domingo, 20 de abril de 2008

SONRISA DE MIEL

La miel radiaba a la luz del sol, el fresco pasto cantaba con su verde aroma al rededor de las flores, todas eran bellas y hermosas, sus colores transmitían alegría al opaco y seco ambiente de al frente: La ciudad, el cemento y el tibio e indiferente altar del comercio; con edificios, baldosas, máquinas y fábricas contaminando el aire con humo. ¿Qué sería de las flores sin aire, agua y sol?. Todas las flores se encontraban cantando, radiantes al angelical y maravilloso atardecer, pero había una que todas envidiaban; era la más hermosa pero pequeña a diferencia de las demás, ella era una amapola, pero esta rompía el margen de toda moral florística: ella era especial, resaltaba de las otras; sus enemigas. Sus pétalos eran de color violeta, su suave tallo era de fina y delgada textura. Al otro lado del jardín, en un profundo y oscuro refugio bajo tierra se encontraba una cuncuna reposando. Su aspecto era pálido, estático, de monótona y fría tristeza inerte. Mientras sus amigas y amigos jugaban y reían al son del viento, él prefería descansar y estar solo.

-¿Quieres jugar amiga cuncuna?
-Aún no puedo, no puedo salir sin ver la luz.

¿Qué significaba la luz?, metafóricamente podría tratarse de sentir amor o una fuerza que quiebre el vidrio de soledad, pero al parecer, la luz se trataba de algo mucho más intenso. Sus amiguitas y amiguitos cantaban en armonía, habían encontrado esa luz, ya eran mariposas, hermosas y radiantes; libres de volar por todo el jardín.

Todos los amaneceres era lo mismo, cuando el sol cosquilleaba las montañas para dar su entrega, la dueña del jardín abría las cortinas del ventanal y regaba sus flores. La única que agradecía a esa suave y fresca agua era la amapola color violeta.

-Gracias

La señora le guiñe el ojo izquierdo y hace entrada a la cocina. Luego de recibir su baño, la amapola comienza a cantar mirando el sol, siempre empezaba con intro afinando un "Lara lin lara laaa", mientras las otras flores susurraban su envidia hacia ella.

-¿Qué es lo que se cree esa caprichosa y falsa diva?
-Ay no sé, ¡La odio!. Se cree la mejor.
-Y siempre con esa patética sonrisita, como si se pudiera andar siempre feliz.

Pero no era así, su sonrisa no era patética, más bien era el reflejo de su alma, y así lo es en todo. Lo que más se debería considerar importante es el rostro de cada ser vivo; una mirada puede hablarnos en silencio, al igual que las lágrimas, que son las que se encargan de limpiar nuestras desilusiones y malos momentos. Ella sonreía, su escasa pero valiosa filosofía era "El mundo nos da agua, luz y aire, agradezcámosle con una sonrisa", y eso es lo que hacía: sonreír.

En el otro extremo del jardín había un árbol, en el cual se encontraba un panal de abejas con malas intenciones, ellas se encargan de robar la dulzura y belleza de las flores, con el único fin de sentirse superiores e inmortales. Dicen que uno vive a través de la muerte ajena, de eso se trataba su trabajo.

-¿Te fijaste en la nueva flor?
-No. ¿Qué tiene?
-Se ve que tiene buena miel.
-¡Habrá que quitársela!

Las malvadas abejas tenían planeado hacer su robo al otro día. El cielo torna un somnífero color naranjo, la tarde llega a su fin y las flores empiezan a bostezar. Las mariposas cierran sus alas para descansar. La cuncuna se ahoga en su silencio inmortal y las abejas vuelan ansiosas sin dirección, emocionadas por realizar su plan. Al día siguiente todo era normal, lo único diferente era que nadie sabía las intenciones de las abejas. ¿Para qué construir con tanto esfuerzo algo tan bello que será destruido por una fuerza maligna?. Mientras las flores envidiaban el agradecimiento de la amapola, las abejas se dirigían hacia ellas, en ese mismo instante las mariposas jugaban y cantaban felices, la cuncuna seguía refugiado en su soledad y angustia de no encontrar la luz; su fría transpiración estaba pegada en su pálido cuerpo seco. Seco de angustia, seco de no poder llorar más; pues su sufrimiento ya no se reflejaba en el llanto. Siendo que el día estaba iluminado, él se encontraba tiritando, pero no era de frío ni miedo, sino que estaba cansado de sentir ese amargo ácido que corre en sus venas que corta su respiración; llámese soledad o desesperación. Llega un momento que se queda quieto por varios segundos, abre sus ojos y por primera vez se denota una sonrisa en su rostro. ¡Había encontrado la luz!. Una extraña pero a la vez excitante sensación empieza a experimentar su cuerpo, sus pesadas ojeras desaparecen, su arrugada frente ploma se encoge, su seco y áspero cuerpo torna una suavidad como la seda o el algodón. Su espalda se endereza y de ella aparecen dos preciosas alas color naranjo: era una mariposa. Cuando aprende a equilibrar su cuerpo se dispone a salir, mirar el sol y volar. Sus amiguitas y amiguitos se acercaron rápidamente al ver que su amiga cuncuna al fin se decidió a salir; en sus aleteos se denotaba una desesperada urgencia.

-¡Amiga cuncuna!, ¡ayúdanos a salvar a las flores!, ¡hay una invasión de abejas!

Sin entender de qué se trataba lo que acaba de escuchar, se une al grupo y se dirigen al otro lado del jardín. Para la cuncuna convertida hoy en una mariposa con alas naranjas todo era nuevo, el aire entraba en todo su cuerpo, el sonido del viento tras el zumbido de sus alas cosquilleaban su rostro. Al ver la cantidad de abejas atacando a las flores, las mariposas se miran entre sí y se deciden a distraer su ataque. La naranja mariposa se queda estacionada por unos momentos, ¿la razón?: ella, la amapola color violeta; estaba siendo atacada por una de las abejas, su ahogados gritos de auxilio lo llamaban. En los ojos de la amapola brillaba el ahogo, en los de la abeja ardía la llama, en los de la naranja mariposa brillaba la luz; la luz que recién había encontrado y que en ese momento se enriquecía aún más. Dirige su desequilibrado vuelo hacia la abeja.

-¡Déjame bribón! - gritaba la amapola.
-¡¿Te crees tan linda?, ahora verás lo que es lindo, te quitaré tu miel, a ver quién es el lindo ahora.

A pocos metros de la abeja, la naranja mariposa alcanza a distraer a la abeja, esta, en su enojo, persigue el desequilibrado vuelo de la mariposa. Al ver que su inadaptado vuelo era más rápido que el de él, la abeja apunta su lanceta y se dispone a atacar. Para vivir a veces hay que matar, en el caso de la abeja era autodestructivo, pues al destruir algo vivo se daba muerte a sí misma: utilizando su lanceta. La naranja mariposa mira hacia atrás y lo único que pudo ver fue a la amapola en medio de un montón de flores marchitas: aún estaba con vida, pero al volver su rostro al cielo se encontraba la abeja con una luciferina risa y con su lanceta a centímetros de su rostro. La mariposa alcanza a girar su cuerpo hacia su izquierda, bloqueando el ataque con su ala derecha, dando paso a que la abeja se dirija rápidamente hacia una roca tras atravesar la suave y delicada ala de su oponente. Las nubes fueron testigos del trágico espectáculo. La abeja se encuentra agonizando sus últimas palabras mientras su cuerpo se extingue junto a su lanceta rota, la sonrisa de la amapola vuelve a su rostro más iluminada que antes, la naranja mariposa pierde el vuelo, estrellándose en el pasto, junto a la amapola.

-¿Te encuentras bien? - pregunta la amapola.
-Lo estaré en un tiempo, siempre que aceptes ser tu salvador.
-Tenlo por hecho, has salvado que se roben mi dulce miel.
-Lo amargo se alimenta de lo dulce, yo ahora entiendo eso al encontrar tu grito de auxilio.

La amapola le sonríe, apoya sus pétalos color violeta en las alas de la naranja mariposa. El sol hoy brilla más que antes, el fresco pasto mojado huele a esperanza, el cielo no parece infinito y las nubes tejen ilusión. ¿Y no es así el amor?.


Ricardo Iturrieta
[2005]

PERFUME DE PIEL



"Una caricia helada, una tormenta que no se anticipa, una hoja que cruje con susurro de esperanza, estación mental que florece en invierno y olvida cuando todo se llena de ilusión, un sol que sale tras las nubes, una flor que nace al melodía de su oxigeno y luz. Una banca recién pintada, una salida no encontrada. Traicionado cemento gris con rostro de pérdida, una mirada que grita en silencio, una lápida que pide perdón, un nacimiento tras una muerte, ciclo en neutralización. Reflejo buscado en el cielo, euforia auto-engañada, refugio ahogado, fingir fidelidad mediocre. Una herida que arde al palpar, una lágrima que no termina de quemar, un consuelo que se evita, mutualismo inadaptado. Ya no se puede confiar en quien nos ha permitido olvidar, la solidaridad y felicidad son almas gemelas, consiste en una ilusión, ambas son ilusas. Pregunta al nacer, respuesta al morir. Olvidar que se puede salir adelante, rendirse a una tumba. La vida se consume, se trata de entender lo que no hemos experimentado. Noche sin estrellas, se pierde el sueño, se apaga el encuentro".


Un día en el que llueve es para Víctor una especie de inspiración para crear y moldear sus sentidos en una hoja de papel, en este caso, en su computadora - siempre le hubiera gustado escribir en una verdadera máquina de escribir. Guarda lo que acaba de escribir, se levanta de la silla, se dirige a la ventana a mirar la lluvia. Víctor Arriagada vive en una casita de un refrescante color naranjo. Las cortinas color celestes dan el matiz perfecto de ausencia y espera. Mirando por la ventana mientras la lluvia sonaba en un ritmo polimétrico se encuentra suspirando a cada gota que ganaba una carrera mientras suena esa lamentable pero exquisita sinfonía. La tetera suena y se sirve un café, y eso es significativo; es la espera, se quiera o no, de una llamada, de una mirada, de una oportunidad. La tormenta sigue, no para; igual que el dolor, progresivo, en aumento cuando se está en ausencia de un rico y suave perfume de piel. Víctor da una vuelta con carismática gracia y ritmo al son de esa sinfonía mientras sostiene su linda tacita color morado con el recién creado café: adicción que aumenta ojeras y piel áspera, que te inyecta sangre en los ojos y te hace ver todo de una manera más rápida si se tiene imaginación. Sigue lloviendo, su mirada se fija atentamente en la vereda del exterior. Una sonrisa se dibuja en el rostro, el café huele a esperanza, la ciudad se ve más traicionada, pasiva, intacta: como una trompeta sin soplido, un violín frotado por juego, una lágrima sin ardor, una caricia sin brillo. Después de todo, la vida tiene un sentido - se diría alguien que lo apuntan con una pistola afuera de su casa u oficio. Víctor no se auto-engaña más: era necesario olvidar, terminar con ser iluso y respirar de nuevo un nuevo aire. Lo de anoche no era terrible, quizás algo vergonzoso y poco digno o ético, pero no terrible; esa noche hubo mucha droga, psicodelia, confusión, adulterio, capricho, una mujer que guiñe el ojo, una mirada mutua, un gesto que te invita a tomar iniciativa, el trago, la escalera, la cama, el ardor, el sudor de aquella persona, la puerta con llave. Un helado suspiro sale de su genocida ardor interno mientras ve la calle vacía. Y es que la lluvia tiene una simbología distinta para cada persona; para algunas es lamento por el seudo altruismo de ponerse en el lugar de la persona sin casa, para otros es el afinado instrumento para empezar un sinfónico lamento nostálgico, para Víctor era lo mismo que una vida que depende de un gatillo apretar, de una puerta con pestillo o el sonido de una foca de Valdivia: eufórica empatía anormal. Lo normal hubiera sido el seguir escuchando esa sinfonía que relaja tensiones, el sentarse y apoyar mejilla izquierda en una pierna mientras se escribe alguna historia improvisada, el suspirar por una linda escena de una buena obra humilde europea; pero no. Víctor se dirige al closet y saca su abrigo negro y rodea su cuello con su bufanda violeta, nuevamente se dirige a su ventana, se adjudica la cafeína de un corto y profundo sorbo, apaga la dulce sinfonía, agarra las llaves que están en la cocina y sale sin paraguas. Lo increíble es encontrarse en una calle, sola, sin nadie transitando, mojada y adornada de esa sádica y agresiva lluvia. En un acto de desesperada euforia empieza a bailar con ese sonido, con ese roce en su cuerpo; en ese momento se encuentra consigo mismo y deja de lado toda espera o encuentro: mirar al cielo, con ojos cerrados, mientras te dejas acariciar gota por gota es algo que ni Víctor puede explicar. Mientras se encuentra jugando a esquivar la lluvia y dejar de lado su dolor- que exteriormente se dice bailar - aparece una menuda joven de pelo negro hasta sus hombros, de silenciosa mirada tímida y asumida sonrisa fingida. Al ver el supuesto espectáculo que se encuentra haciendo Víctor, ella fija su mirada en él, una sonrisa se dibuja en su pálido rostro y sus ojos brillan, "quisiera estar con esa persona" se dijo a sí misma, baja la vista, ve el cemento mojado y sigue su camino. Lo irónico es que son vecinos, nunca han hablado y esa sería la oportunidad perfecta para empezar un diálogo con pretensión de tener un hijo y casarse, no lo han hecho. Lo ideal sería escribir que se conocen conversando, tomando café, escuchando Mozart, en un día sábado con lluvia. No siempre ocurren esas cosas, y mi querido amigo Víctor me odiaría por no adjudicarle ese final, pero en cierta parte me agradecería no haberlo hecho. ¿Y si esa muchachita sea una sádica mitómana escrupulosa y detallista que fastidia la lluvia?, ¿o una frígida y reservada paranoica celosa con traumas de sobre-protección?. Sea como sea, Víctor sigue siendo acariciado por la lluvia, un helado y perfumado roce en su piel.


Ricardo Iturrieta
[2005]

jueves, 10 de abril de 2008

SIEMPRE HA SIDO ASÍ

Me veo envuelto en una situación complicada, eso lo sabes, y no entiendo en realidad porque escribo esto, sólo quiero que me digas el porqué decidiste acostarte con mi padre. (David)

Vemos el reflejo de David riéndose a la luz del sol. Se encuentra en el baño de una shopería. El putrefacto olor a cloro barato mezclado con jugo de naranja untado en una miga de pan (llámese vómito) provoca una carcajada en David; quien prefiere considerarse personaje que persona, actor que espectador. Entonces, vemos a este personaje que se vuelve a sentar en la silla de plástico blanco frente a las 3 botellas de cerveza vacías. Se encuentra solo, mirando a las demás personas que lo rodean por medio de las botellas. Las figuras color café se convierten en diferentes tamaños. Mira a su izquierda y hace una seña a la persona que atiende.

-¿Diga?
-Outr ssschvessa
-Disculpe, ¿no le entiendo?
-...Otra...cer...veza!.
-En seguida.

De su bolsillo derecho saca un billete y se lo entrega a la persona. Suspira y mantiene las manos en su cabeza mientras apoya sus codos en la mesa, cierra los ojos y mira hacia abajo. Todo está oscuro mientras luces celestes hacen juego con otras verdes mientras se mueven en espiral alrededor de unas amarillas. Este juego de círculos y figuras es interrumpida por el sonido de la cerveza que es puesta en la mesa, David levanta su vista, destapa la botella y se la lleva al baño. Desequilibradamente apoya su codo izquierdo en la muralla mientras sostiene la botella con su mano derecha. Ingresa al baño y cierra la puerta. Mira el escaso entorno y se ríe al ver una pared rayada que dice “Si te demorai en cagar, aprieta cachete”. Se sienta en el inodoro y mira la botella que se encuentra llena. Mueve su cintura circularmente hacia la derecha para hacer sonar algunos huesos de la espalda, mira nuevamente la botella, suspira y de un largo sorbo el alcohol queda registrado en la botella por donde empieza la etiqueta principal, que es más de la mitad. Su perdida mirada se centra en las blancas baldosas mojadas, mira la botella, cierra los ojos y repite el acto con los ojos cerrados. Los círculos de colores se convierten en una gran ola morada que aumenta su densidad de tono por cada sorbo que traga. El ardor en la garganta aumenta, el estomago pesa por cada cantidad de alcohol que baja, el agridulce manjar cosquillea cada vez el cerebro. Sólo queda la escasa espuma de la cerveza, la botella queda vacía y la deja al costado izquierdo del inodoro. Se levanta, abre la puerta y frunce el ceño al recibir un soberbio y etílico “Buen rostro compadre” de una anónima persona, de esas que se olvidan en 5 segundos. Mantiene su vista perdida en alto y se retira del local. La música disminuye su volumen por cada paso que avanza. Mira a su izquierda y una sonrisa se dibuja en su rostro. El Condominio se ve menos agradable que antes, hay un rechazo en sus descuidados colores descascarados. Se decide a entrar. Cada vez que se acerca presiente que la madre de Silvana evitará el encuentro con su hija, a David no le preocupa; ella desconoce lo que acaba de hacer su protegida y angelical hija intocable, pero quizás son sólo alucinaciones seudo esquizoides. Baja los respectivos peldaños de cemento y abre la puerta de vidrio, nuevamente no mira a la persona con corbata roja y camisa blanca que se encuentra en recepción y sigue su camino, aprieta el botón, se abre la puerta del ascensor, ingresa al claustro y presiona el botón número 2, se cierran las puertas, se voltea y se mira al espejo con vaga vanidad. El pálido rostro hace resaltar las ojeras color café. Todo está en silencio, se acerca afueras de la puerta del departamento, se agacha y desliza el sobre con el mensaje por un diminuto espacio abajo la puerta. Apura el paso y hace el mismo trayecto en viceversa. Al salir del condominio, cruza y se queda sentado en un paradero, con la vaga esperanza de que Silvana salga en su encuentro con ira y desesperada rabia a debatirle y desmentir tal hecho. Nada de eso ocurre. Al tomar la micro se adjudica los audífonos y aprieta play: Suena el dramático sonido de la banda Alemana Einsheiligh. La catatónica música lo hunde en abismo, mira el paisaje y no lo acepta, y es mejor que así sea: no da para más. ¿Porqué aceptar que quien jura fidelidad y respeto se acueste con el progenitor del que confió palabras de incierta inocencia?. Nada puede ser peor, todo le provoca asco, todo atuendo debe ser rajado y destrozado en el acto libidinoso impulsivo, nadie puede ocultar el deseo de culpa, del placer sado-masoquista, de lo más perverso, todos mienten; de eso está convencido hasta su propia vergüenza, ¿y no es por eso que la mayoría de las personas culpan a los demás de aprovechadores siendo que se maquillan?, por algo existe el maquillaje: invita una provocación, mejor dicho a un "mírame y tócame", o un “déjame ser tuya por una noche”.

-¿Qué te pasa?
-¿Qué tendría que pasarme?
-¿De dónde sacaste eso?
-Te vi.
-Erí una mierda, no sé porqué te llamé.

Al parecer Silvana leyó el mensaje y se dio cuenta de la desesperación de su supuesto receptor al auricular. ¿Sirve dar detalles?, ¿sirve explicar si en verdad Silvana conoció al padre de David para perder su virginidad con él?. Quizás ni así sea, en lo que respecta a David, todo está escrito, la especie de Polka-gitana lo hace sonreír y borrar de su cabeza que todo esto es ficticio, que todo está en su cabeza y que al menos provocó una reacción a esa persona. El personaje se desliza, la persona resbala. Y es que no tiene otro nombre que ese: persona.


Ricardo Iturrieta
[2005]

jueves, 27 de marzo de 2008

MAQUILLAJE SANGUÍNEO

De un colorido vitral se trasluce el sol que se encuentra al exterior del recinto, muchas de las estatuas y figuras de yeso reflejan el sufrimiento de los demoníacos seres tras ser vencidos por dioses y ángeles En la iglesia todo está tranquilo, se respira un aire de conciente obediencia. Algunas personas se encuentran arrodilladas, gesticulando alguna oración de memoria o simplemente orando a su imagen divina. El sacerdote se encuentra con los ojos cerrados, al abrirlos se denota que su áspero rostro seco necesita descansar. Hace una seña para que las personas vuelvan a sus asientos y abre la Biblia en una página que está marcada con una tira de seda color marrón. Comienza a leer un versículo, la gente escucha atenta, otras mantienen su mirada en la imagen de Jesucristo que se encuentra detrás del cura y el coro. La reverberación de la tranquila voz del cura sigue. Distintos rostros y gestos se denotan en las personas; un señor de grueso y largo bigote blanco frunce el ceño y cruza las piernas, quiere ir al baño a orinar; una señora que está a su izquierda desvía la mirada hacia su hijo que ha empezado a llorar, luego de haberse defecado encima de sus pañales, esta interrupción desconcentra a la gran mayoría de las personas, la mujer se sonroja. Tras una breve pausa, el sacerdote continua su lectura.

David se encuentra sentado frente a un vaso de cerveza mientras fuma lentamente un cigarro. Mira su reloj, agarra el vaso y toma un gran sorbo, absorbe nicotina a sus pulmones y suspira. Mira a su izquierda y sonríe; ha llegado su amigo, se trata de Víctor Sepúlveda.

-¿Listo?
-Sí.
-Hace tiempo quise hacer esto.
-Hoy ha llegado el momento.

Con paso firme y rápido se dirigen a la catedral. David saca un nuevo cigarro, Víctor, al ver este gesto, le pide uno. Cada vez que se acercan a la resplandeciente y amplia arquitectura su entusiasmo aumenta, Se miran de reojo, David espera la señal de Víctor y se deciden a entrar. Suben los escalones, David abre la puerta. Una fuerte luz exterior entra en el opaco claustro. Se acercan lentamente, David da una señal a Víctor, este saca una pistola de su abrigo negro. “Atención todas las personas presentes, supongo que todos ustedes son fieles creyentes y estarían dispuestos a devolver el sacrificio y sangre de quienes ustedes adoran, ¿me equívoco?”. La gente se da vuelta, no entiende nada. Víctor sonríe al ver la reacción de las personas. David ve que las personas no entendieron el mensaje y repite lo mismo que su compañero; saca una pistola de su abrigo negro y apunta de izquierda a derecha. “¡Escuchen con atención engendros de mierda!, ¡el que está dispuesto a recibir una bala por Jesucristo, que se quede donde esté, los que quieran salir con vida, pueden retirarse sin ser lastimados!. Toda la gente corre por su vida, empujándose egoístamente, incluso los del coro. Sólo quedan 4 personas y el sacerdote. Víctor los queda mirando con un brillo en los ojos.

-Muy bien padre, ya me deshice de los hipócritas, puede seguir su sermón.

Víctor mira a David, sonríe y salen del recinto. La puerta se cierra. El sacerdote frunce el ceño y mira a quienes se encuentran inmóviles con la mirada perdida. Una niebla de murmullos se escucha a afueras de la catedral, un dibujante de auto-retratos fuma de una pipa, un grupo de escolares ríe mientras caminan comiéndose su sopaipilla recién comprada, un niño que es tomado de la mano por su madre es feliz con su globo naranjo, un abuelo con lentes oscuros y sombrero gris les tira migas de pan a las palomas. David saca otro cigarro y lo enciende. Nunca había experimentado el poder de hacer reaccionar a un grupo de personas anónimas por tener un arma; para él era sólo una cosa de gangster de cine Europeo o de quienes en su ciudad no existen, pero por fin puede comprobar la satisfactoria excitación que se siente el poder volar los sesos de una persona con sólo apretar el gatillo, obviamente eso aún no lo ha hecho, y menos en esta ocasión. Los dos caminan por Paseo Ahumada, ¿su destino?: la escalera que da a la estación “Universidad De Chile”. Víctor mira a su derecha, fija su atención de abajo hacia arriba a una menuda muchacha que se encuentra disfrutando su helado de barquillo, David en cambio sonríe al ver una taza de Nescafé de una pareja de abuelos bailando tango en el costado izquierdo de la calle. Llegan a la escalera, descienden. David mira a Víctor, disimuladamente indica a una mujer que está tirada en la cerámica con un bebé, Víctor le guiñe un ojo, se dirigen hacia a la mujer, su haraposo pelo hace juego con su desteñida falda gris, un bebé que toma en brazos empieza a llorar. David baja un escalón delante de ella, la mira fijamente mientras Víctor se encuentra de pie atrás de ella.

-Señora, con todo respeto que no le tengo; o usted deja de exhibir a su hijo para obtener una moneda que no se merece o puede decir adiós a su patética y triste vida...si quiere sobrevivir: trabaje.

La señora lo queda mirando sin comprender nada, el bebé sigue llorando, David no quita la vista de la mujer.

-Uste’ no sabe na’ lo que es no tener comía en 3 día’
-Y usted no sabe de lo que soy capaz de hacerle si no se pone a trabajar en vez de dar lástima.
-No le entiendo caballero.

David mira a Víctor en espera de una señal, este afirma con su cabeza.

-Acompáñenos señora.
-Aónde me lleva caballero, si yo no he hecho na’ oiga.

Arrastrada del brazo, la mujer sostiene a su hijo que aún sigue llorando. Suben las escaleras e ingresan al Mcdonald’s que se encuentra a su izquierda. Víctor desvía su mirada a un grupo de personas que está amontonada viendo una especie de espectáculo en medio de la calle: se trata de un joven tirado en el cemento mientras los perros langüetean la sangre en el que este se ahoga boca abajo. Al subir las escaleras, David busca asientos desocupados. Se dirigen a uno que está pegado a una ventana.

-¿Qué quiere comer?
-¿Me está invitando?

David la mira fijamente sin dar respuesta.

-Quiero un pan con ketchú no má’
-Se lo traigo altiro.

La señora adjudica en sus rodillas a su hijo y le sonríe. “Hoy vamos a come-er” le canta a la pálida criatura que no entiende nada. Víctor se sienta al frente de la señora, preguntando por su compañero, al obtener la respuesta se queda esperando sin entender de lo que trama su amigo. Mira por la ventana el espectáculo que aún sigue afuera; carabineros, móviles y cámaras de televisión se encuentran en aquel circulo voyeurista. David sube las escaleras, trae una bandeja con la grasienta comida. La señora lo mira y sus ojos brillan. Le da las gracias, David le sonríe, Víctor frunce el ceño sin entender lo que sucede. La mujer come desesperadamente las papas fritas sin darle siquiera una a su bebé. David toma una hamburguesa, la abre y le otorga un escupitajo encima de la carne, Víctor sigue sin entender, David lo mira y le indica que haga lo mismo, este le sigue el juego, cierra la hamburguesa y se la entrega a la mujer.

-Con cariño – mientras sonríe maliciosamente.
-Gracia’ ca’allero, toi cagá de hambre po’

David se levanta, Víctor lo sigue. Bajan las escaleras. David saca un cigarro, le otorga uno a su amigo, mira de izquierda a derecha y fija su mirada en un desanimado señor que está tirado en el piso; su descuidada y larga barba hace juego con su desfigurada cabellera cubierta con un sombrero amarillo. David se dirige donde el señor, mira el tarro que está a sus pies, se agacha y pesca el puñado de monedas. El señor balbucea una especie de jeroglífico que no se logra entender. Víctor ríe.

-¿Y ahora qué?
-Hacer lo que siempre quise hacer: matar a alguien – Víctor le sonríe y camina al mismo ritmo que su compañero, siguen camino contrario; de donde venían antes. David mira hacia atrás y el señor sigue balbuceando algún especie de garabato, como respuesta le guiñe un ojo y le tira una moneda, cae en el cemento y en su desesperada búsqueda el vagabundo se arrastra a su encuentro. David sigue paso en frente y sonríe. El sol no brilla, la gente va apurada, los semáforos son el adorno del espectáculo consumista. David saca otro cigarro, le extiende uno a su amigo. Los ojos de Víctor se agrandan al ver la tienda Falabella en el costado izquierdo de la otra vereda, mira a David y sus gestos indican que es ahí donde tienen que gastar sus primeras balas. El semáforo cambia a luz verde, cruzan y entran. Una dulce melodía ambiente el lugar, la gente se encuentra hipnotizada viendo los productos, una pareja de escolares se encuentran tomados de la mano, la joven sonríe al ver la televisión mientras su novio desvía su vista en las piernas de una anónima señora con minifalda verde.

-Mira, esa señora tiene elefantiasis.
-Sí, sí, que mala – le dice el joven sin prestarle atención.

David mantiene su mirada en la escala mecánica que se encuentra a su derecha, le indica su intención a Víctor pero este le asegura que es mala idea, que es más rápido ejecutar el acto en donde se encuentran. David afirma y mira todo su alrededor, su compañero se encuentra mirando a una menuda mujer que atiende la sección de cosméticos. David se percata de esto.

-¿Qué tienes en mente?
-Matar a quienes se compran cosméticos, son una mierda, no es más que falsedad – David sonríe mientras su amigo sigue con el ceño fruncido.

Se acercan, sus pasos cada vez son más seguros. Víctor saca su pistola disimuladamente, mira fijamente a la mujer que atiende, y en especie de susurro le comunica: “¿Todo bien en tu asqueroso trabajo maldita perra?”. La mujer no entiende, frunce el ceño y se aleja espantada. Por otra parte, David se encuentra mirando a la pareja de escolares, donde el joven todavía sigue de la mano con su novia mientras mira las piernas de distintas féminas. Mira a Víctor.

-Espera, siempre quise hacer esto.

Se dirige hacia la pareja, le pega una cachetada al joven, este reacciona como si lo hubieran despertado. David lo mira fijamente, en espera de un golpe. Le muestra el arma.

-¿Qué pasaría si te dijera que tus fantasías carnales se pueden lograr con un solo disparo?

El joven no entiende nada, la muchacha a quien tiene agarrada de la mano mira asustada a David, este sonríe y dirige su mirada hacia ella.

-Te pintas, te emborrachas y despiertas con un número de alguien que sólo quiere tratarte como un objeto sexual. Me dan asco.

El rostro de la joven no expresa absolutamente nada. David los sigue mirando atentamente, gesto por gesto.

-Cuando quedes embarazada antes de completar tus estudios, nadie se va a hacer cargo de ese hijo no deseado – finaliza con una sonrisa y les da señal de que se retiren.

Vuelve su mirada hacia Víctor y se dirige hacia él. La mujer no sabe a cual de los dos mirar, sigue caminando hacia atrás hasta que choca con un estante de vidrio con cosméticos en vitrina. David la mira.

-¿Porqué elegiste este trabajo? – la mujer traga algo de saliva y logra contestar.
-Necesito dinero.
-¿Pero en esto?, ¿engañando a la gente con tu estúpida sonrisa de que el cliente te es agradable?
-No le entiendo.
-Ahora me vas a entender.

La apunta con la pistola, mira a Víctor y le hace seña de que vigile a quien se percate de esta acción. Se dirige nuevamente hacia la mujer.

-Los cosméticos son creados para que las mujeres se sientan utilizadas luego de descubrir una falsa promesa de amor. Todas ustedes me dan asco cuando recurren al disfraz de la belleza sintética.

Víctor sonríe mientras escucha a su amigo. Para compartir la misma excitación y euforia saca su arma y dispara un tiro al aire. Las personas corren asustadas. Se dirige hacia la mujer e interrumpe a David.

-¿Sientes deseos de violar a una persona?
-Si.
-¿Y qué esperas?
-Que no se maquillen.
-Tonterías, eso lo hace más entretenido.

David entiende el mensaje, apoya su mano derecha en el vidrio de muestra y pasa donde está la mujer. La mujer se tropieza y cae al suelo. David vuelve apuntar el revolver en su cara.

-Tranquila, no te va a pasar nada.

Víctor repite el acto y rompe una de las vitrinas con cosméticos. Agarra el primer rouge que encuentra y le indica a David que desvista a la víctima. Este hace caso de lo pedido por su amigo, la mujer se resiste, mientras David le aprieta de manera brusca un pezón. Víctor apunta a una de las tantas personas que se dirigen a la puerta principal, le dispara en su entrepierna, cae al suelo. Vuelve la vista a David que casi tiene desvestida a la mujer. Se dirige a él.

-Permíteme querido amigo – apunta su arma hacia la entrepierna de la fémina y dispara, una gran cantidad de sangre sale de su vagina, Los dos sonríen.
-¡El maquillaje perfecto!

Víctor se agacha y pone su mano en el charco de sangre que se encuentra en el piso, friega su palma en el rostro de la mujer que está casi inconsciente y vuelve a mirar a David.

-¿Y ahí, te gusta?
-Mucho mejor.

Se escuchan sirenas en el exterior, una voz transmitida por un megáfono amenaza dando ordenes. David le otorga un beso a su víctima que está manchada en sangre, se levanta y pasa al otro lado. Víctor hace lo mismo, pero en cambio le da una patada. Se miran y se dirigen a la puerta.

-Siempre quise sentirme así.
-¿Y como te sientes?
-Vivo.
-Eso es porque has visto morir a alguien que no conoces.
-Eso es el mejor ejemplo de la vida: ver morir a otro.
-¿Y ahora qué?.
-Mejor matémonos; prefiero que me dispares tú a que una maldita autoridad.
-Tú primero – Víctor le sonríe mientras apunta a su mejor amigo. Espera que este haga lo mismo y se dispone a contar.
-Uno...dos...

Los dos se disparan, caen al suelo. La gente está ansiosa esperando, formando un gran círculo. Los dos cadáveres genocidas salen envueltos en una camilla. La puertas de la ambulancia se cierra. Ha sido un lindo espectáculo. Una cámara de televisión captura todo el momento, una señora se acerca al periodista indicándole que ella fue testigo de todo lo ocurrido, se enciende la cámara, la pantalla es suya.

-Yo vi todo, incluso me querían matar a mi también. Estos cabros están locos, yo no sé dónde vamos a llegar así. Todo esto es culpa de la droga ¿sabe?, uno no se da ni cuenta, pero es somos nosotros los que sufrimos. ¿Sabe?, mi hijo está en la cárcel y yo siempre le he dado de todo, no entiendo esta generación, antes todo era tranquilo, no como ahora.

La señora espera que la cámara se apague y mira al camarógrafo.

-¿Me veo bien?


Ricardo Iturrieta
[2005]

PATÉTICAMENTE TIERNO

"El alcohol es el alma de la burguesía. Ustedes está aburguesados, muchachos"... (Nekro - Fun People)

Que Bukowski era un viejo alcohólico, sucio y depravado que escribía cuentos bizarros y entretenidos, que los sesos de Kurt Cobain fueron testigos de su sobredosis de Heroína luego de haberse disparado con una escopeta, que The Beatles crearon la mejor música que jamás se haya creado en ese tiempo por efectos del Lsd y la Marihuana, que cuando estoy sobrio escribo ensayos y con alcohol cuentos como este y que además me doy el lujo de escribir con mayúscula nombres de personas que admiro y drogas y no la palabra dios. Suena Moby y me queda solamente por escuchar su último disco para dar terminada mi sobredosis de ese calvo y tierno señor. El objetivo de navidad lo entiende quien ve a sus hijos y sobrinos sonreír por cada regalo obsequiado, ese sentimiento cálido del arbolito con luces y dulces adornados, entienden el porqué hacen eso: hacer sonreír a quien se quiere, el sentirse bien con dar más que recibir... lo mismo me pasa a mí, tengo un arbolito de navidad literario: escribo para hacer sonreír. Siento como se quema este cigarro, como se quema mi esperanza, el humo forma figuras que nublan recuerdos, un suspiro en llamas que desvanece sueños despiertos, se me viene a la cabeza Robert De Niro diciendo “God Damn!” en tiempos de Taxi Driver. Quiero que usted estimado(a) y querido(a) lector(a) sonría con esta historia, nada más. Empiezo.

