domingo, 20 de abril de 2008

ÚLTIMO SUSPIRO

¿Seré un solitario desesperado? ¿Alguien que aún no encuentra lo que busca?, quizás buscar cierre las puertas al encontrar. Imaginarse personajes para no sentirse abandonado. Una niña cortando una rosa, con su barbie despeinada en su mano mientras sonríe porque hay sol, porque el cielo está despejado, porque hay nubes y no tormentas. Una copa de vino, una banda Argentina sonando mientras escribo, los monótonos beats junto a líricas que transmiten traición e infidelidad, pararse a bailar solo, imaginando, borrando, recordando, último suspiro. ¿Porqué uno escribe?, ¿porqué no acepto las cosas como son?, ¿porqué sigo siendo el soñador despierto que no se quiere ahogar?. El grito en silencio, que aclama nada más que sentirse querido, no como amigo, no como un consejero. Un espejo que afirma el lamento.

Estoy sentado en la arena de una playa que imagino, donde las olas me dicen que no estoy solo, que tengo una hermosa familia que me quiere y amigos que se preocupan por mí. Mucha música que he conocido, muchos beats, muchas sinfonías, demasiadas escenas que quiero construir, cosechar tras la destrucción, el arrepentirse y pedir perdón. Todo está en creer, en tener fé; antes era una palabra que desconocía y negaba. Desprenderse del dolor y sonreír aunque todo esté mal, aunque nada nos resulte. Enamorarse y desear estar junto a la persona que no nos corresponde, que piensa en otro sujeto, en otro sueño. ¿Porqué sigo escribiendo?, ¿porqué me transformo en un masoquista que sigue escuchando la banda Argentina que habla de ilusión desesperada?. El bien para el mal, la injusticia para quien conoce lo que es justo, lágrimas para quienes anhelan sonreír, eso soy yo: Un número impar que quiere encajar, que quiere adaptarse, que está solo. ¿Podría parecer esto como un desesperado grito de no querer sentirse vacío?, ¿sirve escribir esto?, ¿habrá que preguntarse siempre para encontrar?, ¿o simplemente la interrogativa es un adorno?. "Mezclemos nuestros colores" canta la banda Argentina con sus beats y suspiros asfixiantes. Yo sigo sentado en el trono de la desesperación, en la agonía. Dicen que después de la tormenta sale la luz, pero sólo es un dicho. Puede ser que sea el domingo que me tiene así, escribiendo esto, debe ser porque es el fin del ciclo, el puntapié al comienzo de una nueva semana, de un nuevo sueño, de un suspiro, de una esperanza. Todo está en creer, no me aburriré de decirme eso a mi mismo; y creo que no todo está mal, que encontraré a alguien que me abrace mientras acaricie el teclado, mientras nuestras retinas aprecien Punch-Drunk Love o simplemente sonría tras una descuidada frase ingeniosa. Un balde de agua fría puede ser reemplazado por unos Doritos mientras se escucha un Kid A de Radiohead, o ver una buena película, incluso ver a Julia Roberts proyectándola en Closer. Creerse mariposa y volar libremente mientras la envidia y el odio nos tratan de hacer descender, el encontrarse con esa amapola danzarina del arco iris mágico, ¿lindo no?. Todo está en creer, y creo que lo que estás leyendo lo entiendes. La frase anterior podría haber sido el final para este texto, pero quiero redondear, para ver si sigues leyendo. Hola, que estés bien, mejor termino con esa frase y dejo de llenar espacio en tu tiempo. Todo está en creer, y creo que lo que estás leyendo lo entiendes.

Ricardo Iturrieta
[2005]

TE CREES ESPECIAL

Mi cerebro habla por mí, no puedo pronunciar con palabras las confesiones que me dice. La palabra ni siquiera es locura, sino que desesperación, la espera aburre, se vuelve monótona. ¿Qué escribo?, ¿Para qué lo hago?. ¿Para no seguir tomándome el vaso de ron con Coca-cola y que esa canción moldeada en mi nostalgia sólo suene mientras escribo?. No entiendas, no se puede; ni siquiera lo intentes, sólo lee. Escribo, para alejarme del sufrimiento, para crear historias, una vida ilusa: Ilusión. Lo que se debe sentir cuando uno deja el mundo debe ser esto, alejarse, recordar sin tener el presente, olvidar. La sagrada escritura no está en los libros, está en los ojos de los que buscan. Un maldito cliché, un ahogo interno, una búsqueda a algo que nos encuentra, una poesía alegre, un canto, un coro. No puedo escribir historias en este estado. Lo voy a intentar.

David se encuentra sentado en su cama, mirando al televisor apagado, viendo su reflejo, sus brillosos ojos mientras suena la canción. El dato: Retrovertigo, de la agrupación Mr.Bungle creada por Mike Patton: su ídolo, su figura, su molde; y es la canción que quiere que suene cuando muera, para que su familia, amigos y gente que le hizo daño escuche ese agridulce sentido que Mike Patton transmite, aunque no lo entiendan. Nostalgia y recuerdos que no se esfuman con esa canción. La radio concierto, cuando era la 101.7 (antes de convertirse en Fm Hit). Iba en la micro con su madre en dirección a un centro de compras lejos de su casa, él con su pérsonal stereo escuchando esa radio, el último tema que escuchaba era Retrovertigo. Ahora lo escucha y su cabeza se ahoga en recuerdos, en ínfimos paisajes que no puede sentir, al no verlos, al no poder olerlos, verlos, oírlos, tocarlos. David se para, deja su vaso de ron y se sienta, en su trono, de la unión cibernética, pero Internet no funciona, se dedica a escribir, mientras suena el ya mencionado tema de Mr.Bungle. Suena el teléfono y es ella, su recuerdo, su lamento al no tenerlo.

-¿Aló?
-¿Aló, David?
-Si.
-Hola
-Hola...¿Porqué llamas?
-Quería saber como estás.
-Mal ¿Cómo quieres que esté después de lo de anoche?
-¿Qué pasó anoche?

