domingo, 20 de abril de 2008

SONRISA DE MIEL

La miel radiaba a la luz del sol, el fresco pasto cantaba con su verde aroma al rededor de las flores, todas eran bellas y hermosas, sus colores transmitían alegría al opaco y seco ambiente de al frente: La ciudad, el cemento y el tibio e indiferente altar del comercio; con edificios, baldosas, máquinas y fábricas contaminando el aire con humo. ¿Qué sería de las flores sin aire, agua y sol?. Todas las flores se encontraban cantando, radiantes al angelical y maravilloso atardecer, pero había una que todas envidiaban; era la más hermosa pero pequeña a diferencia de las demás, ella era una amapola, pero esta rompía el margen de toda moral florística: ella era especial, resaltaba de las otras; sus enemigas. Sus pétalos eran de color violeta, su suave tallo era de fina y delgada textura. Al otro lado del jardín, en un profundo y oscuro refugio bajo tierra se encontraba una cuncuna reposando. Su aspecto era pálido, estático, de monótona y fría tristeza inerte. Mientras sus amigas y amigos jugaban y reían al son del viento, él prefería descansar y estar solo.

-¿Quieres jugar amiga cuncuna?
-Aún no puedo, no puedo salir sin ver la luz.

¿Qué significaba la luz?, metafóricamente podría tratarse de sentir amor o una fuerza que quiebre el vidrio de soledad, pero al parecer, la luz se trataba de algo mucho más intenso. Sus amiguitas y amiguitos cantaban en armonía, habían encontrado esa luz, ya eran mariposas, hermosas y radiantes; libres de volar por todo el jardín.

Todos los amaneceres era lo mismo, cuando el sol cosquilleaba las montañas para dar su entrega, la dueña del jardín abría las cortinas del ventanal y regaba sus flores. La única que agradecía a esa suave y fresca agua era la amapola color violeta.

-Gracias

La señora le guiñe el ojo izquierdo y hace entrada a la cocina. Luego de recibir su baño, la amapola comienza a cantar mirando el sol, siempre empezaba con intro afinando un "Lara lin lara laaa", mientras las otras flores susurraban su envidia hacia ella.

-¿Qué es lo que se cree esa caprichosa y falsa diva?
-Ay no sé, ¡La odio!. Se cree la mejor.
-Y siempre con esa patética sonrisita, como si se pudiera andar siempre feliz.

Pero no era así, su sonrisa no era patética, más bien era el reflejo de su alma, y así lo es en todo. Lo que más se debería considerar importante es el rostro de cada ser vivo; una mirada puede hablarnos en silencio, al igual que las lágrimas, que son las que se encargan de limpiar nuestras desilusiones y malos momentos. Ella sonreía, su escasa pero valiosa filosofía era "El mundo nos da agua, luz y aire, agradezcámosle con una sonrisa", y eso es lo que hacía: sonreír.

En el otro extremo del jardín había un árbol, en el cual se encontraba un panal de abejas con malas intenciones, ellas se encargan de robar la dulzura y belleza de las flores, con el único fin de sentirse superiores e inmortales. Dicen que uno vive a través de la muerte ajena, de eso se trataba su trabajo.

-¿Te fijaste en la nueva flor?
-No. ¿Qué tiene?
-Se ve que tiene buena miel.
-¡Habrá que quitársela!

