiera tuvo la oportunidad de conocer lo que era un recreo luego de estar en una sala de clases. Ella siempre fue curiosa y su mayor sueño fue querer a la escuela, y al no obtenerlo ese anhelo fue remplazado por tener un hijo que tuviera esa opción, para cuando llegue a la casa luego de un día de escuela le cuente las novedades de ese privilegio que es estudiar y aprender cosas. Marcela tuvo que aprender de la vida, nunca supo leer. A los 15 años se escapó de la casa para hacer su propia vida, su propio camino. Alojaba en un putrefacto y maloliente subterráneo de un bar, a cambio del alojamiento ella bailaba y exhibía su cuerpo a los clientes; pero eso sólo era el alojamiento, sus bienes primarios los satisfacía a cambio del dinero que le otorgaban la gente de bien económico en busca de carne ajena. Ella siempre exigía que su cliente tuviera condón, por una cosa de higiene.
-¿Condón?, ¿De adonde saliste puta de mierda?
-Disculpa, pero yo me cuido.
-¿Cuidarte?. Pero si sólo eres una prostituta.
-Que se cuida.
-¡Ándate a la mierda!
Fue violada tras recibir un fuerte golpe en su nuca. Así nació Sergio. Tras una violación, no quiso y no podía abortar, ni para anticonceptivos le alcanzaba el escaso dinero que reunía en una noche. Ahora su preocupación era él, su tesoro, su única razón de existir. Su objetivo era que no sufra lo mismo que ella, que tenga educación. Para eso se necesita dinero, y eso se consigue trabajando o prestando un servicio: ella prestaba su cuerpo. A medida que Sergio iba creciendo, aumentaba el insomnio y las pocas horas en casa. Llegó a un acuerdo con el director de un colegio; ese trato consistía en que la mensualidad se pagaba por sexo oral. Así Marcela se sentía orgullosa escuchando a su hijo contar las historias de su escuela, de los profesores, de sus compañeros. A su vez, ella aprendía a leer con su hijo, fue un golpe duro para Sergio cuando descubrió que su propia madre no sabía leer ni escribir.
-Mami, ¿Léeme un cuento?
-Eeeehm...no puedo.
-¿Porqué no puedes mami?, ¿Estás cansada?
-No mi ángel, no sé leer.
A pesar de todos los insultos y lo que se comenta de la madre de Sergio, él la ama. Las madres de sus compañeros tenían lo que se dice "un trabajo digno", y podían otorgarles lo que su madre no podía: televisión por cable, pan con jamón, juguetes. Su único juguete fue un delgado muñequito relleno con algodón que tejió él mismo, lo fue hasta que uno de sus compañeros se lo rompió.
-¡Feliz navidad hueón!. - Reía sin cesar mientras el algodón se esparcía por el cemento.
Sergio era uno de los mejores alumnos del colegio, se sentaba de los primeros y sólo disponía de un lapiz grafito, media goma de borrar y dos cuadernos, uno con tapa roja y el otro amarillo; el primero era para los tres primeros días de la semana, el otro para los dos siguientes. La adolescencia es el desequilibrio de la niñez y la vejez, Sergio ya no es un niño, tampoco adolece de algo, pues él tiene un gran tesoro: Su madre.
Ricardo Iturrieta
[2005]

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