Nada había pasado. El personaje que creó David y que ahora no se lo puede sacar le comentó que Silvana había intentado suicidarse, y que él no pudo hacer nada debido a su borrachera. Era una noche de sábado. Ella estaba tirada en el patio de la casa de una compañera de universidad de él, en Vitacura, mientras todos comentaban el libro de Aristóteles a la próxima prueba de guión, con sus vasos con alcohol y bebida, algunos mirando el espectáculo etílico, escuchando la música, esperando que alguien les hable. David estaba sentado con su amigo, riéndose, observando cada detalle, cada mueca, diminutos signos. La voz le dice a David que vaya al patio, se encontraba Silvana tirada en el piso, él observaba, mirando las estrellas, ella no existe, no estaba, es la imaginación y creación que su voz le da.


-¿No te acordai?
-¿De qué?
-De lo que intentaste hacer anoche en la fiesta.
-¿Qué fiesta?
-...Ya, estay hueándo.
-¿Qué fiesta?, Anoche no salí

A) Estaba molestando, b) Probó una droga y no se acuerda, c) Quiere llamar la atención para recibir un "Te quiero".

-No te acuerdas. Bueno, anoche te intentaste matar.
-¿De qué estay hablando?
-Ya chao.

Deja el auricular, cuelga, va a la pieza, sigue escribiendo. La canción sigue sonando. El ya mencionado Mike Patton, en Repeat All del Cd walkman azul. Se sirve otro trago, el mismo, pero más fuerte, traga un largo sorbo, su cerebro siente un cosquilleo. Al encender un cigarro se acuerda de la canción que da final a The Fight Club, se trata de Where is my mind? de la banda Pixies.

Tu cabeza colapsa, y no hay nada ahí
y te pregustas a ti mismo
¿Dónde está tu mente?
¿Dónde está tu mente?

David odiaba ir a fiestas seudo alternativas de antiguas personas que él estimaba, donde se encontraba a un grupo de colegialas con androgenadas mentes de televisión cantando esa canción, sin saber el significado excepto el coro. Hoy él se convierte en ese cliché, con la diferencia que está sentado, junto un vaso de ron, lamentando y olvidando lo que hizo. ¿Qué es lo que hizo?. Sólo él lo sabe. Tú lees, ¿Porqué crees que lo estás leyendo?. ¿Acaso te importo, o simplemente te crees especial?. Sí, te crees especial.


Ricardo Iturrieta
[2005]

AGRIDULCE QUERER

"No me llore, no me ría, que ya no le creo, ya no le compro...
Parece que aún no asume su cobardía, su vergüenza de haber nacido antes... ¿No se siente culpable? ¿No? Ay que pena, porque ella se ha matado, y por tu culpa, egoísta culiao"... (David Zúñiga)


-¿Teni una monea?
-No señorita, no, no.
-¿Y si te la chupo me dariai una gambita?
-...No, no...no

Esa era la rutina de Marcela: Prostituír su cuerpo y dignidad para olvidar su miseria de vida con una botella de vino. Pero a pesar de su escasez de dinero, ella tenía un tesoro: Sergio. Él tenía 13 años y en la escuela siempre lo molestaban e insultaban a su madre.

-Oye Sergio. ¿Verdad que tu mamá le chupa el pene al director?
-Oye Sergio, dile a tu vieja que se bañe.
-Oye Sergio, tu vieja siempre anda drogada, ¿No te da vergüenza?

Sergio estaba acostumbrado a comentarios, que por cierto, no eran rumores. Pero a él no le importaba, él amaba a su madre a pesar del olor a trago barato que traía todas las noches y de su disléxico y ahogado vocabulario.

-¿Quin ie m' hijo?
-¿Qué?
-¿Quin ie m' hijo?
-Mami, no te entiendo.
-¿Quién e' mi hijo?
-Yo mami - Sergio le sonríe y abraza a su madre.

Para el primer día de clases de Sergio, su madre recién venía llegando a la casa. Se tuvo que despertar solo y servirse el desayuno él mismo.

-Mami. ¿Me vas a dejar al colegio?
-No puedo ahora. Estoy agotada.
-Mami. ¿Porqué estás llorando?
-Por nada, váyase a la escuela, luego me cuenta cómo le fue.

Cualquier niño odiaría a una madre como Marcela, pero Sergio la amaba, no podría haber peor pérdida que no ver a su madre, era todo para él. El padre de Marcela era un alcohólico que se dedicaba a ser proxeneta, y su primer cliente fue gracias a su hija cuando tenía 14 años. Ni siquiera tuvo la oportunidad de conocer lo que era un recreo luego de estar en una sala de clases. Ella siempre fue curiosa y su mayor sueño fue querer a la escuela, y al no obtenerlo ese anhelo fue remplazado por tener un hijo que tuviera esa opción, para cuando llegue a la casa luego de un día de escuela le cuente las novedades de ese privilegio que es estudiar y aprender cosas. Marcela tuvo que aprender de la vida, nunca supo leer. A los 15 años se escapó de la casa para hacer su propia vida, su propio camino. Alojaba en un putrefacto y maloliente subterráneo de un bar, a cambio del alojamiento ella bailaba y exhibía su cuerpo a los clientes; pero eso sólo era el alojamiento, sus bienes primarios los satisfacía a cambio del dinero que le otorgaban la gente de bien económico en busca de carne ajena. Ella siempre exigía que su cliente tuviera condón, por una cosa de higiene.

-¿Condón?, ¿De adonde saliste puta de mierda?
-Disculpa, pero yo me cuido.
-¿Cuidarte?. Pero si sólo eres una prostituta.
-Que se cuida.
-¡Ándate a la mierda!

Fue violada tras recibir un fuerte golpe en su nuca. Así nació Sergio. Tras una violación, no quiso y no podía abortar, ni para anticonceptivos le alcanzaba el escaso dinero que reunía en una noche. Ahora su preocupación era él, su tesoro, su única razón de existir. Su objetivo era que no sufra lo mismo que ella, que tenga educación. Para eso se necesita dinero, y eso se consigue trabajando o prestando un servicio: ella prestaba su cuerpo. A medida que Sergio iba creciendo, aumentaba el insomnio y las pocas horas en casa. Llegó a un acuerdo con el director de un colegio; ese trato consistía en que la mensualidad se pagaba por sexo oral. Así Marcela se sentía orgullosa escuchando a su hijo contar las historias de su escuela, de los profesores, de sus compañeros. A su vez, ella aprendía a leer con su hijo, fue un golpe duro para Sergio cuando descubrió que su propia madre no sabía leer ni escribir.