En una habitación color celeste y techo amarillo se encuentra desnudo Víctor Arraigada mirándose en su grande espejo. Su pálido rostro ojeroso se nubla y vuelve a enfocarse por lapsos de segundos. Hierve la tetera, Víctor se dirige a la cocina y mira el calendario que está colgado en una muralla naranja: Lunes. Sonríe, gira el fogón hacia su izquierda y abre una pequeña puerta donde se encuentran 5 tazas de distintos colores, agarra una magenta y se sirve cafeína. Mira su reloj: 7:05am, sus ojos se engrandecen, deja la taza en el lavaplatos y se dirige rápidamente a su pieza, bruscamente abre el closet donde se encuentran 5 pantalones negros, 5 camisas blancas, 5 ternos negros y 5 corbatas de distintos colores, escoge una de color azul. Rápidamente se adjudica en su cuerpo la camisa, la corbata y el terno, con el pantalón negro doblado sobre su brazo derecho abre un cajón donde se encuentran calzoncillos de distintos colores, muy ordenados, elige unos de color calipso, se los adjudica, se coloca los pantalones de manera apresurada, abre el último cajón de abajo donde se encuentran distintos calcetines en forma de bolita, todos son de color plomo. Al estar semi vestido nuevamente se dirige al closet y se adjudica unos zapatos negros, quedan 4 pares. Cierra el closet, mira su reloj: 7:06am. Se dirige al living y agarra su maleta café llena de papeles, algunos se logran ver por fuera de la maleta. Se dirige a la cocina, agarra la taza morada y bota el café en el lavaplatos. Cierra la puerta. Corre, mira su reloj: 7:08am, cada paso hace cosquillear su cerebro, siente ese ácido bombeando sus venas por cada respiro agitado que suelta, el corazón martilla su pecho. Semáforo, el maldito monito rojo, su cabello está despeinado, se intenta peinar, monito verde, corre, cada vez más rápido, baldosas amarillas, grandes ventanas, llega al edificio repleto de vidrios, suspira y mira su reloj: 7:10, justo a tiempo, sonríe. Un taxi se estaciona al frente del edificio, de la puerta salen unas piernas, los ojos de Víctor brillan, su corazón bombea ese maldito aire que ahoga e impide respirar de manera coordinada. Una persona con vestido rojo se acerca al edificio, tiene una cartera negra colgando de su brazo derecho, sus labios brillan, sus ojos color castaña son indiferentes a sus ojeras disfrazadas con pintura negra. Víctor mueve sus dedos, se peina sus mechones de adelante, suspira. La mujer entra al edificio.

-Buenos días señorita.
-Buenas...

Se retira. Víctor es feliz: escuchó su voz. Siempre es lo mismo, las siguientes 9 horas las ocupa para pensar en su voz, en su mirada, en la manera de cómo entra y sale del edificio.

-Que tenga una buena tarde señorita.
-Muchas gracias...

Sonríe y es feliz: escuchó su voz. Se retira y vuelve a su hogar. ¿Qué es la felicidad?, para Víctor: escuchar la voz de quien es dueña de sus suspiros e insomnio. Palabras, frases, películas, libros, música: todo eso es complemento de querer estar con alguien, de reemplazar un beso o un abrazo con sonreír luego de haber leído un libro, de sentir esa lágrima que quema el rostro tras ver una película, de bailar solo imaginando que esa persona te mira o imita tus pasos improvisados. Llega a su casa, prende el interruptor, se dirige a la cocina y pone a hervir la tetera, va a su pieza y deja su terno encima de la silla, cuidadosamente doblado, se saca sus zapatos y se adjudica unas pantuflas con forma de koala color celeste, prende el monitor de su computador prendido, ¡si tan sólo tuviera su MSN!, pero no, su diálogo con su amada limita esa posibilidad, quizás no tenga ese recurso e incluso lo deteste. Pasea virtualmente por carpetas con colores, carátulas, nombres, fechas, números. Elige un disco: “Stereolab-03-Emperor_Tomato_Ketchup-1996”. Adelanta al segundo track: “Cybele’s Reverie”, violines, voz francesa, animalitos en un campo con pasto verde debajo de un árbol jugando naipes, el sol que cosquillea la montaña saluda a las flores y al río, muchas imágenes en Víctor, se dirige a la cocina bailando solo, con pasos lentos imitando con sus dedos ese órgano acompañado con violines. Hierve la tetera, llena de agua fría del lavaplatos la taza morada, la seca, apaga el fogón de la cocina y se sirve un café. Vuelve a su pieza, prende un cigarro y se acuesta en su cama con funda color burdeo, cierra los ojos, absorbe la amenazante toxina que rodea su pulmón y hace argollas con el humo, sonríe, escucha la música. Lo primero que visualiza es esa mujer, ese cabello negro amarrado como un tomatito, abre los ojos y se dirige a su computador, comienza a escribir: "Tu sonrisa no conozco, pues no estaría escribiendo. El palpitar del día me hace soñar con tu voz, que me grita en silencio..."

Suspira: no sirve para escribir, no tiene ese don de transmitir lo que siente por esa persona. Palabras, malditas palabras que disfrazan el miedo a decir: “quiero estar con usted señorita”. Apaga el monitor, deja sonando el disco, toda su ropa la deja doblada encima de la silla, se pone su pijama calipso y se dirige a la cocina. Refrigerador, comida congelada, microondas. Lleva su comida a la mesa, se dirige a la cocina y lleva

dos copas junto a una botella de vino, apaga la luz y prende una vela. Frente a él hay una silla vacía, sirve dos copas de vino y le sonríe a la silla, comienza a comer y tomar vino, se imagina que esa silla vacía la ocupa la mujer de su sueño despierto. Termina y se sienta en la otra silla, tira un beso y se termina la copa de vino. Guarda todo y se dirige a su cama a dormir, mientras suena el disco.

TITITITITITITITI!!!!!

Abre los ojos, apaga el despertador rojo que marca las 6:30am. Se dirige al baño y se ducha, apoya su cabeza en las baldosas naranjas, cierra los ojos. Sale envuelto en una toalla con figuras marinas, se dirige a la cocina y hace hervir la tetera, se dirige a su pieza y se mira desnudo al espejo, su mirada se centra en su ojo izquierdo, todo se nubla. Hierve la tetera, se dirige a la cocina y mira el calendario: Martes. Sonríe, gira el fogón hacia su izquierda y abre la pequeña puerta agarra una taza naranja, se sirve cafeína. Mira su reloj: 7:06am, deja la taza en el lavaplatos y se dirige rápidamente a su pieza. Por cada día de la semana la taza es de distinto color.

Lunes: Taza magenta
Martes: Taza naranja
Miércoles: Taza Celeste
Jueves: Taza Negra
Viernes: Taza Amarilla


Al igual que sus corbatas.


Lunes: Corbata azul
Martes: Corbata negra
Miércoles: Corbata magenta
Jueves: Corbata roja
Viernes: Corbata fucsia

Al estar ya vestido se dirige a la cocina, mira su reloj: 7:08am, deja la taza de café donde está y apresuradamente agarra su maleta. Cierra la puerta. Corre, sus pasos cada vez son más rápidos, todo se mueve, se percata que no tomó cafeína, piensa en devolverse pero le quedan dos minutos, frunce el ceño y el aire lo ahoga, su fría traspiración en su pálida frente hiela su cuerpo, su cabello se despeina, no importa, hay que llegar, tiene que abrirle la puerta a su amada y escuchar su agradecimiento. Llega al edificio, bruscamente tira aire, mira su reloj: 7:11am, ¡no puede ser!, ojalá el taxi se haya demorado, su rostro hierve, su cerebro cosquillea, aparece el taxi: ¡Bien!. Las piernas, el vestido rojo, los pasos, la mirada color castaña indiferente, el brillo en sus labios, las ojeras ocultas tras su pintura.

-Buenos días señorita.
-Buenas...

¡Buenas!, ¡que linda voz!. En un momento Víctor tiene la idea de hablarle y preguntarle dónde vive, pero no, pensará que sería un psicópata o una especie de pervertido. Tiene 9 horas para pensar en qué preguntarle para iniciar una conversación o conocer otro tono de voz o ritmo. Víctor es feliz al escuchar la voz de esa persona que ni su nombre conoce, sólo conoce su “Buenas” y su “Muchas gracias” y aún así es feliz. ¡dios, ese vestido rojo tan lindo!, ¡esas malditas ojeras que reflejan dolor e insomnio!, ¡si tan sólo supiera su nombre, o su número de teléfono!, la llamaría todos los días para escuchar su voz, quizás colgaría de inmediato, pero su voz serían sus buenas noches, su tranquilidad, su maldito prozac o morfina. Mira su reloj: 16:15pm. Se acerca ella, sola, con sus lentes de sol.

-...Disculpe...¿Usted hace cuánto trabaja en esta empresa?

La mujer lo mira extrañada, levanta su ceja izquierda y lo mira de pies a cabeza.

-¿Porqué quiere saber eso?
-...No sé, curiosi...dad – Víctor comienza a tiritar.
-¿Se siente bien?
-...Sí...si, yo estoy bien...¿Y usted?
-...Hasta luego

Víctor acaba de conocer otra frase: “Hasta luego”. Usted puede preguntarse ahora: “¿Qué mierda estoy leyendo?”, pero créame que para esta persona esta nueva frase la tendrá grabada para siempre, su amor le ha dicho una nueva palabra. Al cerrar la puerta Víctor mira a su izquierda y ve a los operarios cumpliendo su trabajo, mira a su derecha y la mujer del vestido rojo se aleja. En un par de segundo pasan muchas imágenes en su cabeza dando la conclusión que si no lo hace ahora no lo hará nunca: va en busca de ella. Corre, ve sus hombros, maldito vestido rojo.

-¡Disculpe!, esto le parecerá raro, pero estoy enamorado de usted...
-...
-No diga nada, sé que soy patético, que no soy su tipo, que soy un imbecil...pero sólo quiero escuchar una respuesta, una nueva frase, palabra, insulto....por favor.
-...Pero si usted no me conoce.
-Tengo toda mi vida para conocerla.

La mujer se ríe mientras lo queda mirando.

-Eso es de Tim Burton, y es mejor que se deje de tonteras, yo nunca podría estar con usted...con un Junior.
-Tiene toda la razón, y sí, soy un imbecil... pero feliz...usted es hermosa.
-Gracias querido, pero yo soy la amante de quien le da de comer.
-...Entiendo...¿Sabe?, esto es absurdo, esto no se ve más que en los textos.
-O en las películas.
-Exacto, y no sé porque tengo una vida tan patética.
-Que tierno...Adiós.
-Que tenga una buena tarde señorita.
-Muchas gracias...



Ricardo Iturrieta
[2005]


“Y así dicen que la vida no tiene sentido...”

RARO, TRISTE Y FELIZ [Dedicado a Martín Bohte]

¿Cómo empezar una frase ingeniosa o que deje reflexionando al lector y que nos considere inteligente?: con sinceridad. Yo no quiero eso en este cuento (y en ninguno de los que he escrito), no quiero ser inteligente y solitario; quiero ser un estúpido amado, querido, reconocido por mis actos más que por palabras y pseudo poesía emocional. “Sólo los idiotas tienen la capacidad de amar” me dije a mí mismo luego de ver Los Idiotas de Lars Von Trier, pero ahora que escribo esto, corrijo eso y me convenzo a mi mismo que “Sólo los idiotas tienen la capacidad de amar y no sentirse queridos”. Mi idea no es afirmar algo que creemos que existe, todo se basa en como el sistema nervioso de cada uno responde a situaciones, hay de muchas maneras; yo personalmente soy implosivo. No quiero decir una verdad ni mentirles para agradar o pretender ser un tipo interesante, sólo quiero contar una experiencia que me ocurrió esta mañana-tarde, ustedes ven si la digieren o no. Lo que no hablo lo escribo, y siento la necesidad de escribir esto. Y por último, uno no es lo que lee, ni lo que escribe - eso sólo está en lo racional - sino que en sus actos e impulsos, lo que nos dicta el corazón.

RARO
(The Truman Show)

La gran mayoría de la gente bondadosa, buena voluntad y amable es alimentada con rechazos, tragedias familiares y maltrato físico. ¿Será injusticia del que creemos que existe?, ¿porqué uno mira al cielo pensando en que alguien nos escucha?. Son las cinco de la mañana, todo está oscuro y vacío en las calles de Vicuña Mackena. Con la vista perdida se encuentra David con su madre y su tía, parados esperando alguna micro que los deje en Plaza Italia, no pasa ninguna.

-Tómemos este taxi que viene aquí – propone la madre de David.

Al subirse, David saca su personal de su bolsillo izquierdo y sintoniza la 88.1, radio imagina, suena algún bolero, mira las calles oscuras, el cemento tornado color anaranjado debido a los faroles, las escasas ventanas con la luz prendida. No aguanta el cansancio y cierra los ojos con la música prendida. Su madre lo despierta, la música sigue sonando en sus oídos, abre los ojos y se de cuenta que es hora de bajar. Se siente el frío, mira el reloj con luces de neón de la torre a su derecha, caminan por donde doblan las micros que vienen de Estación central. Un auto rojo se detiene de repente: es la compañera de David. Se despide de su madre y su tía, se sube al auto.

-Estuve dando vueltas harto rato, por si es que perdías.
-Recién llegué, me tuve que venir en taxi, no pasaba ninguna micro.
-¿Pasaste de largo?
-Si... ¿porqué?
-Se te nota en la cara...¿estabai tomando?
-Si, pero no tomé mucho... como 5 vasos de ron, después me duché y ahora estoy acá.
-Piola.
-¿Puedo cambiar la música porfa?
-Obvio.

Sintoniza la 88.5, David mira las líneas blancas de la carretera, se acuerda de Lost Highway, con la diferencia que en esa película son amarillas. El auto se estaciona en perfil de una casa con la luz encendida ubicada en Jesuitas, donde otra compañera tiene que subirse.

-Parece que están de carrete – dice Francisca.

De la puerta sale una pareja, algo borracha, hablando en voz alta. Francisca saca un cigarro, David le pide uno, lo enciende y abre la ventana. La persona a quien esperaban sale algo despeinada y se acerca al auto, se trata de Winifrede: directora del cortometraje que están realizando para la universidad. El auto parte su recorrido, David sigue mirando la carretera, las casa, pensando en alguna taza de café que anestesie sus ojeras. Llegan a alturas de estación Alcántara, el auto dobla a su izquierda y se estaciona frente a un condominio cuyo número no recuerdo. Se bajan y toman el ascensor, para llegar al piso número 2. Francisca toca la puerta y Juan Carlos (otro integrante del grupo) se asoma despeinado y con ojeras.

-Chuuucha, me quedé dormido.

Toman asiento, Winifrede saca un cigarro, David le pide uno. Se siente sonar la ducha, Francisca se acuesta en el sillón. Winifrede saca su celular y comienza a llamar a los demás integrantes que faltan. Al no obtener respuesta concreta se va a acostar a la cama del dueño del departamento. Francisca se levanta, va a la cocina y luego se va a la misma cama donde fue a descansar Winifrede. A este gesto, David se va a acostar al sillón rojo con almohadas verdes y amarillas. Juan Carlos se encuentra de pie.

-¿No querí un café?
-¿Tení?
-Si po, yo te hago uno.
-Dale.

Cierra los ojos nuevamente, se tapa su rostro con una almohada verde. Abre los ojos al escuchar que Juan Carlos le entrega una taza con esa agridulce droga que David es adicto y comienza a absorberla mientras mira el cielo a su izquierda.

-Oye Juanca, ¿puedo usar tu cama un rato hueón?
-Dale.

Se dirige a la cama que está sin hacer, se tiende, mira hacia los ladrillos blancos, cierra los ojos. Habrá dormido unos veinte minutos cuando una integrante del grupo que recién llega al departamento lo despierta.

-David...despierta...sé que es lata, pero hay que despertarse – se trata de Jesú.

Al levantarse, David sonríe al ver al actor principal del cortometraje: Martín Bohte. Se encuentra con terno, camisa blanca, corbata azul y sus característicos lentes de marco negro.

-¿Cómo le va señor?
-Bien...cagao de sueño, pero bien...pasé de largo.

Se dirigen al estacionamiento del condominio, David se va en el auto azul de Juan Carlos. En el asiento co-piloto se encuentra Jesú, David al lado izquierdo y a su lado Matías Vega (sí estimado/a lector/a, el que sale en la televisión). Del la radio suena una presentación en inglés acompañada de monótonos sonidos que aumentan su volumen por cada cuatro tiempos, se trata de alguna banda Psyco-Trance (según lo define Juan Carlos). Matías recibe un pito de marihuana recién hecho, lo enciende y se lo devuelve a Juan Carlos, este a su vez, mientras maneja y fuma le ofrece a Jesú, ella niega y se lo pasa a David – hace 8 meses no fumaba marihuana. El auto sale por Apoquindo, la música sigue sonando y David intenta identificar sonidos a la vez: sólo logra captar 6. Se mira los ojos en el retrovisor y se encuentran absolutamente rojos. “Chucha, me van a pillar, quizás me traten de irresponsable o me reten por andar volado, quizás ellos andan en la misma y ni se note. Esta droga me hace mal, lo sé, ayer me pasó la misma hueá, paranoia de mierda”. Ve que Matías se hecha gotas en sus ojos y que el color blanco se torna nuevamente en sus ojos.

-Deja echarme algunas gotas.

David nunca se había aplicado gotas en sus ojos, ni ha tenido la experiencia de introducirse lentes de contacto en sus retinas, por lo que esto concluye que no sabe echarse gotas.

1. No abrió la tapa.
2.
No miraba la punta del gotero directamente
3.
Cerraba los ojos antes de que entrara la gota.

Al percatarse de esto, Matías le corrige el primer error y se comienza a reír. David le pide si le puede aplicar él las gotas. El auto se estaciona en los San Carlos de Apoquindo, David se acuerda de Morrissey y a la vez de Agustina, debido a que ella no le gusta Morrissey ni The Smiths. De un momento a otro, cambian de dirección y se estacionan en una calle en bajada, donde se logra ver una hermosa vista llena de árboles. Los efectos de la marihuana comienzan a hacer efectos rápidamente en David. Sus rodillas tiemblan, su lengua seca le hace tragar saliva desesperadamente, lo que hace que se quede pegada en la garganta, el calor es sofocante y los ojos le pesan cada vez más. Mira los árboles desde el cerro y un extraño Deja Vú le ocurre: esto lo había vivido o soñado antes. Se dirige a Martín.

-Hueón, esta hueá es exactamente igual a un sueño que tuve... Deja Vú, sí, esa hueá es... puta, voy a fingir como que no sé nada ni que no me dices nada, porque esta hueá la viví, sí, es idéntico.
-...

Se sientan en una cuneta y comienzan a conversar asuntos sobre el Nihilismo o si realmente esta vida es un juego pronosticado por el mismo creador de nuestra vida esclavizada. Martín es llamado por el grupo para comenzar a grabar. Tras grabar la escena se dirigen a otro lugar cerca de donde estaban.

-Martín...¡Vo’ soy un espía, no querí reconocerlo, pero a mí no me engañai!

Fue lo último que David le dice a Martín antes de grabar la segunda escena de la mañana. David se sienta en una cuneta, realmente estaba bajo los efectos de esa droga que no estima del todo – a nadie le gusta creer que tus amigos son espías o enemigos de una conspiración de otro planeta que graba tu vida. La primera película que se le vino a la cabeza luego de estar sentado en la cuneta fue The Truman Show, concluyendo que esa droga no es del todo buena para David.

Al grabar la escena, se dirigen a una calle cerca de Parque Bustamante. Jesú pregunta si alguién va a querer alguna cosa para comer o tomar, David accede a una Coca-Cola de medio litro. Realmente no se sentía muy bien; lengua extremadamente seca, escasa saliva, cosquillas en su estómago, aumentan sus tics, nerviosismo, persecución existencialista, paranoia, y muchos síntomas relacionados a lo psicológico que sólo hace alejarse de las personas. Al terminar la tercera escena, Winifrede propone grabar cerca de unos obreros que se encuentran en una esquina.

-Sería ultra genial, y que Martín pase en medio de ellos y le comiencen a gritar hueás.

Al dirigirse con Jesú a explicarles el favor ellos acceden, comienzan a grabar.

TRISTE
(Björk – Bachelorette)

-David, podríai ayudar con la sombrilla al menos – le dice Matías.

David se acerca a la cámara. ¡Acción!. Martín comienza a correr, los obreros hacen gestos y gritan groserías, todo bien. Martín dobla y se resbala, excelente, quedó capturado por la cámara, para una anécdota chistosa. No se levanta. No hace señas de que esa caída no fue nada. Se acerca gente. David corre con la sombrilla en sus manos. Winifrede se encuentra tomando la mano de Martín que se encuentra tirado en el suelo sangrando. En su frente se dibuja un tajo de aproximadamente 3cm donde se puede ver algo de su cráneo. De la nariz se asoma sangre. Martín muestra sus dientes a petición de Winifrede para ver si se rompió alguno. El primero y único que muestra su dolor en lágrimas es David, no soportó ver a un ser querido de esa manera – siendo que hace 3 años era adicto a ver páginas de trituraciones y muertes explícitas.

-David, si vay a estar así, mejor no lo sigai mirando, poní más nervioso la situación.

Matías se dirige con la cámara, grabando, intenta alivianar la situación.

-Podríamos haber grabado esto hace una semana antes y mostrarlo como documental a Murientes.

David no aguanta y se dirige a cuidar las cosas que se encuentran tiradas en el suelo en la plaza. Se pone a llorar, nada le importa, el cortometraje acabó (al menos por unas semanas – si es que se les da el plazo), los efectos de la marihuana se fueron, no puede creer lo que ha ocurrido. Estas son las escenas que no se pueden explicar bien en una obra ni en una conversación etílica, sólo están en los recuerdos de una mente sensible. Se sienta en el pasto, agarra su bebida y comienza a tomar llorando, la gente que pasa cerca de él lo queda mirando. Estamos poco acostumbrados a reflejar nuestro dolor en lágrimas, quizás en emborracharse o pegarle a un transeúnte o un paradero parece más normal o común, pero David se encontraba ahí: sentado en el pasto, llorando y tomando bebida; quizás algunas personas hubieran pensado que se trataba de un alcohólico que ha perdido su novia y su lucha consiste en olvidar con una botella con algún combinado. Como sea, David se dirige nuevamente donde se encuentra el grupo. Llegan los carabineros, uno de ellos queda mirando a David sospechando que quizás esté borracho (por la botella y sus lágrimas). Tras llamadas a hospitales, clínicas, la madre de Martín, resulta llegar una ambulancia con el logo de Samu. Ingresan a Martín en una camilla, Winifrede y Francisca también suben. Los demás se van en auto a la Clínica Alemana. En un determinado momento muchas imágenes se arman en la cabeza de David, desde el accidente que le ocurrió a su amigo Pancho a necesitar una sonrisa de Agustina para calmar todo ese grito en silencio que sentía. Llegan a la clínica, en la entrada se encuentra un guardia que mira a Matías al ver la cámara en mano.

-No se puede ingresar cámaras.
-Lo sé, es que no teníamos donde dejarla, el auto está autocionado en otro lado.

Con ceño fruncido el guardia da acceso al ingreso al recinto. David se comienza a marear; nunca le han gustado los hospitales ni las clínicas, ese ambiente de espera, nerviosismo, perdida, esperanza, calma; todo eso era desesperante, y sobretodo porque ni siquiera había música. Se sientan afuera de la clínica, donde autos y ambulancias se estacionan. David mira una flores que se encuentran afuera de unas ventanas, una música parecido a una ranchera comienza a sonar, parece tratarse de un espectáculo en vivo, pero no accede a ir y se queda mirando las flores, el cielo, algo que lo distraiga. Todos comienzan a ver la grabación capturada por Matías, menos David y Eduardo (otro integrante del grupo – exactamente el camarógrafo).

-David, podemos ver a Martín, pero de a uno... ¿Creí que podai controlarte?
-Sí.

Se dirigen a la sala de espera, se enteran que ya no pueden ingresar. Esperan. Llega un momento en el que David apoya su frente en sus rodillas y comienza a recordar imágenes de su infancia escolar, sus peores traumas: la vez que intentaron meterle la cabeza al inodoro, cuando vió a su primer amor platónico besando al director del colegio, cuando se quebró la espalda tras caerse con un arco de fierro encima, cuando se fractura su brazo derecho tras lanzarse de una micro en movimiento luego de su primera amenaza de robo. Hace tiempo no lloraba de una manera tan desesperada – alrededor de 2 meses cuando vio por última Magnolia. Se levanta, comienza a caminar de brazos cruzados, ida y vuelta en cuadrado. “Creemos que estamos bien, que tenemos la razón en todo, pero ¿porqué estamos acá?, ¿para qué sirve tanto ceño fruncido si seguimos en lo mismo?, ¿porqué somos tan egoístas?, ¿porqué existe la duda?, ¡¿porqué mierda pasa esto?!..” - mira al cielo y luego suspira – “Ahora no puedo creer en ti, no puedo, nunca lo he hecho de corazón, no sé porqué te habló... me cago en tu voluntad, en tu benevolencia, no puedes existir si permití que esta hueá suceda, disculpa, pero desde hoy te detesto...”. Fueron sus últimos pensamientos pseudo ateos de David. Desde que vio a un gato degollado por una secta a la cual se salió, desde ese momento, toda ideología o secta era una verdadera perdida de tiempo, no sólo para alejarse del interior, sino que eso nos hace alejarnos y encajarnos en grupos. La nada es el ciclo, es por donde empezamos y hacemos que el “des” nos invite un trago (con “des” me refiero a la negación de lo que supuestamente sabemos y nos hace mejor persona: DES-preocupación, DES-esperación, DES-control, etc). David se entera que Martín está en la sala de espera. Se dirige y lo ve en silla de ruedas, un parche blanco en su frente, marcas moradas en su mejilla derecha y sus labios inflamados, sus ojos mostraban indiferencia para no alertar a los demás. “The Elephant Man” – fue la primera maldita frase que se le vino a la cabeza al ver a Martín; pero no en ofensa, sino que por el contexto de ver a una persona tan valiosa y buena voluntad, con terno, siendo mirado por más de una decena de personas. Martín le estira su mano a David.

-Me las lavé, no están manchadas con sangre.
-No importa hueón...

La madre de Martín lleva a Martín en silla de ruedas a su auto, Martín se levanta y se despide de cada uno de los integrantes, el último es David.

-Chao amigo... Te quiero.
-Yo también te quiero hueón, demasiado – David aguanta las lágrimas, ve que Matías sostiene la cámara en dirección a él.

Martín se sube al auto. “Ustedes la llevan, la llevan”. Suspiro, estacionamiento, bolso, salida. David se encuentra nuevamente afuera, localiza el auto de Francisca y se dirige corriendo. Comienzan las voces que no existen, que sólo son producto de la imaginación forzada de David: “¿Te gustaría caerte hueón?, tení la clínica al lado, ¿no querí sangre derramada en tu rostro hueón?”, mentalmente David hace callar las voces con gritos, pero de nada sirve, es sólo un cosquilleo cerebral. Se sube al auto. Lo demás es silencio, paisaje, autos, cemento, escondido sol, ojos que arden. Como una especie de masoquismo morboso se repite la imagen de Martín tirado en el suelo, sonriendo, demostrando que no tiene ningún diente roto. Corto es el viaje. Francisca lo deja en la estación Manuel Montt.

-Tranquilízate David, todo va a estar bien.
-Lo sé, gracias...

Decide no tomar en metro, no hay apuros. La gran mayoría de los negocios están cerrados. Abre su bolso, saca los audífonos, se los adjudica debajo de su polera, los conecta al personal, sintoniza la 88.1. “Te van a asaltar por hueón, es Domingo, estay solo, cagaste” – vuelven las malditas voces, las ignora. Camina, respira cada vez más profundo, suspira mirando a su derecha, los árboles, colores adornando el día gris. Llega a Plaza Italia, decide caminar a su izquierda, por Parque Bustamante, mira a su derecha y recuerda a Agustina, como saludaba a unas personas haciendo gimnasia. Sigue caminando, personas leyendo, tomando cerveza, tiradas en el pasto mirando el cielo, niños jugando. Necesitaba escuchar su voz, ver su rostro, su sonrisa, sus cachos amarrados en coles amarillos, sus gestos mientras no lo mira. Una solución es llegar a Vicuña Mackena, tomar micro y justificarse con un “No sé en que departamento vive, ni tampoco su teléfono de memoria”. ¿Qué haría Barry Egan?: llamar a su hermana, ya estando en Hawai. David se dirige a un teléfono público rojo. 800360360. Contesta su tía.