Las malvadas abejas tenían planeado hacer su robo al otro día. El cielo torna un somnífero color naranjo, la tarde llega a su fin y las flores empiezan a bostezar. Las mariposas cierran sus alas para descansar. La cuncuna se ahoga en su silencio inmortal y las abejas vuelan ansiosas sin dirección, emocionadas por realizar su plan. Al día siguiente todo era normal, lo único diferente era que nadie sabía las intenciones de las abejas. ¿Para qué construir con tanto esfuerzo algo tan bello que será destruido por una fuerza maligna?. Mientras las flores envidiaban el agradecimiento de la amapola, las abejas se dirigían hacia ellas, en ese mismo instante las mariposas jugaban y cantaban felices, la cuncuna seguía refugiado en su soledad y angustia de no encontrar la luz; su fría transpiración estaba pegada en su pálido cuerpo seco. Seco de angustia, seco de no poder llorar más; pues su sufrimiento ya no se reflejaba en el llanto. Siendo que el día estaba iluminado, él se encontraba tiritando, pero no era de frío ni miedo, sino que estaba cansado de sentir ese amargo ácido que corre en sus venas que corta su respiración; llámese soledad o desesperación. Llega un momento que se queda quieto por varios segundos, abre sus ojos y por primera vez se denota una sonrisa en su rostro. ¡Había encontrado la luz!. Una extraña pero a la vez excitante sensación empieza a experimentar su cuerpo, sus pesadas ojeras desaparecen, su arrugada frente ploma se encoge, su seco y áspero cuerpo torna una suavidad como la seda o el algodón. Su espalda se endereza y de ella aparecen dos preciosas alas color naranjo: era una mariposa. Cuando aprende a equilibrar su cuerpo se dispone a salir, mirar el sol y volar. Sus amiguitas y amiguitos se acercaron rápidamente al ver que su amiga cuncuna al fin se decidió a salir; en sus aleteos se denotaba una desesperada urgencia.

-¡Amiga cuncuna!, ¡ayúdanos a salvar a las flores!, ¡hay una invasión de abejas!

Sin entender de qué se trataba lo que acaba de escuchar, se une al grupo y se dirigen al otro lado del jardín. Para la cuncuna convertida hoy en una mariposa con alas naranjas todo era nuevo, el aire entraba en todo su cuerpo, el sonido del viento tras el zumbido de sus alas cosquilleaban su rostro. Al ver la cantidad de abejas atacando a las flores, las mariposas se miran entre sí y se deciden a distraer su ataque. La naranja mariposa se queda estacionada por unos momentos, ¿la razón?: ella, la amapola color violeta; estaba siendo atacada por una de las abejas, su ahogados gritos de auxilio lo llamaban. En los ojos de la amapola brillaba el ahogo, en los de la abeja ardía la llama, en los de la naranja mariposa brillaba la luz; la luz que recién había encontrado y que en ese momento se enriquecía aún más. Dirige su desequilibrado vuelo hacia la abeja.

-¡Déjame bribón! - gritaba la amapola.
-¡¿Te crees tan linda?, ahora verás lo que es lindo, te quitaré tu miel, a ver quién es el lindo ahora.

A pocos metros de la abeja, la naranja mariposa alcanza a distraer a la abeja, esta, en su enojo, persigue el desequilibrado vuelo de la mariposa. Al ver que su inadaptado vuelo era más rápido que el de él, la abeja apunta su lanceta y se dispone a atacar. Para vivir a veces hay que matar, en el caso de la abeja era autodestructivo, pues al destruir algo vivo se daba muerte a sí misma: utilizando su lanceta. La naranja mariposa mira hacia atrás y lo único que pudo ver fue a la amapola en medio de un montón de flores marchitas: aún estaba con vida, pero al volver su rostro al cielo se encontraba la abeja con una luciferina risa y con su lanceta a centímetros de su rostro. La mariposa alcanza a girar su cuerpo hacia su izquierda, bloqueando el ataque con su ala derecha, dando paso a que la abeja se dirija rápidamente hacia una roca tras atravesar la suave y delicada ala de su oponente. Las nubes fueron testigos del trágico espectáculo. La abeja se encuentra agonizando sus últimas palabras mientras su cuerpo se extingue junto a su lanceta rota, la sonrisa de la amapola vuelve a su rostro más iluminada que antes, la naranja mariposa pierde el vuelo, estrellándose en el pasto, junto a la amapola.

-¿Te encuentras bien? - pregunta la amapola.
-Lo estaré en un tiempo, siempre que aceptes ser tu salvador.
-Tenlo por hecho, has salvado que se roben mi dulce miel.
-Lo amargo se alimenta de lo dulce, yo ahora entiendo eso al encontrar tu grito de auxilio.

La amapola le sonríe, apoya sus pétalos color violeta en las alas de la naranja mariposa. El sol hoy brilla más que antes, el fresco pasto mojado huele a esperanza, el cielo no parece infinito y las nubes tejen ilusión. ¿Y no es así el amor?.


Ricardo Iturrieta
[2005]

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