-Mami, ¿Léeme un cuento?
-Eeeehm...no puedo.
-¿Porqué no puedes mami?, ¿Estás cansada?
-No mi ángel, no sé leer.

A pesar de todos los insultos y lo que se comenta de la madre de Sergio, él la ama. Las madres de sus compañeros tenían lo que se dice "un trabajo digno", y podían otorgarles lo que su madre no podía: televisión por cable, pan con jamón, juguetes. Su único juguete fue un delgado muñequito relleno con algodón que tejió él mismo, lo fue hasta que uno de sus compañeros se lo rompió.

-¡Feliz navidad hueón!. - Reía sin cesar mientras el algodón se esparcía por el cemento.

Sergio era uno de los mejores alumnos del colegio, se sentaba de los primeros y sólo disponía de un lapiz grafito, media goma de borrar y dos cuadernos, uno con tapa roja y el otro amarillo; el primero era para los tres primeros días de la semana, el otro para los dos siguientes. La adolescencia es el desequilibrio de la niñez y la vejez, Sergio ya no es un niño, tampoco adolece de algo, pues él tiene un gran tesoro: Su madre.


Ricardo Iturrieta
[2005]

SONRISA DE MIEL

La miel radiaba a la luz del sol, el fresco pasto cantaba con su verde aroma al rededor de las flores, todas eran bellas y hermosas, sus colores transmitían alegría al opaco y seco ambiente de al frente: La ciudad, el cemento y el tibio e indiferente altar del comercio; con edificios, baldosas, máquinas y fábricas contaminando el aire con humo. ¿Qué sería de las flores sin aire, agua y sol?. Todas las flores se encontraban cantando, radiantes al angelical y maravilloso atardecer, pero había una que todas envidiaban; era la más hermosa pero pequeña a diferencia de las demás, ella era una amapola, pero esta rompía el margen de toda moral florística: ella era especial, resaltaba de las otras; sus enemigas. Sus pétalos eran de color violeta, su suave tallo era de fina y delgada textura. Al otro lado del jardín, en un profundo y oscuro refugio bajo tierra se encontraba una cuncuna reposando. Su aspecto era pálido, estático, de monótona y fría tristeza inerte. Mientras sus amigas y amigos jugaban y reían al son del viento, él prefería descansar y estar solo.

-¿Quieres jugar amiga cuncuna?
-Aún no puedo, no puedo salir sin ver la luz.

¿Qué significaba la luz?, metafóricamente podría tratarse de sentir amor o una fuerza que quiebre el vidrio de soledad, pero al parecer, la luz se trataba de algo mucho más intenso. Sus amiguitas y amiguitos cantaban en armonía, habían encontrado esa luz, ya eran mariposas, hermosas y radiantes; libres de volar por todo el jardín.

Todos los amaneceres era lo mismo, cuando el sol cosquilleaba las montañas para dar su entrega, la dueña del jardín abría las cortinas del ventanal y regaba sus flores. La única que agradecía a esa suave y fresca agua era la amapola color violeta.

-Gracias

La señora le guiñe el ojo izquierdo y hace entrada a la cocina. Luego de recibir su baño, la amapola comienza a cantar mirando el sol, siempre empezaba con intro afinando un "Lara lin lara laaa", mientras las otras flores susurraban su envidia hacia ella.

-¿Qué es lo que se cree esa caprichosa y falsa diva?
-Ay no sé, ¡La odio!. Se cree la mejor.
-Y siempre con esa patética sonrisita, como si se pudiera andar siempre feliz.

Pero no era así, su sonrisa no era patética, más bien era el reflejo de su alma, y así lo es en todo. Lo que más se debería considerar importante es el rostro de cada ser vivo; una mirada puede hablarnos en silencio, al igual que las lágrimas, que son las que se encargan de limpiar nuestras desilusiones y malos momentos. Ella sonreía, su escasa pero valiosa filosofía era "El mundo nos da agua, luz y aire, agradezcámosle con una sonrisa", y eso es lo que hacía: sonreír.

En el otro extremo del jardín había un árbol, en el cual se encontraba un panal de abejas con malas intenciones, ellas se encargan de robar la dulzura y belleza de las flores, con el único fin de sentirse superiores e inmortales. Dicen que uno vive a través de la muerte ajena, de eso se trataba su trabajo.

-¿Te fijaste en la nueva flor?
-No. ¿Qué tiene?
-Se ve que tiene buena miel.
-¡Habrá que quitársela!

Las malvadas abejas tenían planeado hacer su robo al otro día. El cielo torna un somnífero color naranjo, la tarde llega a su fin y las flores empiezan a bostezar. Las mariposas cierran sus alas para descansar. La cuncuna se ahoga en su silencio inmortal y las abejas vuelan ansiosas sin dirección, emocionadas por realizar su plan. Al día siguiente todo era normal, lo único diferente era que nadie sabía las intenciones de las abejas. ¿Para qué construir con tanto esfuerzo algo tan bello que será destruido por una fuerza maligna?. Mientras las flores envidiaban el agradecimiento de la amapola, las abejas se dirigían hacia ellas, en ese mismo instante las mariposas jugaban y cantaban felices, la cuncuna seguía refugiado en su soledad y angustia de no encontrar la luz; su fría transpiración estaba pegada en su pálido cuerpo seco. Seco de angustia, seco de no poder llorar más; pues su sufrimiento ya no se reflejaba en el llanto. Siendo que el día estaba iluminado, él se encontraba tiritando, pero no era de frío ni miedo, sino que estaba cansado de sentir ese amargo ácido que corre en sus venas que corta su respiración; llámese soledad o desesperación. Llega un momento que se queda quieto por varios segundos, abre sus ojos y por primera vez se denota una sonrisa en su rostro. ¡Había encontrado la luz!. Una extraña pero a la vez excitante sensación empieza a experimentar su cuerpo, sus pesadas ojeras desaparecen, su arrugada frente ploma se encoge, su seco y áspero cuerpo torna una suavidad como la seda o el algodón. Su espalda se endereza y de ella aparecen dos preciosas alas color naranjo: era una mariposa. Cuando aprende a equilibrar su cuerpo se dispone a salir, mirar el sol y volar. Sus amiguitas y amiguitos se acercaron rápidamente al ver que su amiga cuncuna al fin se decidió a salir; en sus aleteos se denotaba una desesperada urgencia.

-¡Amiga cuncuna!, ¡ayúdanos a salvar a las flores!, ¡hay una invasión de abejas!

Sin entender de qué se trataba lo que acaba de escuchar, se une al grupo y se dirigen al otro lado del jardín. Para la cuncuna convertida hoy en una mariposa con alas naranjas todo era nuevo, el aire entraba en todo su cuerpo, el sonido del viento tras el zumbido de sus alas cosquilleaban su rostro. Al ver la cantidad de abejas atacando a las flores, las mariposas se miran entre sí y se deciden a distraer su ataque. La naranja mariposa se queda estacionada por unos momentos, ¿la razón?: ella, la amapola color violeta; estaba siendo atacada por una de las abejas, su ahogados gritos de auxilio lo llamaban. En los ojos de la amapola brillaba el ahogo, en los de la abeja ardía la llama, en los de la naranja mariposa brillaba la luz; la luz que recién había encontrado y que en ese momento se enriquecía aún más. Dirige su desequilibrado vuelo hacia la abeja.

-¡Déjame bribón! - gritaba la amapola.
-¡¿Te crees tan linda?, ahora verás lo que es lindo, te quitaré tu miel, a ver quién es el lindo ahora.

A pocos metros de la abeja, la naranja mariposa alcanza a distraer a la abeja, esta, en su enojo, persigue el desequilibrado vuelo de la mariposa. Al ver que su inadaptado vuelo era más rápido que el de él, la abeja apunta su lanceta y se dispone a atacar. Para vivir a veces hay que matar, en el caso de la abeja era autodestructivo, pues al destruir algo vivo se daba muerte a sí misma: utilizando su lanceta. La naranja mariposa mira hacia atrás y lo único que pudo ver fue a la amapola en medio de un montón de flores marchitas: aún estaba con vida, pero al volver su rostro al cielo se encontraba la abeja con una luciferina risa y con su lanceta a centímetros de su rostro. La mariposa alcanza a girar su cuerpo hacia su izquierda, bloqueando el ataque con su ala derecha, dando paso a que la abeja se dirija rápidamente hacia una roca tras atravesar la suave y delicada ala de su oponente. Las nubes fueron testigos del trágico espectáculo. La abeja se encuentra agonizando sus últimas palabras mientras su cuerpo se extingue junto a su lanceta rota, la sonrisa de la amapola vuelve a su rostro más iluminada que antes, la naranja mariposa pierde el vuelo, estrellándose en el pasto, junto a la amapola.

-¿Te encuentras bien? - pregunta la amapola.
-Lo estaré en un tiempo, siempre que aceptes ser tu salvador.
-Tenlo por hecho, has salvado que se roben mi dulce miel.
-Lo amargo se alimenta de lo dulce, yo ahora entiendo eso al encontrar tu grito de auxilio.

La amapola le sonríe, apoya sus pétalos color violeta en las alas de la naranja mariposa. El sol hoy brilla más que antes, el fresco pasto mojado huele a esperanza, el cielo no parece infinito y las nubes tejen ilusión. ¿Y no es así el amor?.


Ricardo Iturrieta
[2005]

PERFUME DE PIEL



"Una caricia helada, una tormenta que no se anticipa, una hoja que cruje con susurro de esperanza, estación mental que florece en invierno y olvida cuando todo se llena de ilusión, un sol que sale tras las nubes, una flor que nace al melodía de su oxigeno y luz. Una banca recién pintada, una salida no encontrada. Traicionado cemento gris con rostro de pérdida, una mirada que grita en silencio, una lápida que pide perdón, un nacimiento tras una muerte, ciclo en neutralización. Reflejo buscado en el cielo, euforia auto-engañada, refugio ahogado, fingir fidelidad mediocre. Una herida que arde al palpar, una lágrima que no termina de quemar, un consuelo que se evita, mutualismo inadaptado. Ya no se puede confiar en quien nos ha permitido olvidar, la solidaridad y felicidad son almas gemelas, consiste en una ilusión, ambas son ilusas. Pregunta al nacer, respuesta al morir. Olvidar que se puede salir adelante, rendirse a una tumba. La vida se consume, se trata de entender lo que no hemos experimentado. Noche sin estrellas, se pierde el sueño, se apaga el encuentro".


Un día en el que llueve es para Víctor una especie de inspiración para crear y moldear sus sentidos en una hoja de papel, en este caso, en su computadora - siempre le hubiera gustado escribir en una verdadera máquina de escribir. Guarda lo que acaba de escribir, se levanta de la silla, se dirige a la ventana a mirar la lluvia. Víctor Arriagada vive en una casita de un refrescante color naranjo. Las cortinas color celestes dan el matiz perfecto de ausencia y espera. Mirando por la ventana mientras la lluvia sonaba en un ritmo polimétrico se encuentra suspirando a cada gota que ganaba una carrera mientras suena esa lamentable pero exquisita sinfonía. La tetera suena y se sirve un café, y eso es significativo; es la espera, se quiera o no, de una llamada, de una mirada, de una oportunidad. La tormenta sigue, no para; igual que el dolor, progresivo, en aumento cuando se está en ausencia de un rico y suave perfume de piel. Víctor da una vuelta con carismática gracia y ritmo al son de esa sinfonía mientras sostiene su linda tacita color morado con el recién creado café: adicción que aumenta ojeras y piel áspera, que te inyecta sangre en los ojos y te hace ver todo de una manera más rápida si se tiene imaginación. Sigue lloviendo, su mirada se fija atentamente en la vereda del exterior. Una sonrisa se dibuja en el rostro, el café huele a esperanza, la ciudad se ve más traicionada, pasiva, intacta: como una trompeta sin soplido, un violín frotado por juego, una lágrima sin ardor, una caricia sin brillo. Después de todo, la vida tiene un sentido - se diría alguien que lo apuntan con una pistola afuera de su casa u oficio. Víctor no se auto-engaña más: era necesario olvidar, terminar con ser iluso y respirar de nuevo un nuevo aire. Lo de anoche no era terrible, quizás algo vergonzoso y poco digno o ético, pero no terrible; esa noche hubo mucha droga, psicodelia, confusión, adulterio, capricho, una mujer que guiñe el ojo, una mirada mutua, un gesto que te invita a tomar iniciativa, el trago, la escalera, la cama, el ardor, el sudor de aquella persona, la puerta con llave. Un helado suspiro sale de su genocida ardor interno mientras ve la calle vacía. Y es que la lluvia tiene una simbología distinta para cada persona; para algunas es lamento por el seudo altruismo de ponerse en el lugar de la persona sin casa, para otros es el afinado instrumento para empezar un sinfónico lamento nostálgico, para Víctor era lo mismo que una vida que depende de un gatillo apretar, de una puerta con pestillo o el sonido de una foca de Valdivia: eufórica empatía anormal. Lo normal hubiera sido el seguir escuchando esa sinfonía que relaja tensiones, el sentarse y apoyar mejilla izquierda en una pierna mientras se escribe alguna historia improvisada, el suspirar por una linda escena de una buena obra humilde europea; pero no. Víctor se dirige al closet y saca su abrigo negro y rodea su cuello con su bufanda violeta, nuevamente se dirige a su ventana, se adjudica la cafeína de un corto y profundo sorbo, apaga la dulce sinfonía, agarra las llaves que están en la cocina y sale sin paraguas. Lo increíble es encontrarse en una calle, sola, sin nadie transitando, mojada y adornada de esa sádica y agresiva lluvia. En un acto de desesperada euforia empieza a bailar con ese sonido, con ese roce en su cuerpo; en ese momento se encuentra consigo mismo y deja de lado toda espera o encuentro: mirar al cielo, con ojos cerrados, mientras te dejas acariciar gota por gota es algo que ni Víctor puede explicar. Mientras se encuentra jugando a esquivar la lluvia y dejar de lado su dolor- que exteriormente se dice bailar - aparece una menuda joven de pelo negro hasta sus hombros, de silenciosa mirada tímida y asumida sonrisa fingida. Al ver el supuesto espectáculo que se encuentra haciendo Víctor, ella fija su mirada en él, una sonrisa se dibuja en su pálido rostro y sus ojos brillan, "quisiera estar con esa persona" se dijo a sí misma, baja la vista, ve el cemento mojado y sigue su camino. Lo irónico es que son vecinos, nunca han hablado y esa sería la oportunidad perfecta para empezar un diálogo con pretensión de tener un hijo y casarse, no lo han hecho. Lo ideal sería escribir que se conocen conversando, tomando café, escuchando Mozart, en un día sábado con lluvia. No siempre ocurren esas cosas, y mi querido amigo Víctor me odiaría por no adjudicarle ese final, pero en cierta parte me agradecería no haberlo hecho. ¿Y si esa muchachita sea una sádica mitómana escrupulosa y detallista que fastidia la lluvia?, ¿o una frígida y reservada paranoica celosa con traumas de sobre-protección?. Sea como sea, Víctor sigue siendo acariciado por la lluvia, un helado y perfumado roce en su piel.


Ricardo Iturrieta
[2005]

jueves, 10 de abril de 2008

SIEMPRE HA SIDO ASÍ

Me veo envuelto en una situación complicada, eso lo sabes, y no entiendo en realidad porque escribo esto, sólo quiero que me digas el porqué decidiste acostarte con mi padre. (David)

Vemos el reflejo de David riéndose a la luz del sol. Se encuentra en el baño de una shopería. El putrefacto olor a cloro barato mezclado con jugo de naranja untado en una miga de pan (llámese vómito) provoca una carcajada en David; quien prefiere considerarse personaje que persona, actor que espectador. Entonces, vemos a este personaje que se vuelve a sentar en la silla de plástico blanco frente a las 3 botellas de cerveza vacías. Se encuentra solo, mirando a las demás personas que lo rodean por medio de las botellas. Las figuras color café se convierten en diferentes tamaños. Mira a su izquierda y hace una seña a la persona que atiende.

-¿Diga?
-Outr ssschvessa
-Disculpe, ¿no le entiendo?
-...Otra...cer...veza!.
-En seguida.

De su bolsillo derecho saca un billete y se lo entrega a la persona. Suspira y mantiene las manos en su cabeza mientras apoya sus codos en la mesa, cierra los ojos y mira hacia abajo. Todo está oscuro mientras luces celestes hacen juego con otras verdes mientras se mueven en espiral alrededor de unas amarillas. Este juego de círculos y figuras es interrumpida por el sonido de la cerveza que es puesta en la mesa, David levanta su vista, destapa la botella y se la lleva al baño. Desequilibradamente apoya su codo izquierdo en la muralla mientras sostiene la botella con su mano derecha. Ingresa al baño y cierra la puerta. Mira el escaso entorno y se ríe al ver una pared rayada que dice “Si te demorai en cagar, aprieta cachete”. Se sienta en el inodoro y mira la botella que se encuentra llena. Mueve su cintura circularmente hacia la derecha para hacer sonar algunos huesos de la espalda, mira nuevamente la botella, suspira y de un largo sorbo el alcohol queda registrado en la botella por donde empieza la etiqueta principal, que es más de la mitad. Su perdida mirada se centra en las blancas baldosas mojadas, mira la botella, cierra los ojos y repite el acto con los ojos cerrados. Los círculos de colores se convierten en una gran ola morada que aumenta su densidad de tono por cada sorbo que traga. El ardor en la garganta aumenta, el estomago pesa por cada cantidad de alcohol que baja, el agridulce manjar cosquillea cada vez el cerebro. Sólo queda la escasa espuma de la cerveza, la botella queda vacía y la deja al costado izquierdo del inodoro. Se levanta, abre la puerta y frunce el ceño al recibir un soberbio y etílico “Buen rostro compadre” de una anónima persona, de esas que se olvidan en 5 segundos. Mantiene su vista perdida en alto y se retira del local. La música disminuye su volumen por cada paso que avanza. Mira a su izquierda y una sonrisa se dibuja en su rostro. El Condominio se ve menos agradable que antes, hay un rechazo en sus descuidados colores descascarados. Se decide a entrar. Cada vez que se acerca presiente que la madre de Silvana evitará el encuentro con su hija, a David no le preocupa; ella desconoce lo que acaba de hacer su protegida y angelical hija intocable, pero quizás son sólo alucinaciones seudo esquizoides. Baja los respectivos peldaños de cemento y abre la puerta de vidrio, nuevamente no mira a la persona con corbata roja y camisa blanca que se encuentra en recepción y sigue su camino, aprieta el botón, se abre la puerta del ascensor, ingresa al claustro y presiona el botón número 2, se cierran las puertas, se voltea y se mira al espejo con vaga vanidad. El pálido rostro hace resaltar las ojeras color café. Todo está en silencio, se acerca afueras de la puerta del departamento, se agacha y desliza el sobre con el mensaje por un diminuto espacio abajo la puerta. Apura el paso y hace el mismo trayecto en viceversa. Al salir del condominio, cruza y se queda sentado en un paradero, con la vaga esperanza de que Silvana salga en su encuentro con ira y desesperada rabia a debatirle y desmentir tal hecho. Nada de eso ocurre. Al tomar la micro se adjudica los audífonos y aprieta play: Suena el dramático sonido de la banda Alemana Einsheiligh. La catatónica música lo hunde en abismo, mira el paisaje y no lo acepta, y es mejor que así sea: no da para más. ¿Porqué aceptar que quien jura fidelidad y respeto se acueste con el progenitor del que confió palabras de incierta inocencia?. Nada puede ser peor, todo le provoca asco, todo atuendo debe ser rajado y destrozado en el acto libidinoso impulsivo, nadie puede ocultar el deseo de culpa, del placer sado-masoquista, de lo más perverso, todos mienten; de eso está convencido hasta su propia vergüenza, ¿y no es por eso que la mayoría de las personas culpan a los demás de aprovechadores siendo que se maquillan?, por algo existe el maquillaje: invita una provocación, mejor dicho a un "mírame y tócame", o un “déjame ser tuya por una noche”.

-¿Qué te pasa?
-¿Qué tendría que pasarme?
-¿De dónde sacaste eso?
-Te vi.
-Erí una mierda, no sé porqué te llamé.

Al parecer Silvana leyó el mensaje y se dio cuenta de la desesperación de su supuesto receptor al auricular. ¿Sirve dar detalles?, ¿sirve explicar si en verdad Silvana conoció al padre de David para perder su virginidad con él?. Quizás ni así sea, en lo que respecta a David, todo está escrito, la especie de Polka-gitana lo hace sonreír y borrar de su cabeza que todo esto es ficticio, que todo está en su cabeza y que al menos provocó una reacción a esa persona. El personaje se desliza, la persona resbala. Y es que no tiene otro nombre que ese: persona.


Ricardo Iturrieta
[2005]

jueves, 27 de marzo de 2008

MAQUILLAJE SANGUÍNEO

De un colorido vitral se trasluce el sol que se encuentra al exterior del recinto, muchas de las estatuas y figuras de yeso reflejan el sufrimiento de los demoníacos seres tras ser vencidos por dioses y ángeles En la iglesia todo está tranquilo, se respira un aire de conciente obediencia. Algunas personas se encuentran arrodilladas, gesticulando alguna oración de memoria o simplemente orando a su imagen divina. El sacerdote se encuentra con los ojos cerrados, al abrirlos se denota que su áspero rostro seco necesita descansar. Hace una seña para que las personas vuelvan a sus asientos y abre la Biblia en una página que está marcada con una tira de seda color marrón. Comienza a leer un versículo, la gente escucha atenta, otras mantienen su mirada en la imagen de Jesucristo que se encuentra detrás del cura y el coro. La reverberación de la tranquila voz del cura sigue. Distintos rostros y gestos se denotan en las personas; un señor de grueso y largo bigote blanco frunce el ceño y cruza las piernas, quiere ir al baño a orinar; una señora que está a su izquierda desvía la mirada hacia su hijo que ha empezado a llorar, luego de haberse defecado encima de sus pañales, esta interrupción desconcentra a la gran mayoría de las personas, la mujer se sonroja. Tras una breve pausa, el sacerdote continua su lectura.

David se encuentra sentado frente a un vaso de cerveza mientras fuma lentamente un cigarro. Mira su reloj, agarra el vaso y toma un gran sorbo, absorbe nicotina a sus pulmones y suspira. Mira a su izquierda y sonríe; ha llegado su amigo, se trata de Víctor Sepúlveda.

-¿Listo?
-Sí.
-Hace tiempo quise hacer esto.
-Hoy ha llegado el momento.

Con paso firme y rápido se dirigen a la catedral. David saca un nuevo cigarro, Víctor, al ver este gesto, le pide uno. Cada vez que se acercan a la resplandeciente y amplia arquitectura su entusiasmo aumenta, Se miran de reojo, David espera la señal de Víctor y se deciden a entrar. Suben los escalones, David abre la puerta. Una fuerte luz exterior entra en el opaco claustro. Se acercan lentamente, David da una señal a Víctor, este saca una pistola de su abrigo negro. “Atención todas las personas presentes, supongo que todos ustedes son fieles creyentes y estarían dispuestos a devolver el sacrificio y sangre de quienes ustedes adoran, ¿me equívoco?”. La gente se da vuelta, no entiende nada. Víctor sonríe al ver la reacción de las personas. David ve que las personas no entendieron el mensaje y repite lo mismo que su compañero; saca una pistola de su abrigo negro y apunta de izquierda a derecha. “¡Escuchen con atención engendros de mierda!, ¡el que está dispuesto a recibir una bala por Jesucristo, que se quede donde esté, los que quieran salir con vida, pueden retirarse sin ser lastimados!. Toda la gente corre por su vida, empujándose egoístamente, incluso los del coro. Sólo quedan 4 personas y el sacerdote. Víctor los queda mirando con un brillo en los ojos.

-Muy bien padre, ya me deshice de los hipócritas, puede seguir su sermón.

Víctor mira a David, sonríe y salen del recinto. La puerta se cierra. El sacerdote frunce el ceño y mira a quienes se encuentran inmóviles con la mirada perdida. Una niebla de murmullos se escucha a afueras de la catedral, un dibujante de auto-retratos fuma de una pipa, un grupo de escolares ríe mientras caminan comiéndose su sopaipilla recién comprada, un niño que es tomado de la mano por su madre es feliz con su globo naranjo, un abuelo con lentes oscuros y sombrero gris les tira migas de pan a las palomas. David saca otro cigarro y lo enciende. Nunca había experimentado el poder de hacer reaccionar a un grupo de personas anónimas por tener un arma; para él era sólo una cosa de gangster de cine Europeo o de quienes en su ciudad no existen, pero por fin puede comprobar la satisfactoria excitación que se siente el poder volar los sesos de una persona con sólo apretar el gatillo, obviamente eso aún no lo ha hecho, y menos en esta ocasión. Los dos caminan por Paseo Ahumada, ¿su destino?: la escalera que da a la estación “Universidad De Chile”. Víctor mira a su derecha, fija su atención de abajo hacia arriba a una menuda muchacha que se encuentra disfrutando su helado de barquillo, David en cambio sonríe al ver una taza de Nescafé de una pareja de abuelos bailando tango en el costado izquierdo de la calle. Llegan a la escalera, descienden. David mira a Víctor, disimuladamente indica a una mujer que está tirada en la cerámica con un bebé, Víctor le guiñe un ojo, se dirigen hacia a la mujer, su haraposo pelo hace juego con su desteñida falda gris, un bebé que toma en brazos empieza a llorar. David baja un escalón delante de ella, la mira fijamente mientras Víctor se encuentra de pie atrás de ella.

-Señora, con todo respeto que no le tengo; o usted deja de exhibir a su hijo para obtener una moneda que no se merece o puede decir adiós a su patética y triste vida...si quiere sobrevivir: trabaje.

La señora lo queda mirando sin comprender nada, el bebé sigue llorando, David no quita la vista de la mujer.

-Uste’ no sabe na’ lo que es no tener comía en 3 día’
-Y usted no sabe de lo que soy capaz de hacerle si no se pone a trabajar en vez de dar lástima.
-No le entiendo caballero.

David mira a Víctor en espera de una señal, este afirma con su cabeza.

-Acompáñenos señora.
-Aónde me lleva caballero, si yo no he hecho na’ oiga.

Arrastrada del brazo, la mujer sostiene a su hijo que aún sigue llorando. Suben las escaleras e ingresan al Mcdonald’s que se encuentra a su izquierda. Víctor desvía su mirada a un grupo de personas que está amontonada viendo una especie de espectáculo en medio de la calle: se trata de un joven tirado en el cemento mientras los perros langüetean la sangre en el que este se ahoga boca abajo. Al subir las escaleras, David busca asientos desocupados. Se dirigen a uno que está pegado a una ventana.

-¿Qué quiere comer?
-¿Me está invitando?

David la mira fijamente sin dar respuesta.

-Quiero un pan con ketchú no má’
-Se lo traigo altiro.

La señora adjudica en sus rodillas a su hijo y le sonríe. “Hoy vamos a come-er” le canta a la pálida criatura que no entiende nada. Víctor se sienta al frente de la señora, preguntando por su compañero, al obtener la respuesta se queda esperando sin entender de lo que trama su amigo. Mira por la ventana el espectáculo que aún sigue afuera; carabineros, móviles y cámaras de televisión se encuentran en aquel circulo voyeurista. David sube las escaleras, trae una bandeja con la grasienta comida. La señora lo mira y sus ojos brillan. Le da las gracias, David le sonríe, Víctor frunce el ceño sin entender lo que sucede. La mujer come desesperadamente las papas fritas sin darle siquiera una a su bebé. David toma una hamburguesa, la abre y le otorga un escupitajo encima de la carne, Víctor sigue sin entender, David lo mira y le indica que haga lo mismo, este le sigue el juego, cierra la hamburguesa y se la entrega a la mujer.

-Con cariño – mientras sonríe maliciosamente.
-Gracia’ ca’allero, toi cagá de hambre po’

David se levanta, Víctor lo sigue. Bajan las escaleras. David saca un cigarro, le otorga uno a su amigo, mira de izquierda a derecha y fija su mirada en un desanimado señor que está tirado en el piso; su descuidada y larga barba hace juego con su desfigurada cabellera cubierta con un sombrero amarillo. David se dirige donde el señor, mira el tarro que está a sus pies, se agacha y pesca el puñado de monedas. El señor balbucea una especie de jeroglífico que no se logra entender. Víctor ríe.

-¿Y ahora qué?
-Hacer lo que siempre quise hacer: matar a alguien – Víctor le sonríe y camina al mismo ritmo que su compañero, siguen camino contrario; de donde venían antes. David mira hacia atrás y el señor sigue balbuceando algún especie de garabato, como respuesta le guiñe un ojo y le tira una moneda, cae en el cemento y en su desesperada búsqueda el vagabundo se arrastra a su encuentro. David sigue paso en frente y sonríe. El sol no brilla, la gente va apurada, los semáforos son el adorno del espectáculo consumista. David saca otro cigarro, le extiende uno a su amigo. Los ojos de Víctor se agrandan al ver la tienda Falabella en el costado izquierdo de la otra vereda, mira a David y sus gestos indican que es ahí donde tienen que gastar sus primeras balas. El semáforo cambia a luz verde, cruzan y entran. Una dulce melodía ambiente el lugar, la gente se encuentra hipnotizada viendo los productos, una pareja de escolares se encuentran tomados de la mano, la joven sonríe al ver la televisión mientras su novio desvía su vista en las piernas de una anónima señora con minifalda verde.

-Mira, esa señora tiene elefantiasis.
-Sí, sí, que mala – le dice el joven sin prestarle atención.

David mantiene su mirada en la escala mecánica que se encuentra a su derecha, le indica su intención a Víctor pero este le asegura que es mala idea, que es más rápido ejecutar el acto en donde se encuentran. David afirma y mira todo su alrededor, su compañero se encuentra mirando a una menuda mujer que atiende la sección de cosméticos. David se percata de esto.

-¿Qué tienes en mente?
-Matar a quienes se compran cosméticos, son una mierda, no es más que falsedad – David sonríe mientras su amigo sigue con el ceño fruncido.

Se acercan, sus pasos cada vez son más seguros. Víctor saca su pistola disimuladamente, mira fijamente a la mujer que atiende, y en especie de susurro le comunica: “¿Todo bien en tu asqueroso trabajo maldita perra?”. La mujer no entiende, frunce el ceño y se aleja espantada. Por otra parte, David se encuentra mirando a la pareja de escolares, donde el joven todavía sigue de la mano con su novia mientras mira las piernas de distintas féminas. Mira a Víctor.

-Espera, siempre quise hacer esto.

Se dirige hacia la pareja, le pega una cachetada al joven, este reacciona como si lo hubieran despertado. David lo mira fijamente, en espera de un golpe. Le muestra el arma.

-¿Qué pasaría si te dijera que tus fantasías carnales se pueden lograr con un solo disparo?

El joven no entiende nada, la muchacha a quien tiene agarrada de la mano mira asustada a David, este sonríe y dirige su mirada hacia ella.

-Te pintas, te emborrachas y despiertas con un número de alguien que sólo quiere tratarte como un objeto sexual. Me dan asco.

El rostro de la joven no expresa absolutamente nada. David los sigue mirando atentamente, gesto por gesto.

-Cuando quedes embarazada antes de completar tus estudios, nadie se va a hacer cargo de ese hijo no deseado – finaliza con una sonrisa y les da señal de que se retiren.

Vuelve su mirada hacia Víctor y se dirige hacia él. La mujer no sabe a cual de los dos mirar, sigue caminando hacia atrás hasta que choca con un estante de vidrio con cosméticos en vitrina. David la mira.

-¿Porqué elegiste este trabajo? – la mujer traga algo de saliva y logra contestar.
-Necesito dinero.
-¿Pero en esto?, ¿engañando a la gente con tu estúpida sonrisa de que el cliente te es agradable?
-No le entiendo.
-Ahora me vas a entender.

La apunta con la pistola, mira a Víctor y le hace seña de que vigile a quien se percate de esta acción. Se dirige nuevamente hacia la mujer.

-Los cosméticos son creados para que las mujeres se sientan utilizadas luego de descubrir una falsa promesa de amor. Todas ustedes me dan asco cuando recurren al disfraz de la belleza sintética.

Víctor sonríe mientras escucha a su amigo. Para compartir la misma excitación y euforia saca su arma y dispara un tiro al aire. Las personas corren asustadas. Se dirige hacia la mujer e interrumpe a David.

-¿Sientes deseos de violar a una persona?
-Si.
-¿Y qué esperas?
-Que no se maquillen.
-Tonterías, eso lo hace más entretenido.

David entiende el mensaje, apoya su mano derecha en el vidrio de muestra y pasa donde está la mujer. La mujer se tropieza y cae al suelo. David vuelve apuntar el revolver en su cara.

-Tranquila, no te va a pasar nada.

Víctor repite el acto y rompe una de las vitrinas con cosméticos. Agarra el primer rouge que encuentra y le indica a David que desvista a la víctima. Este hace caso de lo pedido por su amigo, la mujer se resiste, mientras David le aprieta de manera brusca un pezón. Víctor apunta a una de las tantas personas que se dirigen a la puerta principal, le dispara en su entrepierna, cae al suelo. Vuelve la vista a David que casi tiene desvestida a la mujer. Se dirige a él.

-Permíteme querido amigo – apunta su arma hacia la entrepierna de la fémina y dispara, una gran cantidad de sangre sale de su vagina, Los dos sonríen.
-¡El maquillaje perfecto!

Víctor se agacha y pone su mano en el charco de sangre que se encuentra en el piso, friega su palma en el rostro de la mujer que está casi inconsciente y vuelve a mirar a David.

-¿Y ahí, te gusta?
-Mucho mejor.

Se escuchan sirenas en el exterior, una voz transmitida por un megáfono amenaza dando ordenes. David le otorga un beso a su víctima que está manchada en sangre, se levanta y pasa al otro lado. Víctor hace lo mismo, pero en cambio le da una patada. Se miran y se dirigen a la puerta.

-Siempre quise sentirme así.
-¿Y como te sientes?
-Vivo.
-Eso es porque has visto morir a alguien que no conoces.
-Eso es el mejor ejemplo de la vida: ver morir a otro.
-¿Y ahora qué?.
-Mejor matémonos; prefiero que me dispares tú a que una maldita autoridad.
-Tú primero – Víctor le sonríe mientras apunta a su mejor amigo. Espera que este haga lo mismo y se dispone a contar.
-Uno...dos...

Los dos se disparan, caen al suelo. La gente está ansiosa esperando, formando un gran círculo. Los dos cadáveres genocidas salen envueltos en una camilla. La puertas de la ambulancia se cierra. Ha sido un lindo espectáculo. Una cámara de televisión captura todo el momento, una señora se acerca al periodista indicándole que ella fue testigo de todo lo ocurrido, se enciende la cámara, la pantalla es suya.

-Yo vi todo, incluso me querían matar a mi también. Estos cabros están locos, yo no sé dónde vamos a llegar así. Todo esto es culpa de la droga ¿sabe?, uno no se da ni cuenta, pero es somos nosotros los que sufrimos. ¿Sabe?, mi hijo está en la cárcel y yo siempre le he dado de todo, no entiendo esta generación, antes todo era tranquilo, no como ahora.

La señora espera que la cámara se apague y mira al camarógrafo.

-¿Me veo bien?


Ricardo Iturrieta
[2005]