-Aló?
-Aló, tía lela, soy yo, David, mira, estoy acá en Vicuña.
-¿Cómo te fue?
-Estoy mal...pésimo.
-¿Qué te pasó?
-Martín, nuestro actor, se fracturó el craneo, lo llevamos a la clínica Alemana, está mejor, se suspende le corto por ahora...
-Pucha que mala...¿ya te vienes?
-Sí...necesito un favor...¿Podí buscar mi agenda porfa?
-Ya, espera, deja cambiarme de teléfono....ya ahora sí.
-Mira, busca en la letra A, el nombre Agustina.
-¿Agustina Blur se llama?.

-No, Blur es una banda... díctame el número.

Al anotar el número de celular en su cuaderno, agradece y corta la llamada. Introduce dos monedas de $100 al teléfono, no funciona. Cuelga, se devuelven las monedas, corta y se dirige a otro teléfono de un quiosco, que queda al lado de una estación de bomberos.

-Buenas tardes, ¿por casualidad se puede llamar a celular por el teléfono?
-Sí.
-Muchas gracias.

En esos momentos siente que su estado de ánimo puede cambiar, que todo depende de una llamada, que podría sonreir al menos con sólo verla un par de minutos.

-¿Aló? – contesta Agustina -...¿Aló?.
-¿Aló Agustina? – se da cuenta que en un papelito pegado al teléfono azul dice: “Presione * para conectar la llamada”, presiona el botón - ¿Aló Agustina?
-Sí, ¿Quién habla?
-Soy yo, David... mira, estoy en Diagonal Paraguay con Vicuña Mackena, en un teléfono público...necesito verte, aunque sea un rato, no sé si puedes... no pensí que es obsesión o algo así, sólo que no me siento muy bien, necesito verte en verdad...¿podí?
-Sí, a ver...juntémonos afuera de mi torre, ¿te parece?
-Si, voy para allá.

-En 10 minutos estoy allá, chao.


FELIZ
(The Beach Boys – God Only Knows)

Cambia la radio, 88.5. Suena un tema de Ladytron que está por terminar, comienzan unos violines, David frunce el ceño, mira el suelo y suspira.

I may not always love you
But long as there are stars above you

You never need to doubt it

I'll make you so sure about it
God only knows what I'd be without you

Lo primero que se le viene a la cabeza es Boggie Nights de Paul de Thomas Anderson que lo hizo llorar frente a su tía y su novio cuando la vieron en el comedor, desde ese momento consideró a The Beach Boys una excelente banda. Sigue caminando mientras el tema suena, muchas películas se le vienen a su cabeza; desde Magnolia a Eternal Sunshine, y de About Schmidt a Donnie Darko. Llega a la torre 390, se oculta, quizás su familia son franco tiradores anti-pseudo-psicópatas-cinéfilos, o algo así. La ve acercarse, lo primero que piensa: Punch-Drunk Love, el primer encuentro en Hawai de Barry y Lena cuando vestía su vestido blanco y él en señal de saludo le extiende su mano, las personas pasan como sombras mientras se besan en un fondo playero; claro, nada de esto pasó ni pasa en la vida real de una mente cinéfila. Coles amarillos, pintura roja, su hermosa sonrisa, polera azul marina con letras blancas, pantalones cafés y zapatillas moradas con espirales (su obsesión).

-Hola...
-Hola...llegué a la conclusión de que a mi vieja le llegó la menopausia.
-¿Porqué?
-Porque anda como idiota, ven, sentémonos ahí – lo agarra del brazo por unos segundos.

Se encuentran sentados en unos escalones que dan entrada a un cajero automático.

-Ya, dime, ¿qué te pasó?

Con el detalle que más pudo le contó lo que usted estimado/a lector/a acaba de leer. Ella le cuenta sobre su abuela, David adora todo en ella mientras habla, sus gestos, su tono de voz, y la escucha con mucha atención, absorbiendo cada palabra que escucha. Luego comienza a hablar de la clasificación de películas que inducen al susto, terror, horror o pánico; entre ellas está el gore y esperpento.

-Entonces las Caras de la muerte sería Gore.
-No, sería esperpento o documental basado en el horror, porque no es actuado, son hechos reales: no exageran.

El nombre Javier y Felipe es nombrado más de 5 veces por parte de ella, eso desconcierta a David, siente que Javier es una competencia o un distractor.

-Él es como afeminado, si quieres te lo presento.
-...
-Era broma.
-Lo sé

A decir verdad, eso molestó mucho a David, no por el hecho de que no aceptaba bromas, sino que no es primera vez que lo bromean con eso y pareciera una especie de descarte a no decir : “Hueón, no me gustai, te presento a mi amigo”. Agustina se corta con su dedos un pedazo de pantalón.

-Te lo doy como recuerdo... toma otro.
-Gracias.

Lo guarda en su bolsillo. “Seré tan obsesionado como Helga por Arnold que mantiene un pedazo de cabello de él en su agenda” – piensa en un extracto de suspiro. En esos momentos David olvidó todo lo que le hacía daño: Martín Bohte tirado en el suelo sangrando, recuerdos de infancia, Silvana, todo. En ese momento todo era ella, ese mágico momento convertido en percepciones y configuraciones binarias que se transforman sólo en nitidez sanguínea al ver esa sonrisa. Agustina mira su celular.

-Supuestamente me iba a llamar... quizás ya entró a mi casa y abrió el refrigerador, a mi vieja le molesta eso.
-Me gustaría seguir hablando contigo, pero tengo un compromiso
-Lo sé...

En ese momento pensó que no podían seguir viéndose debido a que su novio o madre sospecha de esta nueva junta, pero al cabo de unos segundos confirma su malentendido.

-¡Ah!, que te tienes que juntar con tu amiga.
-Si po, ¿qué pensabai?
-Lo de Felipe.
-Si po, aparte.

Se levantan, se dirigen al punto de inicio, como un espiral.

-Ya, despidámonos acá.
-Bueno, de verdad te quiero dar las gracias, por hacerme olvidar de la Silvana, de hacer este dolor menos grave, y porque en realidad tú transmití alegría, o al menos a mí, me hace bien verte, hablar contigo.
-¿De verdad sentí eso? – sonriendo.
-Sí, y es muy lindo de hecho.
-¿Porqué no ves a las mujeres como amigas primero?: conocerlas bien, y después ver si las personalidades encajan o no.
-Sí...tení razón...mucha de hecho, es verdad, quizás eso tengo que hacer.
-Ya, que estés bien y nos vamos a juntar a ver películas, ¿ya?
-Bueno.

Se despiden, mira para atrás y ella se da vuelta, le hace una seña, David no entiende nada, se saca los audífonos.

-¿Qué?
-¡Te decía que justo viene mi amiga

David sonríe, se despide y sigue su camino. Que lindo es todo cuando se siente ese maldito ácido que quema en el pecho. No hay peor infierno que no querer a nadie, por eso David prefiere querer a alguien que no lo quiere que no querer a nadie. Sigue caminando, siente que Felipe lo viene persiguiendo o que alguna persona lo vigila, mira hacia atrás: nadie. Antes de llegar a Vicuña Mackena nota que en un paradero se encuentra un grupo de personas con banderines y poleras del Colo-Colo. “Cagué, me van a robar el personal para comprarse una entrada, cagué”. Cruza y espera que el grupo tome alguna micro, comienzan a caminar. David toma una micro. Se siente aliviado. Falsa alarma, el mismo grupo se sube cuadras más adelante. Uno de ellos instala una bandera del equipo en una ventana. “Me hago el hueón, me bajo en Irarrazabal, tomo el metro”. Se levanta, se baja y camina hacia la cordillera, toma el metro. Maldición, nuevamente se encuentra con personas que se dirigen al partido, sólo que en este caso eran muchos más, se encontraban paradas y comienzan a cantar. No mira a nadie, sólo a un punto fijo, prende la radio, suena Charly García, se concentra en la música, no todo está perdido, sólo se basa en no mirar a nadie, si interrumpen, hazte el drogado, el loco, el que no entiende, cualquier cosa; pero no te muestres con miedo. Estación Pedrero, se bajan, suspiro, todo bien. Al bajarse del metro y tomar micro se va con una lección: no hay mejor droga que ver a la persona que empiezas a querer.

Un poco de espuma que brilla en el interior de un vaso;
Ya que los árboles no son sino muebles que se agitan:
No son sino sillas y mesas en movimiento perpetuo;
Ya que nosotros mismos no somos más que seres
(Como el dios mismo no es otra cosa que dios)
Ya que no hablamos para ser escuchados

Sino para que los demás hablen
Y el eco es anterior a las voces que lo producen;
Ya que ni siquiera tenemos el consuelo de un caos
En el jardín que bosteza y que se llena de aire,
Un rompecabezas que es preciso resolver antes de morir
Para poder resucitar después tranquilamente
Cuando se ha usado en exceso de la mujer;
Ya que también existe un cielo en el infierno,
Dejad que yo también haga algunas cosas:
Yo quiero hacer un ruido con los pies
Y quiero que mi alma encuentre su cuerpo.


(Nicanor Parra)


Ricardo Iturrieta
[2005]

“Si se identificó con alguna parte de este texto... Déjese de mirarse al espejo”