jueves, 10 de abril de 2008

SIEMPRE HA SIDO ASÍ

Me veo envuelto en una situación complicada, eso lo sabes, y no entiendo en realidad porque escribo esto, sólo quiero que me digas el porqué decidiste acostarte con mi padre. (David)

Vemos el reflejo de David riéndose a la luz del sol. Se encuentra en el baño de una shopería. El putrefacto olor a cloro barato mezclado con jugo de naranja untado en una miga de pan (llámese vómito) provoca una carcajada en David; quien prefiere considerarse personaje que persona, actor que espectador. Entonces, vemos a este personaje que se vuelve a sentar en la silla de plástico blanco frente a las 3 botellas de cerveza vacías. Se encuentra solo, mirando a las demás personas que lo rodean por medio de las botellas. Las figuras color café se convierten en diferentes tamaños. Mira a su izquierda y hace una seña a la persona que atiende.

-¿Diga?
-Outr ssschvessa
-Disculpe, ¿no le entiendo?
-...Otra...cer...veza!.
-En seguida.

De su bolsillo derecho saca un billete y se lo entrega a la persona. Suspira y mantiene las manos en su cabeza mientras apoya sus codos en la mesa, cierra los ojos y mira hacia abajo. Todo está oscuro mientras luces celestes hacen juego con otras verdes mientras se mueven en espiral alrededor de unas amarillas. Este juego de círculos y figuras es interrumpida por el sonido de la cerveza que es puesta en la mesa, David levanta su vista, destapa la botella y se la lleva al baño. Desequilibradamente apoya su codo izquierdo en la muralla mientras sostiene la botella con su mano derecha. Ingresa al baño y cierra la puerta. Mira el escaso entorno y se ríe al ver una pared rayada que dice “Si te demorai en cagar, aprieta cachete”. Se sienta en el inodoro y mira la botella que se encuentra llena. Mueve su cintura circularmente hacia la derecha para hacer sonar algunos huesos de la espalda, mira nuevamente la botella, suspira y de un largo sorbo el alcohol queda registrado en la botella por donde empieza la etiqueta principal, que es más de la mitad. Su perdida mirada se centra en las blancas baldosas mojadas, mira la botella, cierra los ojos y repite el acto con los ojos cerrados. Los círculos de colores se convierten en una gran ola morada que aumenta su densidad de tono por cada sorbo que traga. El ardor en la garganta aumenta, el estomago pesa por cada cantidad de alcohol que baja, el agridulce manjar cosquillea cada vez el cerebro. Sólo queda la escasa espuma de la cerveza, la botella queda vacía y la deja al costado izquierdo del inodoro. Se levanta, abre la puerta y frunce el ceño al recibir un soberbio y etílico “Buen rostro compadre” de una anónima persona, de esas que se olvidan en 5 segundos. Mantiene su vista perdida en alto y se retira del local. La música disminuye su volumen por cada paso que avanza. Mira a su izquierda y una sonrisa se dibuja en su rostro. El Condominio se ve menos agradable que antes, hay un rechazo en sus descuidados colores descascarados. Se decide a entrar. Cada vez que se acerca presiente que la madre de Silvana evitará el encuentro con su hija, a David no le preocupa; ella desconoce lo que acaba de hacer su protegida y angelical hija intocable, pero quizás son sólo alucinaciones seudo esquizoides. Baja los respectivos peldaños de cemento y abre la puerta de vidrio, nuevamente no mira a la persona con corbata roja y camisa blanca que se encuentra en recepción y sigue su camino, aprieta el botón, se abre la puerta del ascensor, ingresa al claustro y presiona el botón número 2, se cierran las puertas, se voltea y se mira al espejo con vaga vanidad. El pálido rostro hace resaltar las ojeras color café. Todo está en silencio, se acerca afueras de la puerta del departamento, se agacha y desliza el sobre con el mensaje por un diminuto espacio abajo la puerta. Apura el paso y hace el mismo trayecto en viceversa. Al salir del condominio, cruza y se queda sentado en un paradero, con la vaga esperanza de que Silvana salga en su encuentro con ira y desesperada rabia a debatirle y desmentir tal hecho. Nada de eso ocurre. Al tomar la micro se adjudica los audífonos y aprieta play: Suena el dramático sonido de la banda Alemana Einsheiligh. La catatónica música lo hunde en abismo, mira el paisaje y no lo acepta, y es mejor que así sea: no da para más. ¿Porqué aceptar que quien jura fidelidad y respeto se acueste con el progenitor del que confió palabras de incierta inocencia?. Nada puede ser peor, todo le provoca asco, todo atuendo debe ser rajado y destrozado en el acto libidinoso impulsivo, nadie puede ocultar el deseo de culpa, del placer sado-masoquista, de lo más perverso, todos mienten; de eso está convencido hasta su propia vergüenza, ¿y no es por eso que la mayoría de las personas culpan a los demás de aprovechadores siendo que se maquillan?, por algo existe el maquillaje: invita una provocación, mejor dicho a un "mírame y tócame", o un “déjame ser tuya por una noche”.

-¿Qué te pasa?
-¿Qué tendría que pasarme?
-¿De dónde sacaste eso?
-Te vi.
-Erí una mierda, no sé porqué te llamé.

Al parecer Silvana leyó el mensaje y se dio cuenta de la desesperación de su supuesto receptor al auricular. ¿Sirve dar detalles?, ¿sirve explicar si en verdad Silvana conoció al padre de David para perder su virginidad con él?. Quizás ni así sea, en lo que respecta a David, todo está escrito, la especie de Polka-gitana lo hace sonreír y borrar de su cabeza que todo esto es ficticio, que todo está en su cabeza y que al menos provocó una reacción a esa persona. El personaje se desliza, la persona resbala. Y es que no tiene otro nombre que ese: persona.


Ricardo Iturrieta
[2005]

No hay comentarios: